26-El derramamiento de la Preciosísima Sangre en la Coronación de Espinas

Oración de Santa María Magdalena de Pazzi y Acto de Contrición

Padre Eterno, cubre mis labios con la Preciosísima Sangre de tu amado Hijo, de manera que mis oraciones sean purificadas antes de ascender a tu divino altar.

Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todos mis pecados y los aborrezco, porque al pecar, no sólo merezco las penas establecidas por ti justamente, sino principalmente porque te ofendí, a ti sumo Bien y digno de amor por encima de todas las cosas. Por eso propongo firmemente, con ayuda de tu gracia, no pecar más en adelante y huir de toda ocasión de pecado.

Amén

Reflexión sobre la obra redentora del Señor

No satisfechos los verdugos con haber cruelmente azotado al divino Redentor, hallaron medio de atormentarle allí donde no habían podido alcanzar sus varas, e impulsados por la barbarie más feroz, formaron una corona de agudas espinas; la hicieron entrar en su cabeza con tanta fuerza, que con los tormentos más inauditos llegó hasta sus sienes e hizo saltar de ellas Sangre. Ved aquí lo que han producido los pensamientos depravados de los hombres; el pecador jamás se harta; si no puede pecar por sus obras, entonces con el pensamiento y el deseo bebe como agua la iniquidad. Amable Redentor mío, Vos que teníais presente en vuestro espíritu todos los pecados del mundo, los presentes, los pasados y los futuros: «la voz de mis iniquidades ha alejado mi salud;» percibíais entonces el número y la enormidad de los pecados que se cometen con el pensamiento, veíais cómo el espíritu soberbio se embriaga en sus grandezas ambiciosas y cómo de un corazón depravado salen los odiosos pensamientos que manchan el espíritu. Todos los miembros, pues, de vuestro cuerpo estaban afligidos por el tormento de los azotes que sufríais entonces, y de ese modo dabais satisfacción a la Justicia divina por los pecados cometidos por obra. Sola la cabeza estaba exenta de los golpes, y ahora permitís que sea traspasada con las espinas más agudas, y con la Sangre Preciosa que corre por vuestro rostro adorable laváis las iniquidades de nuestro espíritu. ¡Oh inmenso amor que os ha hecho sufrir tantos tormentos por nuestros pecados!
Venid, almas devotas de la Sangre Preciosa de Jesús; venid a ver al pacífico Salomón coronado por su madre, es decir, por la pérfida sinagoga y la nación hebrea, de donde traía su origen según la carne, coronado, digo, de ignominia y de dolores; ved cómo desde su sagrada cabeza corre la Sangre por todas partes. ¿Cómo nuestro corazón puede sufrir semejante vista de Jesucristo así traspasado y ensangrentado? Sabed, sin embargo, que esta corona de desprecio y dolor la ha llevado con gozo y alegría por amor de la Iglesia su Esposa. Porque en este mismo día, muriendo por Ella, consumó con Ella y selló con su Sangre la alianza eterna y la unión indisoluble que contaría con Él en la muerte. Venid, pues, a contemplar el maravilloso espectáculo de un rey pacífico, y considerad los misterios de su caridad; abandonemos, pues, el reino de la muerte y la casa del pecado; humillemos nuestro orgullo, libremos nuestro espíritu de los malos pensamientos, y regocijémonos, si alguna vez podemos participar de sus humillaciones. Aprendamos de su ejemplo a renunciar al mundo, a detestar de espíritu y corazón todas sus vanidades, sus costumbres, sus máximas tan opuestas a la humillación de Jesús; y pues que Él fue aborrecido del mundo, sea nuestra gloria y nuestro consuelo sufrir las contradicciones y los desprecios de los insensatos amigos del mundo.

Rosario a las Santas Llagas/Rosario de la Preciosísima Sangre (A elección)

(Se usa un rosario normal, se presentan en paralelo)

Al inicio:

Oh Jesús, divino redentor, sé misericordioso con nosotros y con el mundo entero. Amén

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Amén

¡Perdón! ¡Misericordia, Jesús mío!; durante los peligros presentes, cúbrenos con tu preciosa sangre. Amén

Padre Eterno, ten Piedad y Misericordia por la Sangre de Jesucristo, Tu Único Hijo. Ten Misericordia de nosotros, Te suplicamos.

Amén. Amén. Amén.

Cuentas grandes:

Bendita sea la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, que con ella nos redimió.

/

Padre Eterno, te ofrezco las Santas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, para sanar las llagas de nuestras almas.

Cuentas pequeñas:

Preciosísima Sangre de Cristo, lávanos. Preciosísima Sangre de Cristo, defiéndenos.

/

Jesús mío, perdón y misericordia, por los méritos de tus Santas Llagas.

Cadena:

Jesucristo, aplaca tu ira, tu justicia y tu rigor. Líbranos de esta epidemia, misericordia Señor.

/

María, madre llena de aflicción, las llagas de tu Hijo graba en mi corazón.

Al finalizar:

Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

/

Padre Eterno, te ofrezco las Santas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, para sanar las llagas de nuestras almas (3 veces).

Gozos (Opcional)

Pues morís, Padre y Señor,

En una Cruz afrentosa,

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Esposo de sangre hermoso,

Que en vuestra Circuncisión,

Con ternura y compasión

La derramáis cariñoso:

Y aunque tierno y amoroso

Lloráis por el pecador:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Entre el huerto de las penas,

Entre angustias y agonías,

Dais amante por mil vías

La Sangre de vuestras venas:

Y pues con dulces cadenas

Rendís nuestro desamor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Ríos de Sangre corrieron

De vuestro Cuerpo sagrado,

Cuando a golpes maltratado

Con tanto azote le hirieron:

Todo una llaga os hicieron,

Siendo el hombre el ofensor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Vos de espinas coronado

Tanta Sangre derramáis,

Que casi, mi bien, cegáis,

Todo el rostro ensangrentado:

Y pues tierno y lastimado

Pagáis por vuestro deudor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Al llegar desfallecido

Y sin aliento al Calvario,

Un aleve y temerario

Os arrebata el vestido:

Piel y Sangre, mal herido,

Nos dais en este rigor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Clavos son nuestros delitos,

Que en una Cruz os fijaron,

Y pies y manos rasgaron

Con dolores exquisitos:

La sangre de Abel da gritos

En favor de su agresor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Difunta vuestra hermosura,

Un ciego, el más atrevido,

El dulce pecho os ha herido,

Derramando con ternura

Raudales de gran dulzura

La Fuente del Salvador:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Pues morís, Padre y Señor,

En una Cruz afrentosa,

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.

 

℣. Nos redimiste, Señor, con tu Sangre.

℟. Y nos hiciste un reino para tu Padre y Dios nuestro.


ORACIÓN: Omnipotente y Eterno Dios, que por la Preciosa Sangre de tu Hijo quisiste aplacarte y redimirnos, concédenos te suplicamos, recordarte el precio de nuestra Redención, para que merezcamos alcanzar en esta vida el perdón, y la gloria en la eterna. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Coloquio

Jesús pacientísimo, ¿qué parte de vuestro cuerpo estuvo exenta de dolores y tormentos? Sólo la cabeza se había librado de los azotes; más ahora ya la veo taladrada; ya veo la Sangre que brotan fuentes tan numerosas como las puntas de esas agudas espinas de que está traspasada. La maldición de la tierra, condenada a no producir más que espinas y abrojos, fue la pena impuesta al orgullo de Adán que tenía la pretensión de ser semejante a Vos. Más esta pena sois Vos quien ahora la sufre y vuestra cabeza sagrada quien está agobiada con ella a fin de salir al encuentro de mis malos pensamientos. Mi corazón, lo confieso con el profeta Joel, mi corazón es un valle de espinas y abrojos; los malos pensamientos le despedazan continuamente y le hieren y golpean de mil maneras. ¡Dios mío! haced que esas espinas que traspasan vuestra frente, empapadas en Sangre divina, hagan caer gota a gota sobre mi cabeza un precioso licor que la purifique de todo pensamiento vicioso; que esas espinas traspasen y desgarren mi corazón, y que en esta situación comprenda que bajo una cabeza coronada de espinas no debe haber miembro alguno delicado: sub capiti espinoso non decet membrum esse delicatum.

Ejemplo de la vida de un santo

La bienaventurada Santa Rita de Casia, del orden de San Agustín, muy devota de la Pasión de Jesucristo, maceraba continuamente su cuerpo con vigilias, ayunos, cilicios y particularmente con las espinas que tenía cuidado de poner entre su túnica. Desde media noche hasta la salida del sol se entregaba a la contemplación de Jesús crucificado. Un día que lo efectuó con más atención que nunca, postrada a los pies del Crucifijo, permitió Dios que una espina de la corona de Jesús viniese a herir su frente, de lo cual la resultó una llaga indeleble que, como un favor indecible, conservó hasta la muerte. Solamente el año Santo, como desease ir a Roma con las demás religiosas para conseguir las santas indulgencias, se cerró; pero apenas regresó a su monasterio se abrió de nuevo, y no volvió a cerrarse durante el resto de su vida. La santa miraba como el colmo de toda dicha el poder participar de una de las heridas causadas por las espinas que hicieron derramar tanta Sangre a su amable Salvador.

Jaculatoria

Padre Eterno, te ofrezco la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo en expiación por nuestros pecados y por las necesidades de la Santa Iglesia.

(Rezar la cantidad de veces que se quiera)

Letanías

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo óyenos.

Cristo escúchanos.

Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.

Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.

Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.

Santa Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.

Sangre de Cristo, hijo único del Padre Eterno, sálvanos

Sangre de Cristo, Verbo encarnado,

Sangre de Cristo, Nuevo y Antiguo Testamento,

Sangre de Cristo, derramada sobre la tierra durante su agonía,

Sangre de Cristo, vertida en la flagelación.

Sangre de Cristo, que emanó de la corona de espinas,

Sangre de Cristo, derramada sobre la Cruz,

Sangre de Cristo, precio de nuestra salvación,

Sangre de Cristo, sin la cual no puede haber remisión,

Sangre de Cristo, alimento eucarístico y purificación de las almas,

Sangre de Cristo, manantial de misericordia,

Sangre de Cristo, victoria sobre los demonios,

Sangre de Cristo, fuerza de los mártires,

Sangre de Cristo, virtud de los confesores,

Sangre de Cristo, fuente de virginidad,

Sangre de Cristo sostén de los que están en peligro.

Sangre de Cristo, alivio de los que sufren,

Sangre de Cristo, consolación en las penas,

Sangre de Cristo, espíritu de los penitentes,

Sangre de Cristo, auxilio de los moribundos,

Sangre de Cristo, paz y dulzura de los corazones,

Sangre de Cristo, prenda de la vida eterna,

Sangre de Cristo que libera a las almas del Purgatorio,

Sangre de Cristo, digna de todo honor y de toda gloria,


Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, escúchanos Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.


V.- Nos rescataste, Señor, por tu Sangre.

R.- E hiciste nuestro el reino de los cielos.


Oremos: Dios Eterno y Todopoderoso que constituiste a tu hijo único Redentor del mundo, y que quisiste ser apaciguado por su sangre, haz que venerando el precio de nuestra salvación y estando protegidos por él sobre la tierra contra los males de esta vida, recojamos la recompensa eterna en el Cielo.

Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

"Guardava todas essas coisas no seu coração e pensava muito nelas". Lucas 2:19

"Que as suas conversas sejam sempre agradáveis e de bom gosto, e que vocês saibam também como responder a cada pessoa". Colossenses 4:6

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