¿Cuáles son los beneficios de la meditación cristiana?

Los beneficios de la meditación ya no hay que demostrarlos. Reducción del estrés, manejo de las emociones, calma corporal y mental… Son numerosos los beneficios físicos y psíquicos de la meditación como práctica de bienestar y  relajación. Pero la meditación, en su origen, es ante todo una práctica espiritual. En el cristianismo, la meditación es oración. Es una relación íntima con Dios, presente en nosotros. Y este enfoque cristiano de la meditación es profundamente enriquecedor. ¿Conoces sus beneficios? Aquí tienes cuatro gracias que puedes experimentar con la meditación cristiana.



1- Reducir el estrés y la ansiedad… ¡E incluso encontrar la paz!

Numerosos estudios demuestran hasta qué punto los enfoques psicosensoriales, como la meditación de plena conciencia o el método Vittoz, ayudan a reducir los síntomas del estrés, a relajarse y a combatir los pensamientos de ansiedad en las personas que los practican con regularidad. El arraigo en el momento presente, el retorno a los sentidos y las sensaciones, la respiración consciente...  Todo ello nos proporciona herramientas eficaces para aprender a dejar ir, afrontar el día con más serenidad y recuperar un sueño de calidad.

Sin embargo, esto no siempre basta para hacer desaparecer esas angustias profundas que podemos llevar dentro. Ante nuestros miedos más íntimos, ante las heridas del pasado, ante los imprevistos de la vida que vienen a trastornar nuestras existencias, necesitamos encontrar una roca sólida y fiable. Como dice el salmista: «Cuando me refugio bajo el Altísimo y descanso a la sombra del Poderoso, le digo al Señor: “¡Mi refugio, mi baluarte, mi Dios, en quien confío!”» ( Salmo 90 (91):1-2)

Dios nos ofrece su paz, una paz interior que nada puede perturbar, sea lo que sea lo que vivamos a lo largo del día, y así podemos entregarnos con plena confianza cada noche a la hora de dormir. La meditación cristiana nos ayuda a experimentarla. (Descubre cómo la oración de recogimiento puede aportarte una mayor serenidad, así como meditaciones cristianas guiadas para dormir mejor)

2 - Encontrarse a uno mismo… ¡E incluso encontrar a Dios!

Las prácticas de meditación permiten escucharnos a nosotros mismos, a nuestras emociones y a nuestro cuerpo, y nos ofrecen así la posibilidad de conocernos y comprendernos mejor. El autoconocimiento es un elemento importante para vivir de forma más consciente y mejorar nuestras relaciones con los demás.

Sin embargo, este conocimiento es solo parcial si se detiene en esta primera etapa. El ser humano tiene en su interior un deseo profundo. Solo Dios puede colmarlo. Es su luz la que puede iluminarlo todo en nuestro interior y a nuestro alrededor: es al buscarlo cuando nos encontramos a nosotros mismos; es al amarlo cuando podemos amar de verdad a los demás. Buscar a Dios, estar a su escucha, eso es lo que nos propone la meditación cristiana.
«Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá» (Mateo 7:7-8)


(Descubre cómo la lectio divina puede ayudarte a escuchar verdaderamente a Dios)

3 - Vivir mejor el dolor… ¡E incluso acoger la alegría!

La meditación de plena conciencia puede ayudar a reducir la percepción negativa del dolor. Aunque no pretende curarlo, ofrece herramientas para aceptar mejor las sensaciones y afrontar el dolor de otra manera. Lo mismo ocurre con el método Vittoz: desarrollado por un médico cristiano, este enfoque psicocorporal ayuda a alcanzar una mayor receptividad y una relajación profunda, ofreciendo así a los pacientes que sufren dolores crónicos un alivio y herramientas para vivir mejor con sus dolencias.

Dios, al hacerse hombre en Jesús, conoció nuestros dolores y nuestros sufrimientos. Y hasta un grado extremo al ser crucificado. Por lo tanto, no es insensible a lo que estamos pasando y puede ofrecernos gracias  de consuelo, alivio, fuerza, paciencia e incluso sanación. Cuando sufrimos, parece difícil, e incluso imposible, sentir alegría. La meditación cristiana nos abre un camino para recuperar la esperanza, para depositar nuestros sufrimientos en la oración y acoger esa alegría profunda con la que Dios quiere colmarnos.


4- Estar en el aquí y ahora… ¡e incluso disfrutar de la eternidad!

Las prácticas meditativas invitan al meditador a situarse en el presente, a dejar de darle vueltas al pasado y a no alimentar pensamientos ansiosos ni huir hacia un futuro que aún no existe. Vivir en el presente es la única forma de vivir.

Sí, pero ¿por qué? La meditación cristiana nos permite no quedarnos en la puerta, sino entrar verdaderamente en este presente  que se nos ha dado. Es ahí donde, con paciencia, Dios nos espera. Jesús vino a salvar a los hombres y a ofrecerles la vida eterna. Esa eternidad comienza ahora mismo; cada vez que vivimos y actuamos en Dios, podemos experimentarla. Meditar, entrar en la presencia de Dios, nos ayuda a adentrarnos en esa vida plena y completa a la que todos estamos invitados.

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Fuentes

1 Prier avec la méthode Vittoz - Mireille Lecourtier - éditions Emmanuel
2 De la tension à la contemplation - Chantal Ranger - éditions Pierre Téqui
3 Méditer en pleine conscience – Pascal Ide – éditions Emmanuel