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Padre pío y los ángeles de la guarda

Padre pío y los ángeles de la guarda

El Padre Pío es bastante conocido por su vida enmarcada en una intensa relación con el Cielo, lo cual sucedió desde su infancia. De hecho, su experiencia de tener una relación con los ángeles y en especial con su ángel de la guarda es muy enriquecedora.

El Padre Pío nos ofrece su experiencia para ayudarnos espiritualmente, lo cual es una herramienta muy útil no solo para cada uno de nosotros, sino también para toda la sociedad, que actualmente necesita una intervención misericordiosa de la Providencia.

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El Padre Pío y su ángel de la guarda

Desde los cinco años, el Padre Pío empezó a ver a su ángel de la guarda y hablaba con él; en su sencillez e inocencia, creyó que todo el mundo era como él. Desde entonces, se estableció una relación íntima de amistad entre él y su mejor amigo. De hecho, en una carta a su superior, el Padre Pío cuenta: “Por la noche, al cerrárseme los ojos, veo bajarse el velo y abrirse delante el paraíso; y, confortado con esta visión, duermo con una sonrisa de dulce felicidad en los labios y con una gran tranquilidad en la frente, en espera de que mi pequeño compañero de mi infancia venga a despertarme y, de esta forma, elevar juntos las laudes matutinas al amado de nuestros corazones” (Carta I, 308).

A partir de ese momento, el jovencito no cerraba nunca la puerta de su casa al salir; en vez de esto decía "el angelito cuida mi casa".

Un día el Padre Pío tuvo una visión: un hombre majestuoso, de rara belleza, resplandeciente como el sol, lo llevó de la mano a un inmenso campo, donde le señaló una figura de desmesurada grandeza que lideraba una multitud de hombres de horroroso aspecto y vestidos de negros sombríos. Él le dijo: "te conviene combatir de bravo guerrero”. Preguntándose cómo podría enfrentarse a un gigante así, el hombre maravilloso le aseguró: “Yo estaré cerca de ti, yo siempre te ayudaré, para que tú logres vencerlo”. Esta visión profética guió al Padre Pío toda su vida y lo animó en sus violentas batallas contra el demonio.

Entre las muchas ayudas y favores del ángel de la guarda al Padre Pío, tenemos una que es extraordinaria: él recibía miles de cartas de todo el mundo y en todos los idiomas, cuando le preguntaban cómo hacía para entenderlas, el Padre Pío respondía: “Mi ángel me ayuda y me traduce todo."

Palabras del Padre Pío sobre su ángel custodio

El Padre Pío animó a todas las almas que conoció a entrar en esta relación de profunda amistad con su ángel de la guarda. Él explicaba que nuestro ángel de la guarda está ahí sólo para nosotros: “Invoca a tu Ángel Guardián, que te iluminará y te guiará. El Señor lo puso cerca de ti precisamente por esto. Por lo tanto, "haz uso de él". Usa tu ángel de la guarda, sería una grave omisión no usarlo y una gran injusticia olvidarlo".

En una carta a su hija espiritual, Annita, el Padre Pío nos da muchos consejos sobre la relación con el ángel de la guarda: 

"Tienes gran devoción, Annita, a este ángel bueno.
¡Qué consolador es saber que cerca de nosotros hay un espíritu que, desde la cuna hasta la tumba, no nos deja ni por un instante, ni siquiera cuando nos atrevemos a pecar.
Y este espíritu celestial nos guía y protege como un amigo, un hermano.
Pero es muy consolador saber que este ángel ora sin cesar por nosotros.
Ofrece a Dios todas nuestras buenas acciones, nuestros pensamientos, nuestros deseos, si son puros.
Por el amor de Dios, no te olvides de este compañero invisible, siempre presente, siempre dispuesto a escucharnos y listo para consolarnos.
¡Oh deliciosa intimidad!, ¡Oh deliciosa compañía! ¡Si tan sólo pudiéramos comprenderlo!
Mantenlo siempre presente en el ojo de tu mente. A menudo recuerda la presencia de este ángel, dale las gracias, órale a él, siempre mantén la buena compañía.
Ábrete tú misma a él y confíale tu sufrimiento a él. Ten un miedo constante de ofender la pureza de su mirada. Sabe esto y mantenlo bien impreso en tu mente.
Él es muy delicado, muy sensible.
Dirígete a él en momentos de suprema angustia y experimentarás su ayuda benéfica.
Nunca digas que estás sola en la batalla contra tus enemigos.
Nunca digas que no tienes a nadie a quien puedas abrirte y confiar. Harías para este mensajero celestial una grave equivocación.”

De hecho, el Padre Pío rezaba esta oración todos los días, dedicada a su ángel de la guarda. ¡El nos invita a hacer lo mismo hoy!