Don Bosco: biografía, pedagogía

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Discernimiento y clarividencia

Sacerdote y pedagogo sin igual, Don Bosco consagró su vida a los jóvenes de Turín; con él la educación es un asunto de confianza gozosa y de libertad vigilante. Siendo el primero en implementar la dupla de la formación intelectual y profesional para prevenir la delincuencia, consiguió renovar la pedagogía de su tiempo! Las escuelas salesianas repartidas hoy en el mundo entero son su legado. Con un temperamento amoroso y místico, Don Bosco es también el gran intercesor que lee los corazones. Su discernimiento es la constante en la juventud; el Cielo será su mensajero en los momentos de persecución contra la Iglesia. El 30 de mayo de 1862 recibe el famoso sueño de las Tres Blancuras para salvar la cristiandad: la Eucaristía, la Inmaculada Concepción y el Papa. 

(Encuentra otros santos en la Guía de Santos de Hozana)

La biografía de Don Bosco

Un amor extendido hacia la juventud  

Giovanni Melchior Bosco, o Juan Bosco nació el 16 de agosto de 1815 en la provincia de Asti, cerca de Turín. Tuvo un origen en un medio campesino muy modesto, pues creció en la granja de sus padres. Podemos desde temprano evidenciar en él un gran carisma y una gran vocación espiritual: inspirado por la Virgen María, Juan atrae y reúne otros niños de su edad para la oración, divirtiéndolos con turnos de rezo y sermones. Es llamado a unirse a las órdenes y trabaja muy duro para pagarse sus estudios, desarrollando por aquí y por allá, diferentes habilidades ( carpintero, zapatero, etc). Se convierte en sacerdote en 1841 y será conocido más tarde bajo el nombre de “Don Bosco”. 

La industrialización trae consigo ciertos perjuicios para la población. Es en ese contexto que la ciudad de Turín, donde oficia Don Bosco, ve extenderse por sus barrios la pobreza y la miseria, especialmente en los más jóvenes. Son abandonados a su suerte, hambrientos, criminales para algunos, en camino de llegar a serlo para otros… profundamente conmovido por la miseria de esa juventud, Don Bosco decide actuar: su encuentro con un joven muchacho errante, será por cierto un momento decisivo en la vida del joven sacerdote. Un día de diciembre de 1841, Bartolomeo Garelli, un joven obrero de 16 años, entra a la iglesia San Francisco de Asís. El sacristán apresuradamente intenta expulsarlo a punta de escobazos, pero Juan Bosco habiendo oído la disputa, sale en su búsqueda para reconfortarlo. El sacerdote se entera de que Bartolomeo es analfabeto y huérfano. Don Bosco lo toma entonces bajo su tutela para enseñarle el catecismo.

De este modo, Bartolomeo trae a sus amigos para recibir la instrucción del padre. San Juan Bosco funda así su primer oratorio en el barrio de Valdocco, donde junto a su madre abre una escuela y un centro de jóvenes en 1841 los niños encuentran refugio y educación. Su actividad sigue creciendo al pasar los años y Juan Bosco otorga a sus aprendices y otros miembros de la organización el nombre de “salesianos”, en honor a San Francisco de Sales.             

La conversión de corazones

Este trabajo de adaptación no se limitaba sólo a los jóvenes, puesto que la iniciativa del santo padre no era del agrado de todo el mundo. De hecho, ciertos habitantes de la ciudad de Turín no veían a los niños con la misma mirada benevolente que Don Bosco y desconfiaban del clero. Las motivaciones de Don Bosco provocan sospechas y el padre llega incluso a ser víctima de atentados. 

En 1854 una epidemia de cólera estalla en la ciudad de Turín. El contagio se propaga rápidamente y la ciudad es muy pronto desbordada. Don Bosco y sus salesianos se ofrecen como voluntarios para dar asistencia a los enfermos, a sus familiares y al personal hospitalario. Marcada por la increíble devoción de estos jóvenes, la ciudad entiende todo el valor y la importancia de las enseñanzas de Juan Bosco. 

En diciembre de 1859, Don Bosco funda con 17 de sus jóvenes la sociedad de San Francisco de Sales. Persistirá en desarrollar su obra, con la creación de la fundación de las hermanas salesianas  “ Hijas de María Auxiliadora” en 1872. Así, seguirá abriendo un gran número de asociaciones, como la Unión de cooperantes salesianos en 1875, que reúne a todo tipo de personas (laicos y religiosos), que quieran comprometerse en la educación de los jóvenes y contribuir a mejorar sus condiciones de vida. La internacionalización de su iniciativa comienza en Francia y en América Latina, antes de extenderse a través del mundo.   

Después de largos años de devoción y de amor por los jóvenes, Don Bosco termina falleciendo en Turín el 31 de enero de 1888. En 1934, el papa Pío XI lo proclama santo. Cien años después de su muerte, Juan Pablo II lo honra al declararlo el Padre y el Profesor de la juventud. 

La obra de San Juan Bosco marcó el mundo. En París se encuentra la iglesia de San Juan Bosco consagrada al fundador de los salesianos. 

La pedagogía y la herencia de Don Bosco

La pedagogía reposa enteramente sobre la afección, la caridad; esta caridad que describe la palabra de Pablo en la epístola a los corintios: el amor es paciente, soporta todo, espera todo.” San Juan Bosco. 

La visión profundamente humanista y afectuosa de San Juan Bosco le valió la admiración de jóvenes a quienes él ofreció toda su atención y sus servicios. Su objetivo fue siempre ayudar a los más vulnerables a levantarse, a ofrecerles confianza, paciencia y amor  antes que condenarlos o castigarlos. Así, la educación de los niños debe siempre estar acompañada de amor y benevolencia: no es suficiente amar, es necesario que el joven se sienta amado. 

En un primer momento el encanto del joven sacerdote le permitió marcar los espíritus: los jóvenes, desconfiados y furiosos, puesto que habían sido rechazados por demasiado tiempo, se dejaban abordar por Don Bosco pues él tenía el don del diálogo y del humor. San Juan Bosco es el patrón de los prestidigitadores, puesto que él mismo hacía juegos e ilusiones para atraer multitudes de jóvenes !

Enseguida, el sistema educativo en el seno de las escuelas de Don Bosco, brinda a los jóvenes la posibilidad de un futuro, ya que forma con competencias profesionales concretas: carpintería, imprenta y zapatería, y muchas otras actividades artesanales necesarias en una época de industrialización acelerada. Esta confianza en la juventud construye puntos de referencia en los ciudadanos: los salesianos muy bien lo demostraron con su compromiso durante la epidemia de 1954. 

Hoy, la obra de San Don Bosco continúa desarrollándose después de su muerte. Actualmente, la red de salesianos sigue operando en un grupo de escuelas, de institutos sociales y de centros de jóvenes, para ayudar y acoger a los jóvenes que lo necesitan y guiarlos en la construcción de sus proyectos de vida. Por otro lado, una buena cantidad de asociaciones que tienen por vocación la protección de la juventud, toman el nombre del santo padre, Don Bosco.