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Sandra Nathalia

Sandra Nathalia en Novena de Aguinaldos - Novena de Navidad

Publicación #9Publicada inicialmente el 23 de diciembre de 2019

23 de diciembre - Octavo día

23 de diciembre - Octavo día

Octavo día (23 de diciembre)

Penúltimo día de la Novena de Aguinaldos, ¡vísperas de Nochebuena! es una oportunidad para entonar con dulce voz otro Villancico tradicional.


Vamos Vamos Pastorcitos

Vamos, vamos, vamos, vamos pastorcitos,
vamos, vamos, vamos , vamos a Belén.
y veremos todos al Dios del amor,
con el perfume del alma y los homenajes de la adoración.

En el portal de Belén, hay estrellas, sol y luna.
La Virgen y San José, la Virgen y San José y el niño Dios en la cuna.

Vamos, vamos, vamos, vamos pastorcitos,
vamos, vamos, vamos , vamos a Belén.
y veremos todos al Dios del amor,
con el perfume del alma y los homenajes de la adoración.

Entre tanto San José lo acaricia en sus brazos,
y la Virgen María, y la Virgen María lo acaricia en su regazo.

Vamos, vamos, vamos, vamos pastorcitos,
vamos, vamos, vamos , vamos a Belén.
y veremos todos al Dios del amor,
con el perfume del alma y los homenajes de la adoración.


Oración para todos los días

Oración a Dios Padre

Benignísimo Dios de infinita caridad,

que tanto amasteis a los hombres,

que les disteis en vuestro hijo la prenda de vuestro amor

para que hecho hombre en las entrañas de una Virgen

naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio;

yo, en nombre de todos los mortales,

os doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.

En retorno de él os ofrezco la pobreza, humildad y

demás virtudes de vuestro hijo humanado,

suplicándoos por sus divinos méritos,

por las incomodidades en que nació y

por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre,

que dispongáis nuestros corazones con humildad profunda,

con amor encendido, con tal desprecio de todo lo terreno,

para que Jesús recién nacido

tenga en ellos su cuna y more eternamente.

¡Amén!


Se reza 3 veces Gloria al Padre... 

 

Consideración para el octavo día

Versión original

Llegan a Belén José y María, buscando hospedaje en los mesones, pero no lo encuentran, ya por hallarse todo ocupado, ya porque se les desecha a causa de su pobreza. Empero, nada puede turbar la paz interior de los que están fijos en Dios. Si José experimentaba tristeza cuando era rechazado de casa, porque pensaba en María y en el Niño, se sonreía también con santa tranquilidad cuando fijaba su mirada en su casta esposa.

El Niño Dios aún no nacido se regocijaba en aquellas negativas, que eran el preludio de sus humillaciones venideras. Cada voz áspera, el ruido de cada puerta que se cerraba ante ellos era una dulce melodía para sus oídos. Eso era lo que había contribuido a hacerle tomar forma humana.


¡Oh Divino Niño de Belén! Estos días que tantos han pasado en fiestas y diversiones, o descansando muellemente en cómodas y ricas mansiones, han sido para tus padres, María y José, un día de fatiga y de vejaciones de toda clase. ¡Ay! el espíritu de Belén es el de un mundo que ha olvidado a Dios...

¡Cuántas veces no ha sido también el nuestro! ¿No cerramos continuamente con ignorancia total la puerta a los llamamientos de Dios, que nos solicita convertirnos o santificarnos o conformarnos con Su voluntad? ¿No hacemos mal uso de nuestras penas, desconociendo su carácter celestial, aunque cada una a su modo lo lleva grabado en sí? 


Dios viene a nosotros muchas veces en la vida, pero no conocemos su faz. No le reconocemos sino hasta que nos vuelve la espalda y se aleja después de nuestra negativa.


Se pone el sol del 24 de diciembre detrás de los tejados de Belén y sus últimos rayos doran la cima de las rocas escarpadas que lo rodean. Hombres groseros codean rudamente al Señor en las calles de aquella aldea oriental, y cierran sus puertas al ver a su Madre. La bóveda de los cielos aparece purpurina por encima de aquellas colinas frecuentadas por pastores. Las estrellas van apareciendo una tras otra. Algunas horas más y aparecerá el Verbo Eterno.

¡Amén!


Reflexión

En su Nacimiento, el Niño Jesús viene a ofrecerse a sí mismo, Él es como una estrella que guía nuestros pasos; y en nuestra existencia cotidiana debemos saber dar razón de Él, nuestra esperanza cierta, conscientes que "el misterio del hombre sólo se esclarece verdaderamente en el misterio del Verbo encarnado". – Gaudium et Spes, 22


La actual sociedad de consumo sufre, por desgracia, una especie de "contaminación" comercial, que corre el peligro de alterar su auténtico espíritu, caracterizado por el recogimiento, la sobriedad y una alegría no exterior sino íntima.


La tarea de construir un mundo mejor requiere que el verdadero espíritu de la paz penetre todos nuestros espacios, tanto en el ámbito personal y familiar, como en el ámbito de la comunidad nacional e internacional, pues de todos nosotros, dependen de una u otra manera, los pasos decisivos hacia la felicidad o hacia la triste posibilidad de prolongar la violencia, la discriminación, el odio y las injusticias sociales.


Pensemos que estos días de oración y reencuentro familiar son el preámbulo de nuestro encuentro con Dios, y dejémonos guiar para amar, para conocer, y para adorar al Hijo de Dios hecho hombre. Así pues, preparémonos con sinceridad de corazón y apertura de espíritu a reconocer en ese humilde niño en Belén al Niño Dios, al Hijo de Dios que vino a la tierra para nuestra redención.


El Pesebre nos ayuda a contemplar el misterio del amor de Dios, que se reveló en la pobreza y en la sencillez del establo de Belén.

San Francisco de Asís quedó tan prendado del misterio de la Encarnación, que quiso reproducirlo en Greccio, Italia, con un pesebre viviente; de este modo inició una larga tradición que aún hoy conserva su valor [...] En efecto, el pesebre puede ayudarnos a comprender el secreto de la verdadera Navidad, porque habla de la humildad y de la bondad misericordiosa de Cristo, el cual "siendo rico, se hizo pobre" (2 Corintios 8:9) por nosotros. – Papa Benedicto XVI, Angelus, Diciembre 11, 2005.


La presencia de Cristo es un don que debemos compartir todos. Sigamos disfrutando de estos días reunidos en familia y con amigos, caminemos juntamente en la oración, y acojamos la repetida invitación que esta espera vigilante y alegre nos hace, ¡nuestro Señor y Salvador no tardará!


Oración a la Santísima Virgen

Soberana María,

que por vuestras grandes virtudes y

especialmente por vuestra humildad

merecisteis que todo un Dios

os escogiese por madre suya,

os suplico que vos misma preparéis y dispongáis mi alma

y la de todos los que en este tiempo hiciesen esta novena

para el nacimiento espiritual de vuestro adorado hijo.

¡Oh, dulcísima madre!

comunicadme algo del profundo recogimiento y

divina ternura con que lo aguardasteis vos,

para que nos hagáis menos indignos de

verle, amarle y adorarle por toda la eternidad.

¡Amén!


Se reza 9 veces Dios te Salve María... 

Gloria al Padre...


Oración a San José

¡Oh, Santísimo José, esposo de María y

padre adoptivo de Jesús!

infinitas gracias doy a Dios porque os escogió

para tan soberanos misterios y

os adornó con todos los dones

proporcionados a tan excelente grandeza.

Os ruego, por el amor que tuvisteis al Divino Niño,

me abracéis en fervorosos deseos

de verle y recibirle sacramentalmente,

mientras en su divina esencia

le veo y le gozo en el cielo.

¡Amén!


Padre Nuestro...

Dios te Salve María... 

Gloria al Padre... 


Gozos para todos los días

Aspiraciones para la llegada del Niño Dios.


Dulce Jesús mío,
mi niño adorado,
¡ven a nuestras almas!
¡ven no tardes tanto!

 

¡Oh, Sapiencia suma
del Dios soberano,
que al nivel de un niño
te hallas rebajado!
¡Oh, Divino infante,
ven para enseñarnos
la prudencia que hace
verdaderos sabios!

Dulce Jesús mío,
mi niño adorado,
¡ven a nuestras almas!
¡ven no tardes tanto!

 

¡Oh, Adonaí potente
que, a Moisés hablando,
de Israel al pueblo
diste los mandatos!
¡Ah, ven prontamente
para rescatarnos,
y que un niño débil
muestre fuerte brazo!

Dulce Jesús mío,
mi niño adorado,
¡ven a nuestras almas!
¡ven no tardes tanto!

 

¡Oh, raíz sagrada
de José que en lo alto,
presentas al orbe
tu fragante nardo!
¡Dulcísimo Niño
que has sido llamado
lirio de los valles,
bella flor del campo!

Dulce Jesús mío,
mi niño adorado,
¡ven a nuestras almas!
¡ven no tardes tanto!

 

¡Llave de David
que abre al desterrado,
las cerradas puertas
del regio palacio!
¡Sácanos, oh Niño,
con tu blanca mano,
de la cárcel triste,
que labró el pecado.

Dulce Jesús mío,
mi niño adorado,
¡ven a nuestras almas!
¡ven no tardes tanto!

 

¡Espejo sin mancha
Santo de los santos,
sin igual imagen
del Dios soberano!
¡Borra nuestras culpas,
salva al desterrado
y, en forma de Niño,
da al mísero amparo!

Dulce Jesús mío,
mi niño adorado,
¡ven a nuestras almas!
¡ven no tardes tanto!

 

¡Rey de las naciones,
Emmanuel preclaro,
de Israel anhelo
pastor del rebaño!
¡Niño que apacientas
con suave cayado
ya la oveja arisca,
ya el cordero manso!

Dulce Jesús mío,
mi niño adorado,
¡ven a nuestras almas!
¡ven no tardes tanto!

 

¡Ábranse los cielos
y llueva de lo alto
bienhechor rocío,
como riego santo!
¡Ven hermoso Niño,
Ven Dios humanado!
¡Luce Dios estrella,
brota, flor del campo!

Dulce Jesús mío,
mi niño adorado,
¡ven a nuestras almas!
¡ven no tardes tanto!

 

¡Ven, que ya María
previene sus brazos,
do su niño vean
en tiempo cercano!
¡Ven, que ya José,
con anhelo sacro,
se dispone a hacerse
de tu amor sagrario!

Dulce Jesús mío,
mi niño adorado,
¡ven a nuestras almas!
¡ven no tardes tanto!

 

¡Del débil auxilio,
del doliente amparo,
consuelo del triste,
luz del desterrado!
¡Vida de mi vida,
mi dueño adorado,
mi constante amigo,
mi divino hermano!

Dulce Jesús mío,
mi niño adorado,
¡ven a nuestras almas!
¡ven no tardes tanto!

 

¡Ven ante mis ojos
de Ti enamorados!
Bese ya tus plantas,
bese ya tus manos!
¡Prosternado en tierra
te tiendo mis brazos
y aún más que mis frases
te dice mi llanto!

Dulce Jesús mío,
mi niño adorado,
¡ven a nuestras almas!
¡ven no tardes tanto!

 

¡Ven, Salvador nuestro,
por quién suspiramos!

Dulce Jesús mío,
mi niño adorado,
¡ven a nuestras almas!
¡ven no tardes tanto!


Oración al Niño Jesús

Acuérdate, ¡oh, dulcísimo Niño Jesús!

que dijiste a la venerable Margarita del Santísimo Sacramento

y en persona suya, a todos tus devotos,

estas palabras tan consoladoras

para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente:

"Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado".


Llenos de confianza en Ti, ¡oh, Jesús!

que eres la misma verdad,

venimos a presentarte toda nuestra miseria.

Ayúdanos a llevar una vida santa

para conseguir una eternidad bienaventurada.

Concédenos, por los méritos infinitos

de tu Encarnación y de tu Infancia,

la gracia de la cual necesitamos tanto.

Nos entregamos a Ti, ¡oh Niño Omnipotente!

seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza y

de que en virtud de tu Divina Promesa,

acogerás y responderás favorablemente nuestra súplica.

¡Amén!


Acción concreta:

Oremos por todos aquellos que sufren humillaciones, rechazo y discriminaciones; por todos los que son explotados en sus trabajos, a quienes no se les respeta, ni se les da el valor que merecen. Pidamos al Espíritu Santo que les comunique fortaleza y dignidad.


¡Villancicos, golosinas y alegría a doquier!


Jesús que nace en Belén y viene a dignificar al hombre en todas sus situaciones, a liberarlo del yugo del pecado, del egoísmo y del mal [...] Al acogerlo en nuestros corazones comprometámonos a asumir con mucha responsabilidad nuestro trabajo, a mantener buenas relaciones con las personas que nos rodean y a trabajar para implantar el reino de la justicia y de la equidad entre todos.


Tomo un minuto para meditar todas estas cosas en mi corazón (Lucas, 2:19)

Publicado en

Publicaciones precedentes

15 Diciembre - Preparación para la Novena de Aguinaldos

Publicación #1Publicada inicialmente el 15 de diciembre de 2019

16 de diciembre - Primer día

Publicación #2Publicada inicialmente el 16 de diciembre de 2019

17 de diciembre - Segundo día

Publicación #3Publicada inicialmente el 17 de diciembre de 2019

Comentarios

"Que sus conversaciones sean siempre agradables y oportunas, a fin de que sepan responder a cada uno como es debido". Colosenses 4:6

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