12-La Preciosísima Sangre nos fortifica en el Sacramento de la Extremaunción

Oración de Santa María Magdalena de Pazzi y Acto de Contrición

Padre Eterno, cubre mis labios con la Preciosísima Sangre de tu amado Hijo, de manera que mis oraciones sean purificadas antes de ascender a tu divino altar.

Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todos mis pecados y los aborrezco, porque al pecar, no sólo merezco las penas establecidas por ti justamente, sino principalmente porque te ofendí, a ti sumo Bien y digno de amor por encima de todas las cosas. Por eso propongo firmemente, con ayuda de tu gracia, no pecar más en adelante y huir de toda ocasión de pecado.

Amén

Reflexión sobre la obra redentora del Señor

Preveía muy bien nuestro divino Redentor las agonías, inquietudes, aflicciones y dolores en que se encuentran las almas en los momentos de la separación de sus cuerpos; sabía bien cuáles son sus necesidades en el momento de la muerte, momento terrible del que depende la eternidad. Por esto quiso tomar sobre sí mismo penosas tristezas y una mortal agonía; durante tres horas continuas quiso quedar crucificado y agonizante, abandonado aun de su Padre celestial y a merced de sus bárbaros perseguidores. Quiso derramar su Sangre Preciosísima, por decirlo así hasta la última gota, sobre el duro madero de la Cruz a fin de prepararnos para el momento de la muerte un Sacramento de consuelo y de gracia, la Extremaunción.
Por ella no solamente se borran las reliquias del pecado, y no sólo se nos concede la salud del cuerpo, si es necesaria a nuestra alma, sino que además comunica un gran consuelo al enfermo, le da fuerza y valor para resistir las tentaciones diabólicas, para sufrir con paciencia las incomodidades del mal que le atormenta, y le facilita un tránsito feliz a la eterna bienaventuranza.
¿Pudo hacer más por el bien de las almas nuestro amabilísimo Salvador? ¡Pensad, pensad únicamente cuánta Sangre, cuántas penas y tormentos ha costado este Sacramento! ¡Oh! ¿Quién puede comprender las desolaciones de espíritu, las tristezas y las penas sufridas en la Cruz?
Penetra, alma mía, en el Corazón amantísimo del Señor crucificado y contempla cuáles debieron ser los dolores ofrecidos por Él en el Calvario, para que pudiesen merecernos tan eficaces consolaciones en el artículo de la muerte.
Las horribles blasfemias que oía en aquel monte, la dureza de corazón del ladrón impenitente, la ingratitud de los hombres que preveía, el dolor que partía el Corazón de su madre y la amargura de sus lágrimas, eran otras tantas puntas aceradas que traspasaban su Corazón. La sed ardiente que le atormentaba, el abandono de su Eterno Padre, ¡qué de dolorosas sensaciones!
Y en ese instante mismo, con la efusión de su Preciosísima Sangre, preparó este Sacramento que, en el momento de nuestra muerte, endulza nuestras penas y las hace meritorias para la vida eterna.
Ha tomado para sí la más triste amargura de los terrores de la muerte para hacer la nuestra dulce y preciosa. Ha hecho de este Sacramento como un vaso sagrado lleno de su Sangre; y la virtud de las gracias que confiere es tal, que el mérito y la satisfacción ganadas por Jesucristo con su propia Sangre se aplicarán a cada fiel que le reciba dignamente; es libre para ofrecerle por sí mismo como si hubiese satisfecho con sus propias acciones y sufrimientos y por sus propias faltas a la justicia eterna.
¡Ah! Jesús mío, ¡qué incomprensible es esta caridad! Razón tenéis en decir sobre la Cruz, “todo se ha cumplido”; porque ¿podías hacer más por nuestro amor que prepararnos así por la efusión de vuestra Sangre tantos auxilios eficaces para nuestra vida y para nuestra muerte?
Pero, ¿podremos decir en el artículo de la muerte consummatum est, todo lo hemos cumplido? ¡Ay! Si no hacemos durante la vida el bien que pedís de nuestras almas, si no observamos constantemente vuestra santa ley, si desde ahora no llenamos nuestros deberes, ¿cómo podremos repetir a la hora de la muerte consummatum est?
Ea, pues, alma mía, haz desde este momento, y durante toda la vida, el bien que en el artículo de la muerte querrías haber hecho.

Rosario a las Santas Llagas/Rosario de la Preciosísima Sangre (A elección)

(Se usa un rosario normal, se presentan en paralelo)

Al inicio:

Oh Jesús, divino redentor, sé misericordioso con nosotros y con el mundo entero. Amén

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Amén

¡Perdón! ¡Misericordia, Jesús mío!; durante los peligros presentes, cúbrenos con tu preciosa sangre. Amén

Padre Eterno, ten Piedad y Misericordia por la Sangre de Jesucristo, Tu Único Hijo. Ten Misericordia de nosotros, Te suplicamos.

Amén. Amén. Amén.

Cuentas grandes:

Bendita sea la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, que con ella nos redimió.

/

Padre Eterno, te ofrezco las Santas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, para sanar las llagas de nuestras almas.

Cuentas pequeñas:

Preciosísima Sangre de Cristo, lávanos. Preciosísima Sangre de Cristo, defiéndenos.

/

Jesús mío, perdón y misericordia, por los méritos de tus Santas Llagas.

Cadena:

Jesucristo, aplaca tu ira, tu justicia y tu rigor. Líbranos de esta epidemia, misericordia Señor.

/

María, madre llena de aflicción, las llagas de tu Hijo graba en mi corazón.

Al finalizar:

Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

/

Padre Eterno, te ofrezco las Santas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, para sanar las llagas de nuestras almas (3 veces).

Gozos (Opcional)

Pues morís, Padre y Señor,

En una Cruz afrentosa,

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Esposo de sangre hermoso,

Que en vuestra Circuncisión,

Con ternura y compasión

La derramáis cariñoso:

Y aunque tierno y amoroso

Lloráis por el pecador:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Entre el huerto de las penas,

Entre angustias y agonías,

Dais amante por mil vías

La Sangre de vuestras venas:

Y pues con dulces cadenas

Rendís nuestro desamor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Ríos de Sangre corrieron

De vuestro Cuerpo sagrado,

Cuando a golpes maltratado

Con tanto azote le hirieron:

Todo una llaga os hicieron,

Siendo el hombre el ofensor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Vos de espinas coronado

Tanta Sangre derramáis,

Que casi, mi bien, cegáis,

Todo el rostro ensangrentado:

Y pues tierno y lastimado

Pagáis por vuestro deudor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Al llegar desfallecido

Y sin aliento al Calvario,

Un aleve y temerario

Os arrebata el vestido:

Piel y Sangre, mal herido,

Nos dais en este rigor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Clavos son nuestros delitos,

Que en una Cruz os fijaron,

Y pies y manos rasgaron

Con dolores exquisitos:

La sangre de Abel da gritos

En favor de su agresor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Difunta vuestra hermosura,

Un ciego, el más atrevido,

El dulce pecho os ha herido,

Derramando con ternura

Raudales de gran dulzura

La Fuente del Salvador:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Pues morís, Padre y Señor,

En una Cruz afrentosa,

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.

 

℣. Nos redimiste, Señor, con tu Sangre.

℟. Y nos hiciste un reino para tu Padre y Dios nuestro.


ORACIÓN: Omnipotente y Eterno Dios, que por la Preciosa Sangre de tu Hijo quisiste aplacarte y redimirnos, concédenos te suplicamos, recordarte el precio de nuestra Redención, para que merezcamos alcanzar en esta vida el perdón, y la gloria en la eterna. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Coloquio

Jesús mío crucificado, ¡qué lecciones tan grandes me dais desde lo alto de la cátedra de la verdad y sabiduría! ¡Qué paciencia, qué caridad, qué profunda humildad se enseña en vuestra escuela! Vos Hijo de Dios, inocente, santo y sin mancha, Vos morís en medio de los más agudos tormentos, salpicando vuestra Sangre por todas partes, a fin de merecer para consolarme a mí, pecador que soy, en el instante de mi muerte los socorros poderosos de vuestra divina gracia. Vos apuráis el cáliz amargo de tantos dolores, derramáis con tanta abundancia vuestra Sangre para conseguirme una buena muerte y un dichoso tránsito a la eternidad; y yo hasta ahora, ¿qué he hecho para disponerme al momento, inevitable y terrible a un mismo tiempo, del que depende o mi eterna felicidad, o mi eterna perdición? ¡Oh Dios mío! por la Sangre Preciosísima, concededme desde este día la gracia de prepararme para el momento último con el ejercicio de las buenas obras; haced que mi alma fortificada con los Santos Sacramentos, en virtud de esa Sangre de salvación, respire en vuestro Sagrado Corazón, para que bañada en ella vaya algún día a alabaros en el Cielo.

Ejemplo de la vida de un santo

San Camilo de Lelis, devotísimo de la Sangre del Jesucristo, hallaba grande consuelo en su última enfermedad en tener delante de su vista una imagen de Jesús crucificado, de la que él mismo había dado el diseño. La Sangre salía en gran cantidad de sus llagas, una multitud de Ángeles la recogían en cálices y la presentaban al Eterno Padre. El Santo, a vista de esto, sentía grande alivio, y en aquellos últimos momentos de su vida, se excitaba a una esperanza más viva de la salvación eterna.

Jaculatoria

Padre Eterno, te ofrezco la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo en expiación por nuestros pecados y por las necesidades de la Santa Iglesia.

(Rezar la cantidad de veces que se quiera)

Letanías

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo óyenos.

Cristo escúchanos.

Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.

Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.

Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.

Santa Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.

Sangre de Cristo, hijo único del Padre Eterno, sálvanos

Sangre de Cristo, Verbo encarnado,

Sangre de Cristo, Nuevo y Antiguo Testamento,

Sangre de Cristo, derramada sobre la tierra durante su agonía,

Sangre de Cristo, vertida en la flagelación.

Sangre de Cristo, que emanó de la corona de espinas,

Sangre de Cristo, derramada sobre la Cruz,

Sangre de Cristo, precio de nuestra salvación,

Sangre de Cristo, sin la cual no puede haber remisión,

Sangre de Cristo, alimento eucarístico y purificación de las almas,

Sangre de Cristo, manantial de misericordia,

Sangre de Cristo, victoria sobre los demonios,

Sangre de Cristo, fuerza de los mártires,

Sangre de Cristo, virtud de los confesores,

Sangre de Cristo, fuente de virginidad,

Sangre de Cristo sostén de los que están en peligro.

Sangre de Cristo, alivio de los que sufren,

Sangre de Cristo, consolación en las penas,

Sangre de Cristo, espíritu de los penitentes,

Sangre de Cristo, auxilio de los moribundos,

Sangre de Cristo, paz y dulzura de los corazones,

Sangre de Cristo, prenda de la vida eterna,

Sangre de Cristo que libera a las almas del Purgatorio,

Sangre de Cristo, digna de todo honor y de toda gloria,


Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, escúchanos Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.


V.- Nos rescataste, Señor, por tu Sangre.

R.- E hiciste nuestro el reino de los cielos.


Oremos: Dios Eterno y Todopoderoso que constituiste a tu hijo único Redentor del mundo, y que quisiste ser apaciguado por su sangre, haz que venerando el precio de nuestra salvación y estando protegidos por él sobre la tierra contra los males de esta vida, recojamos la recompensa eterna en el Cielo.

Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

Je prends un instant pour méditer toutes ces choses dans mon cœur (cf Luc 2,19)

Que vos paroles soient toujours bienveillantes, qu’elles ne manquent pas de sel, vous saurez ainsi répondre à chacun comme il faut. Col 4 : 6

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