Cuaresma: desierto interior, camino hacia la confesión
La Cuaresma es un tiempo de conversión y preparación. En ePrex la vivimos como un camino de examen interior, desde la revisión de la propia vida hasta la reconciliación con Dios.
Nuestra propuesta
«Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y el Espíritu lo fue llevando durante cuarenta días por el desierto, mientras era tentado por el diablo.» (Lc 4:1-2).
La importancia de la Cuaresma
La Cuaresma es el tiempo litúrgico de preparación para la celebración de la Pascua, centro de la vida cristiana. Es un tiempo de conversión, de retorno a Dios y de renovación interior, inspirado en los cuarenta días que Jesús pasó en el desierto antes de iniciar su misión pública.
“Rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos, y convertíos al Señor vuestro Dios” (Jl 2,13). La Cuaresma tiene como finalidad dejar que Dios transforme lo más profundo de la persona. Como recuerda la Iglesia, es un itinerario espiritual marcado por el ayuno, la oración y la limosna, orientado a vivir la Pascua con una fe más viva y un corazón más libre.
La Cuaresma no se entiende sin esta meta: preparar al cristiano para acoger la vida nueva que brota de la Pascua, pasando por un proceso real de conversión y liberación gradual de diversas formas de esclavitud (rencor, vicios, complejos, miedo...).
Los cuarenta días del desierto
El número cuarenta atraviesa la Sagrada Escritura como signo de prueba, purificación y preparación: los cuarenta años del pueblo de Israel en el desierto, los cuarenta días de Moisés y Elías, y, de manera culminante, los cuarenta días de Jesús tentado en el desierto.
La Iglesia propone este mismo tiempo para que el cristiano, siguiendo a Cristo, aprenda a discernir lo esencial de lo accesorio, a reconocer sus combates interiores y a disponerse a la gracia. No es un tiempo indefinido, sino un camino concreto que conduce, paso a paso, hacia la Pascua.
La Cuaresma es un tiempo penitencial, pero no triste. Su sentido es profundamente positivo: abrir espacio a la misericordia de Dios. Por eso, la Iglesia ha vinculado siempre este tiempo al examen de conciencia y al sacramento de la reconciliación, entendido como encuentro sanador con Cristo.
Vivir bien la Cuaresma conduce de manera natural a reconocer la propia fragilidad, no para quedarse en ella, sino para experimentar con más verdad la fuerza de la gracia. Así, el camino cuaresmal prepara el corazón para celebrar la Pascua no solo como una fiesta litúrgica, sino como un paso real de la muerte a la vida.