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En búsqueda del camino de la santidad miremos a María

En búsqueda del camino de la santidad miremos a María

Como les decía en la anterior entrega lo sublime que es encontrar a Jesús en nuestras vidas y conocerlo para poder seguir sus huellas en procura de nuestra santidad porque Dios nos creó para llegar a ser santos.

La mejor manera de lograrlo es encomendarnos a María, su santa Madre. Ella nos conducirá y llevará de su mano. 

María es la más perfecta, la más bella y la más santa. 

Ella es única se distingue de todos los demás santos. Es la llena de gracia que en su carácter de humana no conoció el pecado.

La santidad de María es el fruto de la historia de la salvación, María es también la nueva Eva frente a Cristo el nuevo Adán. 

Ya san Agustín atribuye a la Virgen la calificación de «colaboradora» en la Redención título que subraya la acción conjunta y subordinada de María a Cristo redentor.

Es María quien nos enseña la obediencia al Plan del Señor: Cuando le responde al Ángel “Aquí tienes a la sierva del Señor; hágase en mi conforme a tu palabra” (Lc. 1:38).

En la Encarnación es el Espíritu Santo el que cubre con su sombra a la Virgen María para que sea engendrado el Hijo de Dios. 

Luego se dirige a servir a Santa Isabel. Por aquellos días, María se levantó y marchó deprisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y cuando oyó Isabel el saludo de María, el niño saltó en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando en voz alta, dijo:
-Bendita tú entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. ¿De dónde a mí tanto bien, que venga la madre de mi Señor a visitarme? Pues en cuanto llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno; y bienaventurada tú, que has creído, porque se cumplirán las cosas que se te han dicho de parte del Señor. (Lc 1, 39-45)

Aquí nos está enseñando el servicio al prójimo. Para entregarnos a Dios y al prójimo debemos ser imitadores de María, dejar a un lado la soberbia, el orgullo y el egoísmo, olvidarse de uno mismo y y entregarnos a lo  que Dios quiere para nosotros.

Nos enseña a ser humildes, Ella tenía más que razones para haber dejado paso a su   orgullo Cualquiera lo habría hecho Pero todo lo contrario, su reacción fue un despliegue de adoración y gloria al Señor (Mt. 2:11Lc. 2:13). 

Ella entendió plenamente la gracia de Dios.

¿En qué cosas concretas podemos darnos al servicio del prójimo? 

Obras de Misericordia Corporales:

1– Visitar a los enfermos
2– Dar de comer al hambriento
3– Dar de beber al sediento
4– Socorrer a los presos
5– Vestir al desnudo
6– Dar posada al forastero
 7– Enterrar a los muertos

Obras de Misericordia Espirituales:

1– Enseñar al que no sabe
2– Dar buen consejo
3– Corregir al que está en error
4– Perdonar las injurias
5– Consolar al triste
6– Sufrir con paciencia las molestias de nuestro prójimo
 7– Rogar a Dios por los vivos y por los muertos

 

San Ambrosio nos dice: «Ve la humildad, ve la devoción. Se llama escla­va del Señor la que ha sido elegida por Madre suya… no se arrogó ninguna prerrogativa…». «Virgen siempre humilde, se hizo… más humilde cuando conoció haber sido elegida por Dios para tan gran misterio»[1].

San Bernardo: «…es elegida Madre de Dios y se llama su esclava; es ciertamente señal de no pequeña humildad»[2].

María mujer de silencio y oración,  Madre de Dios, intercede por nosotros para que lleguemos al camino de la santidad

 Así como María podemos proclamar “Mi alma engrandece al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador” (Lc. 1: 46-47).

A MARÍA

Madre, dame Tu mano y no me sueltes,
Déjame apoyarme en Ti al andar,
Enséñame el camino que sólo me conduzca
 A Tu Hijo con quien anhelo un día estar.

Pídele a El que perdone mis falencias,
Mi falta de paciencia, también de piedad,
Que me dé fuerzas para sobrellevar el peso
 De las injusticias que me hacen a menudo llorar.

Enjuga mis lágrimas con Tu dulzura de siempre,
Cubre con Tu manto mis penas y ansiedad,
Regálame la paz que de Tus ojos mana
 Y muéstrame las huellas del amor y la humildad.

Tomo un minuto para meditar todas estas cosas en mi corazón (Lucas, 2:19)

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"Que sus conversaciones sean siempre agradables y oportunas, a fin de que sepan responder a cada uno como es debido". Colosenses 4:6

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