Día 7 - Julio 3, 2019: Madre del Perpetuo Socorro, nuestra última Esperanza. - Hozana

Día 7 - Julio 3, 2019: Madre del Perpetuo Socorro, nuestra última Esperanza.

Oración para todos los días 

¡Oh, qué consuelo, qué dulzura, qué confianza, qué ternura siente todo mi ser con sólo repetir tu nombre y pensar en ti, Madre Mía! 

María dulcísima, María de los pequeños y olvidados, haz que tu nombre sea de hoy en adelante el aliento de mi vida. Cada vez que te llame, Madre mía, apresúrate a socorrerme, pues, en todas mi tentaciones, y en todas mis necesidades propongo no dejar de invocarte diciendo y repitiendo: ¡María, María, Madre Mía!

Bendigo y doy gracias a Dios que te ha dado para nuestro bien ese nombre tan dulce, tan amable y bello. ¡Oh, Madre del Perpetuo Socorro! concédeme la gracia de que pueda siempre invocar tu bellísimo nombre ya que él es el Socorro del que vive y Esperanza del que muere, 

¡Amén!


Oración para el Día Séptimo

Nuestra naturaleza humana tiene horror a las contradicciones y trabajos de esta vida los cuales son, empero, favores señalados que Dios hace a las almas que le aman. La verdadera sabiduría consiste en descubrir los tesoros inestimables de méritos que se encuentran encerrados en las humillaciones y en los trabajos. 

¿Quién, pues, nos dará a conocer este tesoro? María Santísima, la Reina de los mártires. Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, que pasó toda su vida entre penas y dolores, nos enseñará, con su ejemplo, que en esta valle de lágrimas la cruz es la herencia de los elegidos y nos hará más llevaderos los trabajos de este penoso destierro. 


Meditación del Séptimo día - 3 de julio

¡Madre del Perpetuo Socorro, nuestra última Esperanza!

Tu Santa Imagen, oh Madre del Perpetuo Socorro nos cuenta que eres la última Esperanza del hombre en esta vida. Que cuando todos y cada uno de nosotros nos despertemos con el alma sombría y desesperada, sin rayo de luz,  que tu Perpetuo Socorro brille en el fondo de nuestra alma como la última sonrisa de la Misericordia de Dios.

En tu imagen vemos a tu Divino Hijo en Tus Brazos observando los tormentos que le prepara el pueblo judío; ese pueblo implacable pedirá su Sangre. Jesús ve con pena como lo arrebatan de de tus Brazos, Sin embargo, no se desprende del todo…, porque Dios nunca abandona completamente al hombre. Eso indica la sandalia que cuelga de su Pie. 

¡Qué gran lección nos dan la Justicia y la Misericordia Divinas! Hemos pecado, la Justicia Divina nos condena, nos rechaza… Nuestro pecado contra un Dios que ha muerto por nosotros es demasiado grande. ¡No merecemos perdón!.… Y huimos ante la Infinita Justicia.

Pero no hemos podido separarnos del todo de Dios… No somos capaces de darle el postrer adiós de despedida a su Madre y Madre nuestra: María… su Amor y su Nombre lo llevamos incrustado dentro del alma… Sólo un débil lazo nos une a Jesús: la devoción a Su Madre…

La Santa Iglesia, ante el lecho de los moribundos, para alcanzar para ellos perdón y gracia en esa hora tremenda, reza: "Acuérdate, Señor, que a pesar de los pecados de su juventud, no negó tu fe".

Y yo te digo: "Madre mía, dos cosas guardo en mi alma como suprema esperanza: la fe en mi Jesús… y tu amor, Madre mía del alma".

Por eso vengo hoy a Tus Plantas… El mundo me rechaza…, los hombres me abandonan…, la familia se olvida de mí…, hasta la misma conciencia me persigue…. Y, entre tanto, los males me asedian y los dolores me atormentan… Mi corazón y mi cuerpo sangran por todos los poros.

Madre mía, Tú eres mi última esperanza. A Ti acudo. Necesito un milagro y te lo pido. Te lo pido y lo espero, y mis acciones Te alabarán toda la vida.


Meditemos recitando:

- tres (3) « Avemarías » en honor de la Virgen

- dos (2) « Glorias » en honor de San Alfonso María de Ligorio


Nuestra Señora del Perpetuo Socorro ¡ruega por mí!

Adorado San Alfonso, inspírame el recurrir a María ¡en todas mis necesidades!


Oración Final

¡Oh Salvador mío, Jesucristo! Al contemplarte en brazos de tu Madre, veo que en medio de tu santo temor te proteges en su regazo y me invitas a imitarte, recurriendo yo también a quien es también mi Perpetuo Socorro. Quiero, pues, entregarme a Ella sin restricción alguna. 

¡Oh María! Dios ha querido honrarte, proporcionando al culto de tu imagen su virtud milagrosa. 

¡Oh! Madre del Perpetuo Socorro, me gusta venir y orar ante tu imagen milagrosa! Tu imagen despierta en mí los más esperanzadores sentimientos de filial confianza hacia ti.

Tu tienes en tus brazos a Jesús, mi Dios y Salvador. Él es el Todopoderoso, el dueño absoluto de la vida y la muerte, el Dador Soberano de todo bien y toda gracia. Y tú, que eres Su Madre, tienes todo el derecho a pedirle y ser escuchada. Bien sabemos que aunque somos pecadores por tu intercesión Jesús no nos niega nada.

Transmíteme ¡oh, Madre del Perpetuo Socorro! confianza ilimitada en tu infinita y poderosa bondad

¡Amén!


¡Oh Señora Nuestra, Madre del Perpetuo Socorro! ¿Cómo podría quejarme de mis luchas y dificultades, si me pongo a reflexionar sobre los amargos dolores que tú misma experimentaste? Tú que eres verdadera Madre de Dios, y así y todo tu vida fue vida de dolor y sufrimiento: quiero, pues, aceptar con resignación, en lo posible, todas las penas que Dios me envíe. Ayudame, Madre mía, para obtener la gracia de no quejarme nunca en mis trabajos.


Tomo un minuto para meditar todas estas cosas en mi corazón (Lucas, 2:19)

Comentarios

"Que sus conversaciones sean siempre agradables y oportunas, a fin de que sepan responder a cada uno como es debido". Colosenses 4:6

Nora
 hace 1 año
Madre, amorosa Gracias por darme lo que te pedi: hogar para mis hijos.