9-La Preciosísima Sangre nos fortifica en el Sacramento de la Confirmación

Oración de Santa María Magdalena de Pazzi y Acto de Contrición

Padre Eterno, cubre mis labios con la Preciosísima Sangre de tu amado Hijo, de manera que mis oraciones sean purificadas antes de ascender a tu divino altar.

Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todos mis pecados y los aborrezco, porque al pecar, no sólo merezco las penas establecidas por ti justamente, sino principalmente porque te ofendí, a ti sumo Bien y digno de amor por encima de todas las cosas. Por eso propongo firmemente, con ayuda de tu gracia, no pecar más en adelante y huir de toda ocasión de pecado.

Amén

Reflexión sobre la obra redentora del Señor

La vida del hombre sobre la tierra es una continua milicia, y es necesario pelear hasta la muerte para conseguir la corona de la gloria eterna, dice el Señor a un obispo en el Apocalipsis. La debilidad y la flaqueza de la carne nos acompaña hasta el sepulcro; los grandes peligros son frecuentes, los asaltos del enemigo continuos, vivas las pasiones, y jamás dejan de combatirnos; tenemos que pelear con un mundo engañoso que con sus vanidades nos tiende lazos por todas partes; tenemos que vencer una carne rebelde que hace siempre la guerra al espíritu; tenemos un león furibundo que aterrar, que es el demonio que incesantemente nos busca para devorarnos.
Por esta razón previendo nuestro Redentor los peligros y asaltos que de nuestra parte habíamos de experimentar, quiso fortificarnos con un Sacramento que nos proveyese de armas para pelear y vencer, y este Sacramento es la Confirmación.
Mas ¿de dónde toma su eficacia sino de la Sangre omnipotente derramada por Jesús, y que tan temida es de todo el infierno? La agonía que ha sufrido, sus mortales tristezas, el sudor de Sangre vertido en el Huerto, he aquí lo que constituye el valor de los mártires, la fuerza de los combatientes, el triunfo de los vencedores; y si no sucumbimos en las tentaciones tan multiplicadas, lo debemos a esta Sangre cuya virtud es infinita, como dice San León el Grande.
¡Oh eficacia admirable de esta Sangre divina! ¿Quién no experimenta una completa confianza invocándola? ¡Oh sangre! ¡Qué terrible eres a los demonios! Tú eres el escudo inexpugnable que hace caer a nuestros lados los dardos inflamados de los más poderosos enemigos.
¿Cuál es la causa de que por momentos experimentemos en nosotros tan grande flaqueza, que una ligera tentación baste para hacernos caer? ¿Por qué cedemos tan fácilmente a una pasión mala que se levanta en el fondo de nuestro corazón?
¡Ah! ¡Demasiado lo sé! consiste en que olvidamos a Jesucristo y sus padecimientos, en que por un vil respeto humano deponemos las armas de que el Salvador nos ha revestido en la Confirmación; porque no recurrimos con el alma y el corazón a su Sangre omnipotente. ¿Qué fuerza no experimentaría en ella nuestra alma, si en las tentaciones invocase la Sangre Preciosísima de Jesús, si a Ella recurriese y la implorase?
¿Qué pruebas no han soportado tantos niños inocentes y tantas vírgenes armadas de esta Sangre? Asombraron a los tiranos, triunfaron de los más rudos asaltos, soportaron los tormentos más atroces; pues a la Sangre de Jesús debieron sus victorias. Y nosotros, por el contrario, somos tan débiles que por una mira terrena, que por temor de disgustar a los hombres y ser despreciados del mundo nos avergonzamos frecuentemente de aparecer servidores de Jesucristo y obramos el mal contra el grito de nuestra propia conciencia y con el pleno conocimiento de que no procedemos como cristianos.
¡Oh deplorable flaqueza! ¡Oh conducta horrible y despreciable! Acordémonos de que somos soldados de Cristo, acordémonos de qué armas nos ha revestido Jesús por medio de su Sangre omnipotente en el Sacramento de la Confirmación, y cómo el sagrado Pastor nos ha marcado con el signo adorable de la Cruz de Jesucristo que nos hace terribles al infierno todo.

Rosario a las Santas Llagas/Rosario de la Preciosísima Sangre (A elección)

(Se usa un rosario normal, se presentan en paralelo)

Al inicio:

Oh Jesús, divino redentor, sé misericordioso con nosotros y con el mundo entero. Amén

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Amén

¡Perdón! ¡Misericordia, Jesús mío!; durante los peligros presentes, cúbrenos con tu preciosa sangre. Amén

Padre Eterno, ten Piedad y Misericordia por la Sangre de Jesucristo, Tu Único Hijo. Ten Misericordia de nosotros, Te suplicamos.

Amén. Amén. Amén.

Cuentas grandes:

Bendita sea la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, que con ella nos redimió.

/

Padre Eterno, te ofrezco las Santas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, para sanar las llagas de nuestras almas.

Cuentas pequeñas:

Preciosísima Sangre de Cristo, lávanos. Preciosísima Sangre de Cristo, defiéndenos.

/

Jesús mío, perdón y misericordia, por los méritos de tus Santas Llagas.

Cadena:

Jesucristo, aplaca tu ira, tu justicia y tu rigor. Líbranos de esta epidemia, misericordia Señor.

/

María, madre llena de aflicción, las llagas de tu Hijo graba en mi corazón.

Al finalizar:

Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

/

Padre Eterno, te ofrezco las Santas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, para sanar las llagas de nuestras almas (3 veces).

Gozos (Opcional)

Pues morís, Padre y Señor,

En una Cruz afrentosa,

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Esposo de sangre hermoso,

Que en vuestra Circuncisión,

Con ternura y compasión

La derramáis cariñoso:

Y aunque tierno y amoroso

Lloráis por el pecador:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Entre el huerto de las penas,

Entre angustias y agonías,

Dais amante por mil vías

La Sangre de vuestras venas:

Y pues con dulces cadenas

Rendís nuestro desamor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Ríos de Sangre corrieron

De vuestro Cuerpo sagrado,

Cuando a golpes maltratado

Con tanto azote le hirieron:

Todo una llaga os hicieron,

Siendo el hombre el ofensor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Vos de espinas coronado

Tanta Sangre derramáis,

Que casi, mi bien, cegáis,

Todo el rostro ensangrentado:

Y pues tierno y lastimado

Pagáis por vuestro deudor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Al llegar desfallecido

Y sin aliento al Calvario,

Un aleve y temerario

Os arrebata el vestido:

Piel y Sangre, mal herido,

Nos dais en este rigor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Clavos son nuestros delitos,

Que en una Cruz os fijaron,

Y pies y manos rasgaron

Con dolores exquisitos:

La sangre de Abel da gritos

En favor de su agresor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Difunta vuestra hermosura,

Un ciego, el más atrevido,

El dulce pecho os ha herido,

Derramando con ternura

Raudales de gran dulzura

La Fuente del Salvador:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Pues morís, Padre y Señor,

En una Cruz afrentosa,

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.

 

℣. Nos redimiste, Señor, con tu Sangre.

℟. Y nos hiciste un reino para tu Padre y Dios nuestro.


ORACIÓN: Omnipotente y Eterno Dios, que por la Preciosa Sangre de tu Hijo quisiste aplacarte y redimirnos, concédenos te suplicamos, recordarte el precio de nuestra Redención, para que merezcamos alcanzar en esta vida el perdón, y la gloria en la eterna. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Coloquio

¡Oh Jesús mío, que sois la fortaleza de nuestros corazones, ahora veo bien la causa de mis caídas! he olvidado esa Sangre Preciosísima que habéis vertido para fortificarme en el combate que tengo que sostener con mis enemigos espirituales; no he profesado una devoción sincera y afectuosa a esa Sangre divina; me he fiado de mis débiles fuerzas, me he expuesto a los peligros, y por esto he sucumbido miserablemente. Mas ahora renuevo en mi alma la confianza reflexionando sobre vuestra misericordia siempre pronta a perdonar; y pensando continuamente que está preparada esa Sangre, pues que nunca cesáis de ofrecerla a vuestro Eterno Padre hasta por los mismos pecadores. Sí, lo sé, estoy bien persuadido de que no merezco perdón después de haber sido tan ingrato; pero hoy vuestra Sangre le pide por mí. ¡Ah! ¡No! no podéis menos de escuchar tan tiernas voces, las voces de la misericordia y de la gracia, y a ellas uno también la mía: os pido misericordia por esa Sangre Preciosísima que habéis derramado por mí. Ella es suficiente para borrar todas las manchas de mis pecados, para fortificarme y hacerme inexpugnable a los asaltos de mis enemigos; aquí reside mi fuerza, con esto espero vencer en la vida y en la muerte, y subir a los Cielos para celebrar en ellos eternamente vuestras misericordias.

Ejemplo de la vida de un santo

Jamás se olvidará en los fastos de la Iglesia el valor del glorioso mártir San Lorenzo que aun en medio de los suplicios impugnaba al tirano; ¡tan insensible se había hecho a los tormentos desde el momento en que se trataba de sostener la fe! Pues bien, esta fuerza, este valor le venía de la Sangre preciosísima de Jesucristo, de la cual era fiel dispensador, encargado en aquel tiempo de distribuirla a los fieles: Cui commisisti dominici Sanguinis dispensationem, como dijo él mismo al Pontífice San Sixto, para dar a entender con esto cuán dispuesto estaba para sufrir el martirio; y embriagado con esta Sangre divina, lleno de un valor heroico, dio su sangre y su vida por Jesucristo en medio de carbones encendidos, confirmando con su muerte la fe que había predicado.

Jaculatoria

Padre Eterno, te ofrezco la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo en expiación por nuestros pecados y por las necesidades de la Santa Iglesia.

(Rezar la cantidad de veces que se quiera)

Letanías

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo óyenos.

Cristo escúchanos.

Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.

Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.

Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.

Santa Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.

Sangre de Cristo, hijo único del Padre Eterno, sálvanos

Sangre de Cristo, Verbo encarnado,

Sangre de Cristo, Nuevo y Antiguo Testamento,

Sangre de Cristo, derramada sobre la tierra durante su agonía,

Sangre de Cristo, vertida en la flagelación.

Sangre de Cristo, que emanó de la corona de espinas,

Sangre de Cristo, derramada sobre la Cruz,

Sangre de Cristo, precio de nuestra salvación,

Sangre de Cristo, sin la cual no puede haber remisión,

Sangre de Cristo, alimento eucarístico y purificación de las almas,

Sangre de Cristo, manantial de misericordia,

Sangre de Cristo, victoria sobre los demonios,

Sangre de Cristo, fuerza de los mártires,

Sangre de Cristo, virtud de los confesores,

Sangre de Cristo, fuente de virginidad,

Sangre de Cristo sostén de los que están en peligro.

Sangre de Cristo, alivio de los que sufren,

Sangre de Cristo, consolación en las penas,

Sangre de Cristo, espíritu de los penitentes,

Sangre de Cristo, auxilio de los moribundos,

Sangre de Cristo, paz y dulzura de los corazones,

Sangre de Cristo, prenda de la vida eterna,

Sangre de Cristo que libera a las almas del Purgatorio,

Sangre de Cristo, digna de todo honor y de toda gloria,


Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, escúchanos Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.


V.- Nos rescataste, Señor, por tu Sangre.

R.- E hiciste nuestro el reino de los cielos.


Oremos: Dios Eterno y Todopoderoso que constituiste a tu hijo único Redentor del mundo, y que quisiste ser apaciguado por su sangre, haz que venerando el precio de nuestra salvación y estando protegidos por él sobre la tierra contra los males de esta vida, recojamos la recompensa eterna en el Cielo.

Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

Je prends un instant pour méditer toutes ces choses dans mon cœur (cf Luc 2,19)

Que vos paroles soient toujours bienveillantes, qu’elles ne manquent pas de sel, vous saurez ainsi répondre à chacun comme il faut. Col 4 : 6

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Mes a la Preciosísima Sangre de Jesús