Consejos para iniciarse en la meditación cristiana

La meditación cristiana no es una técnica, sino una actitud de nuestro ser —cuerpo y alma—  que se abre a la escucha de Dios. Por lo tanto, no hay instrucciones específicas ni se requiere  ningún material. No obstante, sea cual sea la forma de meditación cristiana que se practique (lectio divina, oración, contemplación, oración de Jesús, etc.), hay ciertos elementos que ayudan a adentrarse en este tiempo de oración y a vivirlo plenamente. Adoptar ciertos hábitos y gestos concretos puede facilitar —sobre todo para los principiantes — la práctica de la meditación, al crear las condiciones físicas y mentales adecuadas y dotarnos de los medios para saborear los frutos de este tiempo vivido con Dios.



Establecer un momento, una duración y una frecuencia

La meditación nos permite ponernos en presencia de Dios, que siempre está ahí, sintamos su presencia o no. Por lo tanto, no necesitamos practicar durante años para vivir este diálogo íntimo. Sin embargo, aunque Dios esté presente desde el primer momento, no siempre nos resulta fácil, sobre todo al principio, conectar con él.

Una forma de prepararnos mentalmente para este tiempo de recogimiento interior es formalizarlo. Al igual que haríamos con un amigo o con una actividad importante para nosotros, dediquemos un tiempo definido y preciso a esta cita con Dios. Elijamos, pues, el momento del día y la duración que podamos dedicar razonablemente a la meditación.

¿Por la mañana? ¿Por la tarde? ¿Un descanso durante el día?

En función de nuestros hábitos, nuestra agenda y nuestro ritmo, algunos momentos serán más propicios para la meditación que otros. Elijamos un momento —si es posible, el mismo cada día para crear un hábito que nos ayude a mantenerlo a lo largo del tiempo— que nos permita estar mentalmente disponibles, pero también con cierta vivacidad. Por lo tanto, puede ser:
- Por la mañana, después de arreglarnos y antes de comenzar las actividades del día. Es una buena forma de empezar el día con Dios y de encontrar en Él la fuerza y la energía para afrontar lo que nos depare el día.
- Durante un trayecto (se puede meditar caminando, en el transporte público o en el auto, pero las primeras veces es preferible hacerlo en un lugar tranquilo que nos ayude a la introspección)
- en un momento clave del día: entre dos actividades, al final de la jornada laboral, al volver a casa, a la hora de comer (evitando hacerlo justo después de comer para no correr el riesgo de quedarnos dormidos). Este momento dentro de nuestra jornada nos permite recargar verdaderamente las pilas en Dios y situarlo en el centro de lo que constituye nuestra vida.
- La noche puede ser un buen momento para la meditación, que puede ir acompañada de una reflexión sobre el día transcurrido y de un tiempo de acción de gracias, pero hay que tener cuidado con el riesgo de quedarse dormido; en ese caso, la postura será importante para mantenerse bien despierto durante la meditación.

¿5 minutos? ¿10 minutos? ¿30 minutos?

Aunque al principio es preferible no lanzarse a sesiones de meditación demasiado largas para no desanimarse, no obstante, es importante dedicarse el tiempo suficiente para poder ponerse a disposición de Dios, sobre todo a través de una fase de preparación y de entrar en su presencia, que puede requerir un poco más de tiempo para los principiantes. De hecho, no siempre es fácil calmar la ansiedad mental. Dedicarse unos minutos a desconectarse del ruido exterior y de la cantidad de pensamientos que nos invaden permite sumergirse más fácilmente en la meditación.

Prever entre 10 y 15 minutos puede ser un buen punto de partida que cada uno adaptará después según sus necesidades. Para respetar esta duración sin que nada perturbe la meditación, puede ser conveniente poner una alarma o seguir una meditación guiada en audio. (Encuentra respuestas a las principales preguntas que pueden surgir al inicio de la práctica)

¿Meditar a diario? La importancia de la regularidad

La meditación cristiana es una relación viva que se fortalece con la regularidad. Si esperamos a tener ganas, a pensar en ello, a dejar de estar desbordados… corremos el riesgo de espaciar cada vez más estos momentos de meditación.

Al igual que una virtud que crece con la práctica, debemos mostrarnos fieles, constantes y perseverantes para explorar toda la belleza y la fuerza de esta intimidad con Dios.

Es perfectamente posible —incluso para un principiante— meditar cada día. Elegir el momento adecuado y una duración razonable favorecerá esa constancia. Es mejor meditar cinco minutos al día que renunciar a meditar por no encontrar el tiempo necesario.
No obstante, si no nos parece posible meditar cada día, podemos establecer una frecuencia más espaciada, pero que siga siendo regular y definida —por ejemplo, cada domingo— y dejarnos la posibilidad de realizar sesiones adicionales en cuanto nos resulte posible.

Crear las condiciones adecuadas

Encontrar un lugar tranquilo

La meditación cristiana se puede practicar en cualquier lugar, ya que Dios está con nosotros, en todas partes y en todo momento. Pero para lograr hacer silencio y acogerlo mejor, el entorno puede ser muy importante, sobre todo al principio.

Lo ideal es un lugar tranquilo y apartado donde podamos disfrutar de esos minutos sin temor a que nos molesten. Si estamos en casa, en nuestra habitación por ejemplo, procuremos cerrar la puerta y pedir que no nos molesten.

Hay lugares que pueden ayudarnos a meditar, como la naturaleza (un jardín, un parque, un bosque…), una  iglesia o una capilla. En casa, también podemos crear un ambiente propicio para la oración, encendiendo una vela o sentándonos frente a una cruz o una imagen sagrada.

Preparar el cuerpo y la mente

Ponerse a la escucha de Dios, mostrarse disponible para Él, no siempre es fácil. A menudo nos encontramos en un estado de ansiedad física y mental que nos impide encontrar la calma. Por eso es importante dedicar un tiempo previo a calmar el cuerpo y la mente .

  1. Elegir una postura adecuada que sea a la vez digna, cómoda y dinámica (consulta nuestros consejos para encontrar la postura adecuada para meditar)
  2. Volver a conectar con el cuerpo y la respiración para anclarnos bien en el momento presente (los ejercicios Vittoz son especialmente adecuados para esta busqueda de la presencia  plena y para mantenernos presentes en la oración)
  3. Ponerse en presencia de Dios, reconocer que está ahí con nosotros. Si sentimos la necesidad, confiarle nuestras preocupaciones, aquello que nos impide estar plenamente presentes. (Descubre cómo vivir este momento de puesta en presencia, así como oraciones para introducir la sesión de meditación)

Elegir una tradición y perseverar

El tiempo de meditación no se vive de la misma manera si se trata de meditar la Palabra de Dios con la lectio divina o de dedicar un tiempo a la oración silenciosa siguiendo el ejemplo de Teresa de Ávila. Según nuestra sensibilidad, nuestros hábitos, pero también según las etapas de nuestra vida y lo que estemos viviendo, podemos sentirnos más o menos atraídos por una de estas tradiciones.

Lo ideal es examinar un poco cada una de estas tradiciones para ver cuál nos parece más adecuada para lo que buscamos. Después, es importante dedicarnos tiempo para profundizar y explorar esa práctica. Lo ideal es dedicarle unas semanas. De hecho, puede resultar un poco difícil «adentrarse» en ciertas prácticas, pero no nos desanimemos y sigamos adelante para descubrir mejor sus riquezas.

Descubre aquí ejemplos de meditaciones inspiradas en las diferentes tradiciones meditativas cristianas:

  • Lectio divina
  • Oración silenciosa
  • Oración de Jesús
  • contemplación
  • Oración del rosario
  • Meditación ignaciana

Practicar con alegría y humildad

Por último, el consejo más importante es vivir esta meditación totalmente centrada en Dios. Si tenemos presente que la meditación tiene sus origen y su razón de ser en Dios, esto nos permite no perdernos en expectativas engañosas, ni en la búsqueda de resultados o de rendimiento. 

La meditación cristiana es un momento de oración y recogimiento. Alimenta nuestra relación íntima y personal con Dios. Por lo tanto, no hay meditaciones «exitosas» ni «fallidas», y tanto el principiante como el experimentado pueden recoger los frutos de la meditación. 

Para ayudarnos a permanecer en esta actitud de acogida, pensemos en dar las gracias a Dios al final de cada momento de meditación por el tiempo que hemos pasado con Él y por las gracias que nos ha concedido, las hayamos sentido o no. (Descubre el desarrollo de una sesión para iniciarte en la meditación cristiana)

Iníciate en la meditación cristiana con la ayuda de Meditatio

¿Deseas descubrir o profundizar en la meditación cristiana, pero no sabes muy bien cómo? Meditatio, la primera aplicación de meditación cristiana en francés, te acompaña en este descubrimiento y en tu práctica. Descarga la aplicación de forma gratuita y  descubre meditaciones guiadas en audio que te guiarán a lo largo de la meditación, alternando instrucciones y momentos de silencio. Encuentra cada día la meditación del día para disfrutar de un momento de recarga espiritual con Dios en el centro de tu día a día. También hay disponibles numerosos itinerarios temáticos o  centrados en las diferentes tradiciones cristianas.


Fuentes

1 Prier avec la méthode Vittoz - Mireille Lecourtier - éditions Emmanuel
2 Méditer en pleine conscience – Pascal Ide – éditions Emmanuel