Reflexión: La única iglesia que ilumina, es la que arde.

La única iglesia que ilumina es la que arde.


Por: Leonardo Cortés M.

Hace unos días encontré en Internet esta frase con una imagen que algunos grupos proaborto de la nueva izquierda, grupos que confunden a jóvenes, mujeres y también hombres. Grupos que promulgan un discurso de que el aborto es un derecho a decidir sobre su cuerpo de las mujeres, son estos grupos los conocemos hoy en día como los pañuelos verdes. Estos son los que están diseminando desde hace algún tiempo, la frase del anarquista y comunista (Piotr Kropotkin), “La única iglesia que ilumina es la que arde”. Al ver la imagen de un templo católico ardiendo, me genero esto mucha indignación y un sentimiento de rechazo a tan vil ofensa a la iglesia católica y al cristianismo en general.

Pero luego analizando mejor y más detenidamente la frase, encontré que tristemente es una realidad si lo vemos desde otro punto de vista. Todos sabemos que la iglesia no son los templos, sino todos nosotros los que profesamos la Fe católica, y por esto somos los miembros de la iglesia militante, es así que, desde nuestro bautismo, en cada uno de nuestros corazones debe arder una llama de amor abrazador hacia el sagrado corazón de Jesús. Sin embargo lastimosamente no es así, en muchos de los casos por no decir que en la mayoría, los católicos de estas generaciones actuales, nos caracterizamos por nuestra tibieza espiritual, por creer en Dios pero a nuestra manera, un Dios que se amolda a nuestros caprichos, deseos y necesidades, una gran parte no se confiesa, pues su premisa es que como le va a confesar sus pecados a alguien que puede ser más pecador todavía, refiriéndose al sacerdote, y en realidad no ven que estamos hablando directamente con Dios a través de él. El domingo el día del señor, preferimos salir hacer deporte, ir a mercar, ir a cine y en fin hacer infinidad de cosas, pero no dedicamos el tiempo para la santa misa, y decimos que somos católicos porque una, dos o tres veces al año vamos a misa. Otros que en realidad no creen que el pan (la ostia) y el vino de la eucaristía se transforma en el sagrado cuerpo y la sangre de Cristo y comulgan sin en realidad saber que hacen, a quien reciben y lo hacen hasta sin estar en estado gracia, de reconciliación con Dios. Los sacramentos ni sabemos qué y para qué son, simplemente los realizamos por una tradición heredada de nuestros padres y abuelos, tradición que para muchos se han convertido en motivos más bien, para hacer fiestas de celebración restando la importancia verdadera de los sacramentos. También que nos dirigimos a Dios, con oraciones a nuestro acomodo y conveniencia, y esto no es que este mal del todo, pero por ejemplo el rosario, para algunos es solo un adorno colgado en la pared de nuestra habitación, rara vez rezamos el padre nuestro y un ave María, y solo cuándo lo necesitamos, cuando los problemas son tan grandes que se salen de nuestras manos, cuando pasamos por una enfermedad compleja y difícil, es ahí que fijamos nuestras miradas en el Padre del cielo.

Entonces realmente avizoramos que nuestra iglesia no arde, no ilumina, nos falta chispa, amor, felicidad y emoción al amar a Cristo. Entonces un mensaje que se hizo con la intensión de ofender, de atraer odio y discriminación; vemos como realmente cobra otro sentido, llamando la atención de una realidad de nuestra iglesia, que tenemos que arder en amor a Dios, a nuestro semejantes, que debemos permitir que el fuego abrazador de los corazones de la santísima Virgen María corredentora y de nuestro señor Jesucristo en su sacratísimo corazón, prendan en los nuestros y los de nuestros hermanos esas llamas de amor, y así seamos como una fila de cerillos que al estar juntos van encendiéndose unos con otros, por este amor al PADRE, AL HIJO y AL ESPIRUTU SANTO, por amor a su palabra, a sus obras, y a evangelizar al mundo entero. Reconozcamos como los discípulos de Emaús, que Jesús siempre ha estado con nosotros, pero no le reconocemos, y digamos:

 “¿no ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las escrituras?”

¡Convirtámonos en esa iglesia católica que arde tan fuerte que ilumine al universo entero!


Que la paz de nuestro señor Jesucristo sea con ustedes y sus familias.

Consagremos nuestros corazones al triunfo del inmaculado corazón de María.

 

Tomo un minuto para meditar todas estas cosas en mi corazón (Lucas, 2:19)

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