San Luis: vida y herencia

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El poder de la humildad

Bajo el reinado de Luis IX, París se convirtió en la ciudad más prestigiosa de la cristiandad occidental. Sin embargo, en privado, su sencillez era incuestionable: Luis era un hombre que ayunaba y llevaba cilicio en la piel, como recuerdo de la pasión de Cristo. Él, aunque cuidaba de los pobres y alimentaba a los leprosos, llegó a ser soberano del Estado más poderoso de Europa y propició humildemente la conciliación y los derechos de los menos favorecidos. De hecho, durante su reinado procuró corregir los agravios que sus funcionarios causaron sin su conocimiento, por lo que comenzó a hacer investigaciones en todo el reino: por ejemplo, si habían ganancias mal habidas, los funcionarios debían reparar sus fraudes, etc… ¡el reino nunca habría tenido un príncipe más conciliador, más humilde y más renombrado durante las cruzadas, como el rey Luis IX, incluso en el país moro!

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San Luis, rey de Francia, marcó la historia gracias a su influencia militar, judicial y religiosa y propició muchos progresos en el reino de Francia. Aunque llegó al trono muy joven, demostró su destreza militar y aplastó las revueltas de sus opositores. Además, durante todo su reinado en Francia, conservó un profundo sentido de justicia, sabiduría y fe cristiana. Por lo anterior, al ser un gran rey y un gran santo, Luis IX dejó un legado patrimonial espléndido.

La vida de San Luis

Inicio del reinado y de los conflictos

Luis IX nació en 1214 y era nieto del rey Felipe Augusto. Tras la temprana muerte de su hermano Felipe, pasó a ser el hijo mayor de los cinco hijos de la princesa Blanca de Castilla y del rey Luis VIII. Este último, conocido como "el León", murió en 1226, sólo cuatro años después de haber iniciado su reinado. Tras este hecho, su pequeño hijo de 12 años sucedió el trono, pero debido a su corta edad, su madre asumió la regencia hasta que fue mayor.

Posteriormente, Blanca de Castilla no tardó en hacer coronar a su hijo para limitar la incertidumbre y el desconcierto en el reino. Sin embargo, tuvo que enfrentarse a conflictos y revueltas de barones y condes. No obstante, supo hacer gala de su diplomacia para llevar la paz al reino mediante matrimonios estratégicos, negociaciones, cesiones de territorios e incluso firmando una tregua con el rey Enrique III de Inglaterra, en el año de 1227. 

A pesar de todo esto, el rey Luis IX tuvo que demostrar su destreza militar para aplacar los conflictos: en 1230, comenzó operativos militares contra Pierre Mauclerc, duque de Bretaña, quién había jurado su lealtad a Inglaterra. Con su victoria, logró imponer su autoridad a los demás señores que contendían con el reino. En 1234, Luis se casó con Margarita de Provenza, y tuvieron once hijos juntos. 

Los conflictos se reanudaron en 1242, con la Guerra de Saintonge, la cual enfrentó al rey Luis con una coalición de condes y principales señores, entre los que se encontraba Enrique III. Este último estaba deseoso de recuperar la posesión de los territorios que habían ocupado sus predecesores. La guerra terminó a favor de Luis IX, quien firmó una tregua con Enrique III, seguida de un tratado de paz, conocido como "Tratado de París" en 1258. Además, sin rencor alguno, Luis permitió a Enrique visitar la necrópolis de sus antepasados en Francia y celebrar la Navidad en su compañía: después de estos hechos los dos reyes desarrollaron una amistad sincera. 

Las reformas judiciales de San Luis

El rey San Luis fue muy reconocido por haber reformado el sistema judicial de su reino, siguiendo sus profundas convicciones religiosas, las cuales fueron inculcadas por su madre, la muy piadosa Princesa Blanca de Castilla. De hecho, San Luis, quien era conocido como el Rey Sol, Luis el grande y  “el Prudhomme” (defensor o mediador en francés), tenía un profundo sentido de la justicia y del arbitraje, lo que en parte le permitió resolver el profundo conflicto entre los Capetianos y los Plantagenet durante su reinado. Además, puso fin a los torneos y a los duelos para limitar las venganzas personales. En 1245, renovó la cuarentena del rey: un periodo de reflexión de cuarenta días establecido por su abuelo Felipe Augusto, destinado a apaciguar las tensiones entre dos clanes en conflicto. De hecho, esta  noción de justicia real quizás se ilustra mejor con la imagen de "San Luis repartiendo justicia en el Bosque de Vincennes", la cual nació por el establecimiento de un sistema a través del cual los súbditos del rey podían dirigir sus quejas directamente a su soberano, y éstas serían resueltas por los funcionarios de justicia del rey. San Luis introdujo también "el gran edicto” que proponía la noción de presunción de inocencia, asegurando a todos el derecho a un buen juicio. Además, se nombraron comisarios para garantizar la justicia en las distintas ciudades del reino. 

Las cruzadas

Al ser un rey muy piadoso, San Luis emprendió la Séptima Cruzada con el fin de permitir las peregrinaciones a la Tierra Santa. De hecho, dejó el territorio francés en 1248, tras haber pasado meses convalecencia, debido a las batallas libradas durante la Guerra de Saintonge, y a los largos preparativos tanto tácticos como espirituales. En 1249 llegó a Egipto y antes de llegar a su destino, hizo una escala en Chipre. 

A pesar de sus comienzos tan prometedores, especialmente cuando su ejército logró la ocupación de Damieta, los conflictos continuaron en detrimento de los Templarios y finalmente Luis y sus soldados fueron apresados. Posteriormente, fue liberado en 1250 y se marchó a San Juan de Acre (hoy en día ubicado en Israel), a cambio de un cuantioso rescate y de la cesión de Damieta. El rey permaneció en Tierra Santa durante algunos años, ganándose el favor de los cristianos orientales y tratando de reorganizar las defensas de los principados francos. En 1252 Blanca de Castilla murió y Luis regresó a Francia dos años después. 

Dieciocho años después, Luis IX emprendió la octava cruzada. En 1270 partió hacia Túnez, pero el calor y la enfermedad vencieron su debilitada salud, por lo que el santo rey murió ese mismo año, a la edad de 56 años. 

Luis IX fue canonizado el 11 de agosto de 1297 por el Papa Bonifacio VIII.

El legado del rey Luis

Las reliquias y la Santa Capilla

El rey Luis es conocido por su profundo sentido de la justicia y, sobre todo, por su fe tan ferviente. Además, él fue un rey constructor. De hecho, a él se le atribuye la construcción de las murallas de Aigues-Mortes, el castillo de Tour... y sobre todo, la construcción de grandes obras religiosas, principalmente, la construcción de la Santa Capilla (Sainte Chapelle).

En 1239, San Luis adquirió la Santa Corona, reliquia simbólica de la Pasión de Cristo, en manos de Baudoin VI, rey de Constantinopla. Para ello, no tuvo miedo de invertir una impresionante suma de dinero. En los años siguientes, continuó sus proyectos y llevó a Francia un trozo de la Santa Cruz, la Santa Sangre y la piedra del Santo Sepulcro. Poco después también llevó un trozo de la Santa Lanza y la Santa Esponja. Estas reliquias se conservaron durante un tiempo en la capilla palatina de San Nicolás. Pero el rey Luis tuvo la ambición de hacer construir un santuario digno de ese nombre para conservar y venerar esta colección de reliquias sagradas. De este modo, con el fin de sustituir la capilla de San Nicolás, la cual él había él había ordenado demoler, pidió construir la Santa Capilla (Sainte Chapelle) en el Palacio de la ciudad. La construcción comenzó entre 1241 y 1244, y se completó en el lapso de siete años, un tiempo bastante rápido. Esta capilla se distingue por su magnífica vidriera, por una impresionante sofisticación arquitectónica, la cual era bastante impresionante en comparación con su época 

La Santa Capilla no es un lugar de peregrinación: solamente tiene acceso el colegio de capellanes, que el rey fundó para cuidar las reliquias y conservar el interior de la Capilla. El clero, la familia real y sus invitados también tienen acceso a este lugar sagrado. En 1248, un representante dedicó la parte superior de la capilla a la Santa Cruz y la parte inferior a la Virgen María. 

La Fundación San Luis

Al inicio de la Revolución Francesa, y poco después, las santas reliquias se perdieron o desaparecieron debido a la iconoclasia que tuvo lugar en la época. La Santa Capilla ya no es un lugar de culto, sino que se ha convertido en un centro de archivos del Palacio de Justicia. De hecho, su estado es lamentable. Durante el siglo XIX, una campaña de sensibilización dirigida por los grandes literatos contemporáneos condujo a la restauración de la Santa Capilla (esta restauración se debe en parte al libro El Jorobado de Nuestra Señora de París de Victor Hugo, que también propició el rescate de la catedral de Nuestra Señora de París). 

La Fundación San Luis, creada en 1972, ha heredado sin duda la vocación de conservación y preservación de su nombre homónimo: es una institución destinada a garantizar la conservación de los bienes patrimoniales de la Casa de Orleans, entre ellos la Capilla Real San Luis (o Capilla Real de Dreux). 

El Conde de París, Henri d'Orléans, dedicó esta fundación al gran monarca y antecesor de los reyes de Francia. De hecho, la fundación San Luis fue reconocida en 1972 como institución de utilidad pública.