Preguntas acerca de La Vida Cristiana

Antes que nada, la vida cristiana se refiere a nuestra relación con Cristo Jesús, y para vivirla en plenitud y conformidad con el Evangelio, la Iglesia nos ofrece los sacramentos, especialmente la Eucaristía, fuente y culmen de toda la vida cristiana. Además de esto, existen otros caminos para vivir en abundancia, como las bienaventuranzas y el llamado universal a la santidad

A continuación, te invitamos a descubrir más cosas sobre la vida cristiana, a partir de elementos del Catecismo de la Iglesia Católica.

¿Cuáles son los fundamentos de la vida cristiana?

Encuentro personal con Dios

El Catecismo nos recuerda que la vida cristiana invita al encuentro personal con Dios: "El hombre está hecho para vivir en comunión con Dios, en quien encuentra su dicha" (n. 45).

Además de esto, el artículo sobre las peregrinaciones, nos explica claramente que "la meta hacia la que se dirige el itinerario que el peregrino recorre es, ante todo, la tienda del encuentro con Dios”. 

Por último, la lectura de la Sagrada Escritura, también es un gran apoyo para tener un encuentro personal con Dios, puesto que en ella se encuentran los cinco pilares esenciales de un cristiano. Estos dos elementos también se complementan con la educación religiosa y la catequesis, que es una "educación en la fe de niños, jóvenes y adultos" (n. 5). Además, también podemos ejercer algunas prácticas como el ayuno (en sus diversas formas), pues constituye un excelente medio para renovar este encuentro personal con Cristo.

La Eucaristía: fuente y cumbre de la vida cristiana y sacramental

La vida cristiana hace énfasis en la participación a la vida sacramental de la Iglesia, especialmente en la Eucaristía, que es "fuente y culmen de toda la vida cristiana" (nº 1324). Tengamos presente que, todos los sacramentos "dan nacimiento y crecimiento, curación y misión a la vida de fe de los cristianos" (nº 1210). 

Por otro lado, es necesario destacar que la liturgia "implica la participación consciente, activa y fecunda de todos" (nº 1071), y que esta "se alimenta de diversas formas de piedad popular" (nº 1679).

Adhesión a la fe de la Iglesia

La vida cristiana presupone la adhesión a la fe de la Iglesia y, en particular, a todo lo que contiene el Credo. En este orden de ideas, el misterio de la Santísima Trinidad es "la enseñanza más fundamental y esencial en la jerarquía de las verdades de fe”, como lo explica el número 234 del Catecismo. Por su parte, el número 259 también nos recuerda que toda la vida cristiana es comunión con cada una de las personas divinas, sin separarlas de ningún modo" (n° 259). Finalmente, el número 1064 complementa estas líneas, agregando que "la vida cristiana de cada día será también el "Amén" al "Creo" de la Profesión de fe de nuestro Bautismo".

El perdón: cumbre de la vida cristiana

La oración del Padre Nuestro nos muestra claramente la importancia del perdón a los demás:

"Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden".

En este orden de ideas, la vida cristiana exige que perdonemos. Al respecto, el número 2844 del Catecismo nos dice que "La oración cristiana llega hasta el perdón de los enemigos... El perdón es la condición fundamental de la reconciliación de los hijos de Dios con su Padre y de los hombres entre sí" (n. 2844).

La cruz inherente a la vida cristiana

La cruz forma parte ineludible de la vida cristiana: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga". (Mateo 16:24). 

La vida cristiana implica el ejercicio del sacerdocio

La vida cristiana se vive mediante el ejercicio del sacerdocio bautismal o ministerial (ministerial se refiere al sacramento del Orden). El sacerdocio común de los fieles es el que más se ejerce, ya que la mayoría de los miembros de la Iglesia son laicos, e implica el ejercicio del triple oficio de sacerdote, profeta y rey.

  • Oficio sacerdotal: El oficio sacerdotal significa participar en la vida sacramental (especialmente en la Eucaristía), en la vida litúrgica y en la oración. La oración forma parte de la vida cristiana y de la vocación del bautizado. Al respecto, el número 2591 del Catecismo nos recuerda que la oración es un llamado recíproco entre Dios y el hombre: "Dios llama incansablemente a cada persona al encuentro misterioso con Él. La oración acompaña a toda la historia de la salvación como una llamada recíproca entre Dios y el hombre". 
  • El oficio de profeta: los números 904 y 905 del catecismo nos recuerdan la participación de los laicos en el oficio profético de Cristo: "Los laicos cumplen también su misión profética evangelizando, con "el anuncio de Cristo comunicado con el testimonio de la vida y de la palabra" (n° 905).
  • El oficio de rey: siguiendo las huellas de Cristo Siervo, todo bautizado está llamado a servir, como lo indica el n° 786 del Catecismo: "El Pueblo de Dios participa, por último, en la función regia de Cristo... Para el cristiano, "servir a Cristo es reinar" (LG 36), particularmente "en los pobres y en los que sufren" donde descubre "la imagen de su Fundador pobre y sufriente" (LG 8). El pueblo de Dios realiza su "dignidad regia" viviendo conforme a esta vocación de servir con Cristo" (n° 786). 

Para saber más sobre este tema, te invitamos a leer nuestro artículo sobre qué significa ser sacerdote, profeta y rey por el bautismo, y cómo llegar a serlo.

Santidad

Como hemos visto en varios artículos y en nuestra guía de los santos, ser cristiano significa responder al llamado universal a la santidad. Al respecto, el catecismo, en su número 2013, señala que: "Todos los fieles, de cualquier estado o régimen de vida, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad” (LG 40). Todos son llamados a la santidad: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto".

Tengamos presente que, el llamado a la santidad también se trata en otros documentos magisteriales, como la Lumen gentium, la constitución dogmática sobre la Iglesia del Concilio Vaticano II, y la exhortación apostólica sobre el llamado a la santidad Gaudete et exsultate.

La vida cristiana: un camino de vida en Cristo y en el Espíritu

La vida cristiana puede considerarse como un itinerario de vida en Cristo y en el Espíritu.

En la medida en que la tercera parte del Catecismo se titula "La vida en Cristo", y su primera sección "La vocación del hombre: vida en el Espíritu", podemos ver la vida cristiana como un camino de vida en Cristo y en el Espíritu. Por supuesto, también podríamos haber añadido una forma de vida en Dios Padre, ya que el Padre es inseparable del Hijo y del Espíritu. En particular, hablaremos de las bienaventuranzas, de la libertad y de la formación de la conciencia como camino para la vida cristiana.

Las bienaventuranzas: un camino de vida cristiana

Las bienaventuranzas son un camino de vida cristiana, ya que nos hacen partícipes de la naturaleza divina y de la vida eterna, según el número 1721 del Catecismo. 

Además, los números 1726 y 1728 nos dan pautas y muestran las bienaventuranzas como camino de vida cristiana: "Las bienaventuranzas nos enseñan el fin último al que Dios nos llama: el Reino, la visión de Dios, la participación en la naturaleza divina, la vida eterna, la filiación, el descanso en Dios" (n° 1726).  "Las bienaventuranzas nos colocan ante opciones decisivas con respecto a los bienes terrenos; purifican nuestro corazón para enseñarnos a amar a Dios sobre todas las cosas" (n° 1728).

El camino de la libertad humana

La vida cristiana nos exige hacer buen uso de nuestra libertad; el número 1744 del Catecismo la define como "el poder de obrar o de no obrar y de ejecutar así, por sí mismo, acciones deliberadas. La libertad alcanza su perfección, cuando está ordenada a Dios, el supremo Bien", como nos muestra.

Sin embargo, la responsabilidad de una acción puede disminuir por causa de "la ignorancia, la violencia, el temor y otros factores psíquicos o sociales" (n° 1746). 

La vida cristiana, un modo de educar nuestra conciencia

La vida cristiana es también consiste en un modo de "tomar los medios para formar la propia conciencia" (n° 1798), y esta educación es "una tarea de toda la vida" (n° 1784). En este orden de ideas, los cristianos tienen el deber de educar y formar su conciencia.

Lo que atenta contra la vocación del hombre

Existen muchas cosas que atentan contra la vocación del hombre, por ejemplo, querer vivir sin Dios, cometer pecado (que significa "errar"), las formas de adivinación y el espiritismo.

Querer vivir sin Dios

Podemos decir que querer vivir sin Dios atenta contra la vocación del hombre, ya que este "no vive una vida plenamente humana si no vive libremente su vínculo con Dios(n. 44), y está "hecho para vivir en comunión con Dios, en quien encuentra su felicidad(n. 45). En otras palabras, el hombre “es por naturaleza y vocación un ser religioso", como lo recuerda el n. 44 del Catecismo de la Iglesia Católica.

El pecado

Incluso si tenemos una naturaleza pecaminosa, debemos tener en cuenta que el pecado nos aleja de Dios y, por tanto, va en contra de nuestra vocación de seres humanos. Consideremos que existen algunos pecados que atentan de manera más grave contra la vocación del hombre, los cuales son conocidos como pecados mortales, que son completamente diferentes a los pecados veniales: al respecto, el número 1855 del Catecismo muestra que el pecado mortal aparta al hombre de Dios por una infracción grave: el pecado mortal destruye la caridad en el corazón del hombre por una infracción grave de la ley de Dios; aparta al hombre de Dios, que es su fin último y su bienaventuranza, prefiriendo un bien inferior” (n° 1855). 

En este orden de ideas, el hombre entra en un combate espiritual para alejarse del mal, recurriendo a la ayuda del Señor.

En términos generales, podemos decir que lo que va contra la vocación del hombre es el "no respeto" de los 10 Mandamientos. Si se desea, se puede profundizar sobre este tema en la segunda sección de la tercera parte del Catecismo de la Iglesia Católica.

Las diferentes formas de adivinación

El Catecismo de la Iglesia Católica explica en el número 2116 que "todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone “desvelan” el porvenir (cf Dt 18, 10; Jr 29, 8).

Entre las formas de adivinación que deben rechazarse, se mencionan:

  • La consulta de horóscopos
  • La astrología
  • La quiromancia
  • La interpretación de presagios y suertes
  • Los fenómenos psíquicos
  • La utilización de médiums

Este número añade además que estas prácticas "encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios".

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