Facebook PixelSanta Teresa, su afición a los libros de caballería y vanidades humanas - Hozana
María Jesús

María Jesús en Retiro con Santa Teresa de Jesús, una mística muy humana

Publicación #2Publicada inicialmente el 8 de octubre de 2019

Santa Teresa, su afición a los libros de caballería y vanidades humanas

Queridos amigos:

Cuenta así la Santa en el Libro de su Vida, capítulo 2 puntos 1 y 2:

Paréceme que comenzó a hacerme mucho daño lo que ahora diré. Considero algunas veces cuán mal lo hacen los padres que no procuran que vean sus hijos siempre cosas de virtud de todas maneras; porque, con serlo tanto mi madre como he dicho, de lo bueno no tomé tanto en llegando a uso de razón, ni casi nada, y lo malo me dañó mucho. Era aficionada a libros de caballerías y no tan mal tomaba este pasatiempo como yo le tomé para mí, porque no perdía su labor, sino desenvolvíamonos para leer en ellos, y por ventura lo hacía para no pensar en grandes trabajos que tenía, y ocupar sus hijos, que no anduviesen en otras cosas perdidos. De esto le pesaba tanto a mi padre, que se había de tener aviso a que no lo viese. Yo comencé a quedarme en costumbre de leerlos; y aquella pequeña falta que en ella vi, me comenzó a enfriar los deseos y comenzar a faltar en lo demás; y parecíame no era malo, con gastar muchas horas del día y de la noche en tan vano ejercicio, aunque escondida de mi padre. Era tan en extremo lo que en esto me embebía que, si no tenía libro nuevo, no me parece tenía contento.  Comencé a traer galas y a desear contentar en parecer bien, con mucho cuidado de manos y cabello y olores y todas las vanidades que en esto podía tener, que eran hartas, por ser muy curiosa. No tenía mala intención, porque no quisiera yo que nadie ofendiera a Dios por mí. Duróme mucha curiosidad de limpieza demasiada y cosas que me parecía a mí no eran ningún pecado, muchos años.

Aunque nos puede parecer un poco pueril e inocente lo que santa Teresa cuenta aquí y es verdad que Santa Teresa era bastante exagerada cuando hablaba de sus “debilidades” y muy comedida cuando hablaba de sus “experiencias místicas”, nos quedamos con la idea de lo que quiere decir.  Aplicándolo a los tiempos en los que vivimos, podemos comparar los libros de caballería con otras distracciones o medios de evadirnos de la realidad con los que contamos hoy en día.  Los libros de caballería no eran malos en sí mismos pero la santa veía que se convirtieron para ella en una evasión y que el tiempo que les dedicaba los podía haber empleado de otra forma que la llenara más plenamente.

Es algo así como lo que le pasó a San Ignacio de Loyola cuando estuvo enfermo. Leía libros de caballería y luego leía también libros de santos. Cuando leía libros de caballería como él mismo decía se quedaba como vacío, pero cuando leía libros de santo se quedaba con más plenitud.

Esto no quiere decir que tengamos que estar siempre leyendo libros espirituales y que no podamos tener distracciones de todo tipo, pues realmente podemos encontrar a Dios en todo. El problema es cuando buscamos llenar un vacío con las cosas materiales que solo puede llenar Dios. Es el uso que hacemos y donde ponemos el fin.

Cuando de verdad tenemos una vida de oración y Dios llena nuestra vida, todo realmente nos lleva a Dios. Pero si no es así, buscamos llenar nuestro corazón con las vanidades humanas y seguimos estando vacíos.  Esta es la enseñanza que podemos sacar hoy. Santa Teresa al reflexionar sobre su vida se da cuenta de los años en los que buscaba llenar su afectividad de la forma equivocada hasta que conoció el Amor de Dios.    

Si os parece podemos hacer hoy un momento de meditación reflexionando sobre los momentos en que realmente nos sentimos plenos y esos otros momentos en los que buscamos llenar nuestro corazón con placeres inmediatos que no nos sacian y al revés muchas veces nos dejan más vacíos e insatisfechos. 

Retírate a un lugar tranquilo. Adopta una postura cómoda e intenta relajar tu cuerpo con una respiración profunda y calmada. Abandona todas tus preocupaciones en tu Padre Dios. Lee despacio o recuerda si ya la conoces la escena del Evangelio en la que Jesús dialoga con la samaritana en el pozo de Sicar (San Juan 4 , 5-42) Imagínate que tú eres la samaritana y hablas con Jesús. Cuéntale cuantas cosas de la vida te dejan insatisfecho y pídele a Él que te haga beber de esa agua que nunca se acaba y que te sacia siempre, y que es su Amor. Déjate llenar de su Amor y proponte reunirte con Jesús todos los días en un rato de oración para hablar con Él como la samaritana.

¡Hasta mañana!

Tomo un minuto para meditar todas estas cosas en mi corazón (Lucas, 2:19)

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Santa Teresa niña, sus afectos, la pérdida de su madre

Publicación #1Publicada inicialmente el 7 de octubre de 2019

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