Hildegarda de Bingen

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Una mujer con visión cósmica

Hildegarda, una benedictina alemana de la Edad Media, ofreció al mundo un pensamiento científico del universo asombrosamente moderno, para responder a las mentalidades actuales tentadas por las ideologías de la Nueva Era. Para ella, toda la creación es una sinfonía del Espíritu. Hildegarda era una mujer dotada de visiones sobre el fin de los tiempos, también componía canciones y mediaba los conflictos políticos de aquel entonces.Sin embargo, todos estos talentos y ocupaciones no le impidieron encontrar tiempo para fundar monasterios y abogar por una reforma radical de la Iglesia de la época. A decir verdad, detrás de esta actividad tous azimuts (completa o integral), Hildegarda sólo tenía un mensaje profético: ¡el hombre es un enfrentamiento permanente entre el príncipe de este mundo, que quiere hacerlo perder, y Dios,que lo salva por amor para hacerlo su Esposo!

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Biografía de Hildegarda de Bingen

¡La abadesa Hildegarda de Bingen tenía tantos dones y talentos!: era escritora, compositora, filósofa, naturópata, mística cristiana… Esta sierva del Señor es conocida y recordada por su impresionante genio universal.

Nació en 1098 en Bermersheim vor der Höhe (actual estado de Renania-Palatinado, al oeste de Alemania). Provenía de una familia perteneciente a la baja nobleza, que se habría relacionado con el conde de Spanheim.

Desde su infancia, Hildegarda comenzó a tener problemas de salud. No obstante, desde muy joven también empezó a tener visiones, cuya naturaleza mística lograría identificar más adelante, cuando era un poco mayor: de hecho, a la edad de setenta y siete años, escribió una carta a su compañero, el monje benedictino San Guiberto de Gembloux, describiendo sus visiones y la espiritualidad en la que se sumergía cuando las tenía, a la cual llamó umbra viventis lucis (el reflejo de la Luz viva): “Y así como el sol, la luna y las estrellas aparecen en el agua, así los escritos, los sermones, las virtudes y ciertas acciones humanas toman forma para mí y brillan.”

A ciencia cierta, no se tiene mucha claridad sobre la edad a la que Hildegarda von Bingen ingresó a las órdenes: su hagiografía"Vita Sanctae Hildegardis", completada por el monje Teodorico de Echternach, relata que sus padres la ofrecieron como oblata al convento de las monjas benedictinas de Disibodenberg cuando tan solo tenía ocho años: fue puesta bajo el cuidado de una mujer mayor, Jutta von Sponheim, quien era la noble hija del conde Rehan Stephen von Sponheim. Esta mujer se había unido a la ermita de Disibodenberg para llevar una vida de reclusión y recogimiento… Allí, en la celda de Jutta, Hildegarda aprendió a leer, escribir, cantar el Opus Dei y tocar la cítara. A los 14 años, Hildegarda de Bingen tomó los votos religiosos y el hábito. Por aquel entonces, solo compartía sus visiones con Jutta, quien a su vez informaba al monje Volmar de Disibodenberg (otro de los tutores de Hildegarda).

En la actualidad se tiene poca información sobre la juventud de Santa Hildegarda en el convento, dado que reveló sus talentos místicos al mundo cuando ya era mayor.

Tras la muerte de Jutta de Sponheim, Hildegarda de Bingen asumió el cargo de abadesa de la comunidad de hermanas de Disibodenberg a la edad de 38 años. Más tarde, para ganar más independencia, decidió trasladar la comunidad al monasterio de Rupertsberg, a orillas del río Rin, en Alemania. En un principio, el abad Kuno von Disibodenberg se opuso a esta medida, y ante la negativa, Hildegarda se sumió en un profundo dolor: estaba paralizada. Posteriormente, el abad interpretó la repentina enfermedad de Hildegarda como una manifestación del desagrado de Dios y finalmente accedió a dejarla marchar.

En 1150, Santa Hildegarda fundó la abadía de Ruppertsberg en compañía de Volmar, quien le serviría más adelante de secretario y escriba. Poco después, fundó la abadía de Eibingen en 1165. Luego de vivir una vida asombrosamente larga, llena de devoción y profundo misticismo, Hildegarda de Bingen falleció el 17 de septiembre de 1179 en Rupertsberg.

Obra mística de Santa Hildegarda de Bingen

El año 1141 marcó un momento crucial en la vida de Hildegarda de Bingen: cuando tenía 42 años, experimentó un gran despertar espiritual. Esto sucedió cuando tuvo una visión en la que Dios le ordenó que escribiera todo lo que veía y sentía. Sin embargo, agobiada por la incertidumbre, dudó durante mucho tiempo en hacerlo, hecho que la sumió en un profundo dolor físico y mental. A pesar de este momento tan complejo, la fama de Hildegarda von Bingen no dejó indiferente al cuerpo eclesiástico de la época: primeramente, Hildegarda pidió consejo al padre Bernardo de Claraval, y éste a su vez hizo conocer los escritos de la abadesa al papa Eugenio III. Posteriormente, ambos le dieron su bendición para comenzar a escribir su gran obra. 

Escritos de Hildegarda de Bingen

Hildegarda de Bingen es autora de tres grandes obras místicas: Scivias, que escribió entre 1151 y 1152, Liber vitae meritorum (1158-1163) y Liber divinorum operum (1163-1174).  

Scivias (proviene de "Sci vias domini", que significa "conoce los caminos del Señor"): la obra contiene descripciones de 26 visiones y relata no sólo los acontecimientos de la Biblia, como el Génesis, el nacimiento y el sacrificio de Cristo Salvador, sino también temas como el papel de la Iglesia, la naturaleza del pecado, la condición humana, etc. 

Liber vitae meritorum (“libro de los méritos de la vida'' o "libro de las recompensas de la vida"): esta obra menciona los vicios y las virtudes humanos, que se oponen entre sí: la atracción del vicio frente a la belleza real y pura de la virtud. El libro también contiene una de las primeras menciones al purgatorio. 

Liber divinorum operum (o "libro de las obras divinas"): esta obra relata las 10 increíbles visiones de Hildegarda de Bingen, cuya naturaleza es indudablemente cósmica: la obra explora la relación del hombre con el universo y presenta amplias reflexiones sobre el Génesis. De hecho, la ilustración del hombre universal plasmada en el libro (un hombre extendiendo los brazos, de pie en el centro de un globo terráqueo) podría haber sido la inspiración para el famoso dibujo del "Hombre de Vitruvio" de Leonardo da Vinci.

Cabe anotar que, el Códice de Wiesbaden recopila estas tres obras místicas, al igual que una colección de cartas, homilías e incluso la lingua ignota o "lengua desconocida" (una lengua que la abadesa Hildegarda de Bingen había intentado crear para escribir sus obras)

Música de Santa Hildegarda de Bingen

La música de Santa Hildegarda acompañaba, e incluso se puede decir que complementaba sus obras escritas. Tal es el caso del Ordo virtutum, una pieza musical de la cual encontramos un fragmento al final de Scivias.

En su versión completa, el Ordo Virtutum es una composición dramática sagrada de Hildegarda, en la cual se presenta la lucha interior del hombre, la tentación del mal, la belleza de la virtud y el alma humana. Este tema de la oposición entre el vicio y la virtud nos recuerda su obra Liber vitae meritorum.

Además, Santa Hildegarda también compuso alrededor de setenta y nueve obras musicales y cantos litúrgicos. En la Symphonia Harmonie Celestium Revelationum (Sinfonía de la armonía de las revelaciones celestiales) se recopilan una serie de canciones con texto y música de Hildegarda de Bingen, que incluye cantos litúrgicos, antífonas e himnos. El género musical se presta a la monofonía sagrada.

Hildegarda de Bingen: Doctora de la Iglesia

Aunque se la considera santa desde hace siglos atrás (Teodorico se refirió a ella de esta manera en Vita Sanctae Hildegardis), no fue sino hace algunos años que la Iglesia la reconoció oficialmente como tal. De hecho, el procedimiento de canonización de Santa Hildegarda se había iniciado en el siglo XIII, pero nunca se completó. Finalmente, en el año 2012 el Papa Benedicto XVI hizo oficial su título de santa y también la proclamó doctora de la Iglesia.

Precursora de las ciencias naturales

Las obras Physica y causae et curae representan un avance impresionante en la historia de la medicina. Por supuesto, nuestros métodos actuales no tienen nada que ver con los descritos en los libros de Hildegarda, ni tienen ningún aspecto religioso. Por otro lado, cabe destacar el papel de Hildegarda como curandera en una época en la que su estatus no le permitía pronunciarse en asuntos como la medicina o la ciencia. 

La medicina antigua se basaba en la teoría de los humores, que asociaba el cuerpo humano con el equilibrio de los cuatro elementos (aire, agua, fuego y tierra). Esta noción de equilibrio fue retomada y desarrollada por Hildegarda de Bingen en Physica y causae et curae (Causas y remedios): los libros se refieren al cuerpo humano y su relación con el mundo exterior para la curación de las enfermedades. En esta obra se describe detalladamente el uso de plantas, piedras y alimentos para restablecer el equilibrio interior, además, de cierto modo precede la aparición de conceptos de la ciencia de la alimentación como remedio

Las dietas de Hildegarda de Bingen

Los escritos de Hildegarda de Bingen sobre la alimentación han despertado el interés de los naturópatas y dietistas de la actualidad. Los famosos "alimentos de la alegría de Hildegarda" se ajustan a la lógica de la curación, en la que los alimentos son tomados como remedios y tendrían propiedades capaces de restablecer el equilibrio y la "alegría" en el cuerpo humano. Por el contrario, la ingesta excesiva de ciertos alimentos o el consumo de alimentos malos, afectaría este equilibrio y, por tanto, la "alegría". En este contexto, esta alegría puede entenderse como "salud".

Los famosos ingredientes de la alegría recomendados por Hildegarda de Bingen son ciertos pescados, ciertos frutos secos, manzanas, peras, pero sobre todo la pequeña espelta; la espelta es un cereal rico en proteínas y otras vitaminas, y es conocida por sus beneficios digestivos. En harina, la espelta puede utilizarse para preparar las famosas y deliciosas galletas de la alegría.

 

Hagiografía: (del griego hagio, "santo"): la palabra designa la obra biográfica de un santo

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