San Ignacio de Loyola: vida, ejercicios espirituales y orden de los Jesuitas

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Un hombre audacioso y con discernimiento

Era un joven que soñaba con realizar hazañas militares, pero un cañonazo lo condenó a estar postrado en una camilla. Aunque no todo fue malo, pues allí recibió la visita de la virgen María, lo cual cambió su proyecto de vida radicalmente. De hecho, San Ignacio fundó la orden de los Jesuitas, pues tenía un corazón lleno de un celo ardiente por Jesús. Además, su osadía y entusiasmo misionero, así como su discernimiento de espíritus, le permitieron convertirse en un extraordinario director espiritual para la conciencia. Adicionalmente, el poder de su discernimiento permitió a la Iglesia resistir un momento tan errático como lo fue la Reforma. En resumen, Ignacio era un hombre sin rodeos, quien solo deseaba una cosa: el Corazón de Jesús.

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Biografía de Ignacio de Loyola

Ignacio de Loyola nació en el País Vasco en 1491, en una familia noble de la provincia de Guipúzcoa. Quedó huérfano de madre a los siete años, por lo que desarrolló una fuerte relación con su padre. Este último lo educó hasta el día de su muerte, es decir, cuando Ignacio tenía 15 años de edad. Tras estos sucesos, en 1506, el joven fue puesto al servicio de la corte del rey Fernando de Aragón, “el católico”, como paje del tesorero real Don Juan Velásquez.  Durante esa época de juventud, Ignacio llevó una vida bastante mundana. No obstante, al final del reinado de Fernando, Ignacio dejó la corte real y siguió una carrera militar al servicio de la corte del virrey de Navarra.

Durante el asedio de Pamplona, Ignacio luchó contra los ejércitos de Francisco I, pero una bala de cañón le hirió gravemente y tuvo que guardar cama durante largos meses de convalecencia. Allí, fue sumergiéndose en la lectura de textos religiosos mientras se recuperaba: este fue el comienzo de la conversión de su corazón. Luego, lleno de inspiración, Ignacio decidió cambiar completamente su camino para caminar por la senda del Señor, por lo que abandonó la casa de su familia, en la que se estaba recuperando, y comenzó su peregrinación a la Tierra Santa. En el camino, abandonó simbólicamente sus ropas militares, las cuales puso ante una estatua de la Virgen. Luego, se puso un hábito humilde y continuó su camino, pero tuvo que detenerse por causa de su mal estado de salud. De hecho, se dice que pasó varios meses en una cueva, donde probablemente comenzó a escribir su diario y sus "ejercicios espirituales". 

Antes de llegar a Jerusalén, Ignacio hizo varias paradas, principalmente en Italia, y especialmente en Roma, para recibir la bendición del Papa Adriano VI. Su estancia en Jerusalén fue bastante corta, pues regresó al cabo de un mes, inflamado por el deseo de comenzar sus estudios. Fue así como su carrera académica comenzó en España, en el año de 1526, en la prestigiosa Universidad de Alcalá de Henares. Sin embargo, la Inquisición le hizo regresar a París. Allí, durante los siete años que pasó en la capital francesa, Ignacio entabló una profunda y sincera amistad con otros estudiantes de la universidad, todos ellos procedentes de diferentes lugares y regiones: Pedro Fabro, Diego Laynez, Francisco Javier... Este fue el comienzo de la Compañía de Jesús. De hecho, el gran carisma de San Ignacio inspiró y conmovió mucho a sus amigos, quienes fueron a hacer sus votos monásticos y pusieron en marcha el proyecto de partir hacia la Tierra Santa juntos. Entre otras cosas, Ignacio primero fue a Venecia, en 1537, allí fue ordenado sacerdote, y luego esperó que sus amigos se le unieran; finalmente, lograron reunirse, pero tuvieron que poner fin a su proyecto por causa de la guerra. Posteriormente, todos partieron hacia Roma, para servir al Papa Pablo III.

Mientras iban de camino, los compañeros descansaron en una pequeña capilla a la Virgen María (que hoy se conoce como la capilla visione di sant'Ignazio), la cual fue arruinada por la guerra. Allí, Ignacio tuvo una visión de repente, en la que vió a Jesú con la cruz a cuestas, diciéndole: "Ve a Roma, allí estaré contigo". Posteriormente, los compañeros llegaron a una capital dividida por la guerra y la reforma protestante. Pero no todo fue malo, pues el Papa Pablo III pudo ver la Compañía de Jesús como una gran oportunidad para recordar al mundo los preceptos católicos, en medio de una contrarreforma. Por esta razón, pidió a los compañeros que fundaran oficialmente su orden y redactaran su constitución. En 1540, San Ignacio fue elegido por unanimidad como el superior general de la Compañía de Jesús, y en los años siguientes la orden jesuita siguió desarrollándose, incluso con mayor intensidad después de su muerte. En la actualidad, la orden de los jesuitas cuenta con casi 19.000 miembros en todo el mundo. 

Por último, San Ignacio de Loyola murió en Roma en 1556 y fue canonizado en 1622 por el Papa Gregorio XV. En 1626, unos años más tarde, se empezó a construir la iglesia de San Ignacio de Loyola en Roma: se trata de un gran edificio jesuita que destaca por su techo, el cual fue pintado por el sacerdote jesuita y pintor barroco Andrea Pozzo: al pintarlo se utilizó una técnica pictórica llamada “trampantojo” (técnica pictórica que intenta engañar a la vista jugando con el entorno arquitectónico, consiguiendo una «realidad intensificada» o «sustitución de la realidad»). Como dato curioso, podemos agregar que la fiesta de San Ignacio se celebra el 31 de julio. 

Ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola

"Los ejercicios son todo lo mejor que yo en esta vida puedo pensar, sentir y entender, así para el hombre poderse aprovechar a sí mismo, como para poder fructificar, ayudar y aprovechar a otros muchos..." - San Ignacio de Loyola

San Ignacio de Loyola es conocido por haber fundado la Compañía de Jesús, pero también por haber desarrollado sus ejercicios espirituales, los cuales había comenzado a escribir durante sus largos meses de ascesis, mientras iba de camino a la Tierra Santa. 

De hecho, en la espiritualidad ignaciana, los ejercicios espirituales son un retiro de 30 días, durante el cual el orante se encuentra con el Señor a través de una serie de oraciones y meditaciones. Estos ejercicios favorecen el discernimiento y están organizados en cuatro semanas, durante las cuales hay tiempo para la contemplación y la meditación de la Pasión de Cristo, con consejos para acoger el amor de Dios y seguir los pasos de su hijo Jesucristo. Durante este tiempo, los participantes están acompañados por un guía y disponen de un manual para ayudarles a cumplir su función lo mejor posible durante estos treinta días de retiro. Se dice que los Ejercicios Espirituales de San Ignacio son una parte integral de la vida en la Orden de los Jesuitas, pues se realizan durante el noviciado de los nuevos miembros de la Orden y antes de la emisión de los votos solemnes. 

No obstante, los ejercicios de San Ignacio también son accesibles para todos los cristianos. Además, el Papa Francisco recomienda encarecidamente esta práctica, declarando en 2014:

"Os doy las gracias por el valioso servicio que prestáis a la Iglesia, a fin de que la práctica de los ejercicios espirituales se difunda, sostenga y valorice. proponer los ejercicios espirituales, significa invitar a una experiencia de Dios, de su amor, de su belleza. Quien vive los ejercicios de modo auténtico experimenta la atracción, la fascinación de Dios, y vuelve renovado, transfigurado a la vida ordinaria, al ministerio, a las relaciones cotidianas, llevando consigo el perfume de Cristo". (marzo de 2014).

La Compañía de Jesús: cuna de la orden de los jesuitas

Como lo hemos mencionado anteriormente, fue de este modo que Ignacio de Loyola y sus compañeros hicieron posible el nacimiento de la Compañía de Jesús, cuyos miembros conocemos como jesuitas. Ellos, además de ser una ayuda estratégica para el Papa Pablo III frente a una Roma que estaba dividida, también causaron una revolución espiritual bastante profunda. 

Durante los primeros años de la creación de la orden, San Ignacio ya era considerado por sus compañeros como una fuerza carismática. Por lo anterior, lo nombraron Superior General de la compañía de Jesús, aunque él no había expresado explícitamente su deseo de desempeñar dicha función. 

Un  aspecto bastante revolucionario de la Orden de los Jesuitas es su énfasis en la importancia de una educación académica profunda, como parte de la preparación para la vida en un monasterio. Dicho aspecto ha sido influenciado por la experiencia misma que tuvo San Ignacio, por lo que sus ejercicios espirituales adquieren mucha importancia y su objetivo es tratar de aprender el discernimiento a través de meditaciones y sesiones de reflexión guiadas. De este modo, los jesuitas extendieron su influencia enseñando en universidades y escuelas de Europa. De hecho, su creciente popularidad contribuyó en gran medida al renacimiento del fervor por la religión católica, incluso  mucho después de la muerte de San Ignacio. 

La gran influencia de la orden de los jesuitas comenzó con la salida de los primeros misioneros por Europa y todo el mundo, quienes estaban llenos de ese ferviente propósito de construir, evangelizar y educar. De hecho, los jesuitas tuvieron un gran éxito en América Latina, especialmente entre los pueblos indígenas. Por su parte, en China, contribuyeron aún a la renovación del interés por la ciencia, mediante la difusión de libros y documentos académicos procedentes de Occidente. 

Sin embargo, en un contexto de guerra y de carrera por la expansión territorial, la Compañía de Jesús y sus misioneros se convirtieron en un tema cada vez más controvertido. Por ejemplo, en América Latina, los jesuitas protegieron a las poblaciones indígenas de los colonizadores portugueses y españoles. En Japón, su creciente influencia sobre los pueblos campesinos fue causante de preocupación entre los altos dirigentes. Además, en América Latina, como en China, Japón y el resto del mundo, se produjeron fuertes represiones que afectaron gravemente  la misión de la Compañía de Jesús. Por último, luego de tantos sucesos, la Compañía de Jesús fue abolida en 1773 por decreto del Papa XIV.

En 1814, el Papa Pío VII anuló esta supresión, y la Orden de los Jesuitas creció constantemente en los siglos siguientes, con la fundación de muchas universidades en los Estados Unidos. 

Conoce un poco más sobre la influencia y la misión de la Orden de los Jesuitas en la actualidad aquí