23-La Preciosísima Sangre nos alienta a llevar con paciencia nuestra cruz

Oración de Santa María Magdalena de Pazzi y Acto de Contrición

Padre Eterno, cubre mis labios con la Preciosísima Sangre de tu amado Hijo, de manera que mis oraciones sean purificadas antes de ascender a tu divino altar.

Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todos mis pecados y los aborrezco, porque al pecar, no sólo merezco las penas establecidas por ti justamente, sino principalmente porque te ofendí, a ti sumo Bien y digno de amor por encima de todas las cosas. Por eso propongo firmemente, con ayuda de tu gracia, no pecar más en adelante y huir de toda ocasión de pecado.

Amén

Reflexión sobre la obra redentora del Señor

La vida del cristiano debe ser una vida crucificada, dice San Agustín, pues que somos discípulos de Jesús, que murió por nosotros derramando su Sangre en una Cruz. Y en efecto, el Redentor mismo dice en su Evangelio que quien quiera seguirle debe tomar su cruz y marcar sus pasos por el camino del Calvario. Asegura el Apóstol que jamás será digno del nombre de cristiano aquel que no vive crucificado: qui cum Christi carnem suam crucifixerunt cum vitis et concupiscentiis. Y por cierto que no faltan ocasiones de crucificar su carne rebelde con sus depravados deseos en este miserable valle de lágrimas en que vivimos, y en el que cada paso nos acarrea amarguras y sinsabores. ¿Quién, pues, será quien lleve voluntariamente su cruz y se resigne enteramente a la voluntad divina en las adversidades de la vida? ¿Quién que viva crucificado? ¿Quién? aquel que sea devoto de la Preciosísima Sangre de Jesucristo, hallando en Ella su consuelo y un poderoso estímulo para conseguir la abnegación de sí mismo y la crucifixión de su carne. Si el alma considera atenta y devotamente al Crucificado y la Sangre que se desprende de sus llagas, si mira su cabeza coronada de espinas, su cuerpo azotado, su costado abierto, ¿cómo podrá rehusarle su compasión? A su vista el corazón se sentirá movido a llevar su cruz, cada tribulación será para él causa de alegría y regocijo y se tendrá por dichoso en beber de ese cáliz del que Jesús gustó primero las amarguras. Si la cólera, si la impaciencia se rebela en nosotros, la Sangre de Jesús, dice San Juan Crisóstomo, es como una medicina celestial, que, introducida en nuestras entrañas, hacen perecer los gusanos y todos los insectos venenosos que quisieran dañar nuestra vida. Tan poderosa es esta Sangre divina para refrenar la impetuosidad de las Pasiones y en particular la ira con sus deplorables resultados.
II. ¿Cuál no será el consuelo del alma en medio de sus sufrimientos si considera el mérito adquirido para ella por la Sangre de Jesús? Esta Sangre no solamente ha hecho fácil el camino de la cruz, sino que ha hecho meritorios nuestros sufrimientos y tribulaciones. Bañadas con esta Sangre de un valor infinito suben al Cielo y allí encuentran una recompensa eterna; y en virtud de esa Sangre divina, los sufrimientos de un instante producen un bien eterno. Por eso, animados por esta Sangre preciosa, los Apóstoles, gozosos y llenos de alegría, salían valerosamente al encuentro de las persecuciones; por el nombre de Jesús fueron hechos dignos de sufrir los ultrajes, los azotes, las cadenas y la muerte. Esta Sangre hacía que los mártires desafiasen a los más feroces verdugos y a todos los crueles tormentos con que les amenazaban los tiranos; los solitarios y los penitentes sentían por los méritos de esta Sangre inundado de júbilo su corazón. ¿Por qué, pues, no produciría el mismo efecto en nuestros corazones esa Sangre adorable, si tuviéramos el alma y el corazón inundados siempre de ella, si considerásemos las penas y los dolores de Aquel que la ha derramado por nosotros, si le amásemos con una caridad ardiente? ¡Oh dichosa alma que se sumerge continuamente en la Sangre de Jesús!

Rosario a las Santas Llagas/Rosario de la Preciosísima Sangre (A elección)

(Se usa un rosario normal, se presentan en paralelo)

Al inicio:

Oh Jesús, divino redentor, sé misericordioso con nosotros y con el mundo entero. Amén

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Amén

¡Perdón! ¡Misericordia, Jesús mío!; durante los peligros presentes, cúbrenos con tu preciosa sangre. Amén

Padre Eterno, ten Piedad y Misericordia por la Sangre de Jesucristo, Tu Único Hijo. Ten Misericordia de nosotros, Te suplicamos.

Amén. Amén. Amén.

Cuentas grandes:

Bendita sea la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, que con ella nos redimió.

/

Padre Eterno, te ofrezco las Santas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, para sanar las llagas de nuestras almas.

Cuentas pequeñas:

Preciosísima Sangre de Cristo, lávanos. Preciosísima Sangre de Cristo, defiéndenos.

/

Jesús mío, perdón y misericordia, por los méritos de tus Santas Llagas.

Cadena:

Jesucristo, aplaca tu ira, tu justicia y tu rigor. Líbranos de esta epidemia, misericordia Señor.

/

María, madre llena de aflicción, las llagas de tu Hijo graba en mi corazón.

Al finalizar:

Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

/

Padre Eterno, te ofrezco las Santas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, para sanar las llagas de nuestras almas (3 veces).

Gozos (Opcional)

Pues morís, Padre y Señor,

En una Cruz afrentosa,

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Esposo de sangre hermoso,

Que en vuestra Circuncisión,

Con ternura y compasión

La derramáis cariñoso:

Y aunque tierno y amoroso

Lloráis por el pecador:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Entre el huerto de las penas,

Entre angustias y agonías,

Dais amante por mil vías

La Sangre de vuestras venas:

Y pues con dulces cadenas

Rendís nuestro desamor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Ríos de Sangre corrieron

De vuestro Cuerpo sagrado,

Cuando a golpes maltratado

Con tanto azote le hirieron:

Todo una llaga os hicieron,

Siendo el hombre el ofensor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Vos de espinas coronado

Tanta Sangre derramáis,

Que casi, mi bien, cegáis,

Todo el rostro ensangrentado:

Y pues tierno y lastimado

Pagáis por vuestro deudor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Al llegar desfallecido

Y sin aliento al Calvario,

Un aleve y temerario

Os arrebata el vestido:

Piel y Sangre, mal herido,

Nos dais en este rigor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Clavos son nuestros delitos,

Que en una Cruz os fijaron,

Y pies y manos rasgaron

Con dolores exquisitos:

La sangre de Abel da gritos

En favor de su agresor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Difunta vuestra hermosura,

Un ciego, el más atrevido,

El dulce pecho os ha herido,

Derramando con ternura

Raudales de gran dulzura

La Fuente del Salvador:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Pues morís, Padre y Señor,

En una Cruz afrentosa,

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.

 

℣. Nos redimiste, Señor, con tu Sangre.

℟. Y nos hiciste un reino para tu Padre y Dios nuestro.


ORACIÓN: Omnipotente y Eterno Dios, que por la Preciosa Sangre de tu Hijo quisiste aplacarte y redimirnos, concédenos te suplicamos, recordarte el precio de nuestra Redención, para que merezcamos alcanzar en esta vida el perdón, y la gloria en la eterna. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Coloquio

Sangre Preciosísima de mi Jesús, ¡qué aliento me comunicáis para sufrir con paciencia las cruces que incesantemente se encuentran en este miserable destierro y que tanto he merecido yo por mis pecados! El ejemplo que me ha dado Jesús y el mérito que ha adquirido en la efusión de esa Sangre Preciosa, será siempre para mí un poderoso aliciente para padecer y sufrir. El inocente ha querido morir derramando su Sangre en una cruz para merecerme, a mí pecador, una gloria eterna. Ha bebido el cáliz amargo de tantas penas para endulzar mis aflicciones. Y ¿rehusaré yo las cruces? No, no conviene, Jesús mío, que yo vaya por otro sendero que por el del Calvario que vos habéis andado por mí. ¡Oh Cruz preciosa! repetiré yo también, recibid al discípulo como habéis recibido al Maestro cuyo ejemplo y palabras me enseñan a sufrir. No dejéis de castigarme con vuestra tierna mano, que yo no cesaré de besarla, porque si ella me castiga, es para mí salvación; dadme qué sufrir, y estaré satisfecho. «Quemad, cortad, diré con San Agustín, no me perdonéis aquí, para que me perdonéis en la eternidad.»

Ejemplo de la vida de un santo

Por medio de grandes tribulaciones probó el Señor e hizo más perfecta la virtud de San Eleazaro, conde de Ariane. Fue injustamente despojado de sus bienes, ignominiosamente degradado de sus honores y sujeto a otros males y padecimientos muy crueles. Sin embargo, en medio de tantas amarguras jamás se le vio dar ninguna señal de turbación, jamás se permitió una queja y menos un movimiento de impaciencia; esta tranquilidad de alma maravillaba a todos los que le observaban. Un día, la condesa Delfina, su esposa, le pidió explicaciones acerca de semejante resignación, y la respondió: «Cuando sobreviene alguna contrariedad me oculto en las llagas de Jesucristo; reflexiono cuánto ha sufrido el Señor por mí y no salgo de estas reflexiones sin que sus heridas y su Sangre me hayan endulzado y aligerado todas mis penas.»

Jaculatoria

Padre Eterno, te ofrezco la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo en expiación por nuestros pecados y por las necesidades de la Santa Iglesia.

(Rezar la cantidad de veces que se quiera)

Letanías

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo óyenos.

Cristo escúchanos.

Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.

Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.

Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.

Santa Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.

Sangre de Cristo, hijo único del Padre Eterno, sálvanos

Sangre de Cristo, Verbo encarnado,

Sangre de Cristo, Nuevo y Antiguo Testamento,

Sangre de Cristo, derramada sobre la tierra durante su agonía,

Sangre de Cristo, vertida en la flagelación.

Sangre de Cristo, que emanó de la corona de espinas,

Sangre de Cristo, derramada sobre la Cruz,

Sangre de Cristo, precio de nuestra salvación,

Sangre de Cristo, sin la cual no puede haber remisión,

Sangre de Cristo, alimento eucarístico y purificación de las almas,

Sangre de Cristo, manantial de misericordia,

Sangre de Cristo, victoria sobre los demonios,

Sangre de Cristo, fuerza de los mártires,

Sangre de Cristo, virtud de los confesores,

Sangre de Cristo, fuente de virginidad,

Sangre de Cristo sostén de los que están en peligro.

Sangre de Cristo, alivio de los que sufren,

Sangre de Cristo, consolación en las penas,

Sangre de Cristo, espíritu de los penitentes,

Sangre de Cristo, auxilio de los moribundos,

Sangre de Cristo, paz y dulzura de los corazones,

Sangre de Cristo, prenda de la vida eterna,

Sangre de Cristo que libera a las almas del Purgatorio,

Sangre de Cristo, digna de todo honor y de toda gloria,


Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, escúchanos Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.


V.- Nos rescataste, Señor, por tu Sangre.

R.- E hiciste nuestro el reino de los cielos.


Oremos: Dios Eterno y Todopoderoso que constituiste a tu hijo único Redentor del mundo, y que quisiste ser apaciguado por su sangre, haz que venerando el precio de nuestra salvación y estando protegidos por él sobre la tierra contra los males de esta vida, recojamos la recompensa eterna en el Cielo.

Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

Je prends un instant pour méditer toutes ces choses dans mon cœur (cf Luc 2,19)

Que vos paroles soient toujours bienveillantes, qu’elles ne manquent pas de sel, vous saurez ainsi répondre à chacun comme il faut. Col 4 : 6

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