Mayo 13 - Primer día: Penitencia y Reparación - Hozana

Mayo 13 - Primer día: Penitencia y Reparación

Ofrecimiento para todos los días

¡Oh Dios mío! Yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.

¡Oh Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo! Yo te adoro profundamente y te ofrezco el preciosísimo cuerpo, sangre, alma y divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los tabernáculos del mundo, en reparación de los ultrajes con que Él es ofendido; y por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón e intercesión del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pecadores.
¡Amén!



Oración preparatoria para todos los días

¡Oh, Santísima Virgen María, Reina del Rosario y Madre de misericordia¡ te dignaste manifestar en Fátima la ternura de tu Inmaculado Corazón trayéndonos mensajes de salvación y de paz. Confiados en tu maternal misericordia y agradecidos por las bondades de tu amantísimo Corazón, venimos ante ti para rendirte tributo con nuestra veneración y amor. Concédenos las gracias que necesitamos para cumplir fielmente tu mensaje de amor, y en especial la que te pedimos en esta Novena, si ha de ser para mayor gloria de Dios, honra tuya y provecho de nuestras almas.

¡Amén!


 

Primer Día

¡Oh Santísima Virgen María, Madre de los pobres pecadores! que apareciendo en Fátima, dejaste transparentar en tu rostro celestial una leve sombra de tristeza para indicar el dolor que te causan los pecados de los hombres y que con maternal compasión exhortaste a no afligir más a tu Hijo con la culpa y a reparar los pecados con la mortificación y la penitencia. Dadnos la gracia de un sincero dolor de los pecados cometidos y la resolución generosa de reparar con obras de penitencia y mortificación todas las ofensas que se infieren a tu Divino Hijo y a tu Corazón Inmaculado.

¡Amén!



Meditación del Primer Día

Cometemos una gran injusticia contra Dios y su gracia cuando afirmamos en primer lugar que los pecados son castigados por su juicio, sin anteponer —como enseña el Evangelio— que son perdonados por su misericordia. Por supuesto, la misericordia de Dios no niega la justicia, porque Jesús cargó sobre sí las consecuencias de nuestro pecado junto con su castigo conveniente. Él no negó el pecado, pero pagó por nosotros en la cruz.

«Cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes. […] Esta dinámica de justicia y ternura, de contemplar y caminar hacia los demás, es lo que hace de ella un modelo eclesial para la evangelización» – Exhort. Ap. Evangelii gaudium, 288.


Apariciones y signos sobrenaturales salpican la historia, entran en el vivo de los acontecimientos humanos y acompañan el camino del mundo, sorprendiendo a creyentes y no creyentes. Estas manifestaciones, que no pueden contradecir el contenido de la fe, deben confluir hacia el objeto central del anuncio de Cristo: el amor del Padre que suscita en los hombres la conversión y da la gracia para abandonarse a Él con devoción filial. Éste es también el mensaje de Fátima que, con un angustioso llamamiento a la conversión y a la penitencia, impulsa en realidad hacia el corazón del Evangelio.

Fátima es sin duda la más profética de las apariciones modernas. La primera y la segunda parte del « secreto » —que se publican por este orden por integridad de la documentación— se refieren sobre todo a la aterradora visión del infierno, la devoción al Corazón Inmaculado de María, la segunda guerra mundial y la previsión de los daños ingentes que Rusia, en su defección de la fe cristiana y en la adhesión al totalitarismo comunista, provocaría a la humanidad. – Tarcisio Bertone, SDB Arzobispo emérito de Vercelli
Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe
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¡Oh, Señor! por culpa del orgullo de mi corazón, hemos vivido distraídos siguiendo nuestras ambiciones e intereses, pero sin conseguir ocupar ningún trono. La única manera de ser exaltado es que tu Madre nos tome en brazos, nos cubra con su manto y nos ponga junto a tu corazón. Llevados de la mano de la Virgen Madre y ante su mirada, podemos cantar con alegría las misericordias del Señor. 

Que seamos, con María, signo y sacramento de la misericordia de Dios que siempre perdona, perdona todo. ¡Que así sea! Papa Francisco - Fátima, Portugal - Mayo 12, 2017



Oración Final

¡Oh Dios, cuyo Unigénito, con su vida, muerte y resurrección, nos otorgó el premio de la salvación eterna! Te suplicamos nos concedas que, meditando los misterios del Santísimo Rosario de la Bienaventurada Virgen María, imitemos los ejemplos que nos enseñan y alcancemos el premio que prometen. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.

¡Amén!



Los 3 pastorcitos, Lucía, Francisco y Jacinta - Los Videntes

Los pastorcitos de Fátima fueron los hermanos Jacinta y Francisco Marto, que con su prima Lucía de Jesús Rosa dos Santos, cuidaban las ovejas, jugaban y rezaban juntos. Lucía nació en 1907, Francisco en 1908 y Jacinta, en 1910. Desde pequeños aprendieron a cuidarse de las malas compañías y por eso preferían estar con su prima Lucía de Jesús Rosa dos Santos, quien solía hablarles de Jesús. 

En 1917, durante las apariciones los tres pastorcitos sufrieron no solo de la incomprensión de su familia, de las burlas de sus vecinos y compañeros, sino de la persecución de las autoridades civiles, quienes les solicitaron repetidamente que se retractaran públicamente. Les infundieron miedo haciéndoles creer que si no admitían que estaban mintiendo, ellos sufrirían quemándose en calderos de aceite caliente. Sin embargo, los tres pastorcitos estaban dispuestos a sufrir todos los martirios a cambio de negar sus verdades.

Desde la primera aparición, los niños buscaban diferentes maneras para multiplicar sus mortificaciones, para ofrecer sacrificios por la salvación de los pecadores.
... Un día, poco después de la cuarta aparición, mientras caminaban, Jacinta encontró una cuerda y propuso ceñir la cuerda a la cintura como sacrificio. Estando los tres pastorcitos de acuerdo, cortaron la cuerda en tres pedazos y se la ataron a la cintura sobre la carne.
Lucia nos cuenta
"...que este fue un sacrificio que los hacía sufrir terriblemente, tanto así que Jacinta apenas podía contener las lágrimas..."


Los tres pastorcitos rezaban constantemente por el Santo Padre; después de cada Rosario que rezaban, ofrecían tres Ave Marías por él. La Virgen María no dejaba de escuchar los ferviente súplicas de estos niños, respondiéndoles a menudo de manera visible.


Poco después que las apariciones de Fátima finalizarán, Jacinta y Francisco Marto fallecieron durante la pandemia de gripe española. Pero a pesar de estar enfermos, su fervor para hacer sacrificios no disminuyó ni un poquito.

Francisco murió en 1919 de neumonía bronquial, mientras que Jacinta desarrolló un serio caso de pleuresía y murió en un hospital de Lisboa, un año después.

El 18 de abril de 1989, el Santo Padre, Juan Pablo II, declaró a Francisco y Jacinta Venerables.

El 13 de mayo del 2000, Jacinta y Francisco fueron beatificados por el Santo Padre, Juan Pablo II, siendo los primeros niños no mártires en ser beatificados.

Cuando Jacinta fue beatificada San Juan Pablo II la presentó como una “pequeña alma víctima”.

En el 2017, año del centenario de las Apariciones de Nuestra Señora, el 23 de Marzo, fue aprobado el milagro de Lucas Maeda de Oliveira, un niño brasileño que se curó gracias a la intercesión de los Beatos Jacinta y Francisco, quienes fueron canonizados el 13 de mayo de 2017 por el Papa Francisco.

Cuando abrieron el sepulcro de Francisco, encontraron que el Rosario que le habían colocado sobre su pecho, estaba enredado entre los dedos de su manos.

En cuanto a Jacinta, 15 años después de su muerte, cuando la iban a trasladar hacia el Santuario, encontraron que su cuerpo estaba incorrupto.

Lucía fue la única vidente que vivió hasta la vejez. En 1934 se convirtió en monja de clausura en el Convento de Tuy, España, y luego en 1949 se convirtió en Carmelita Descalza tomando el nombre de Sor María Lucía de Jesús y del Corazón Inmaculado en Coimbra, Portugal. Falleció a la edad de 97 años, el 13 de febrero de 2005.

El 30 de abril de 2008, se comenzó el proceso de beatificación de Sor Lucía de Jesús y del Corazón Inmaculado.


Francisco Marto

Francisco era de carácter dócil y condescendiente. Le gustaba pasar el tiempo ayudando al necesitado. Todos lo reconocían como un muchacho sincero, justo, obediente y diligente.

En un principio, Francisco no podía ver a Nuestra Señora. Cuando Lucía se dio cuenta de esto, preguntó a la Virgen por qué Francisco no podía verla. 

“... Nuestra Señora no dijo el por qué, pero ella le dijo a Lucía: "Dile que rece el Rosario y que me va a ver." Francisco obedeció con sencillez. Después del sexto o séptimo Ave María, comenzó a ver a la Virgen ..."

A diferencia de Jacinta y Lucía, Francisco nunca oyó directamente las palabras de María o del Ángel de la Paz, pero era plenamente consciente de lo que se decía. Eso no le molestaba. Nunca se sintió humillado, ni nunca sintió que era menos que su Lucía o que Jacinta.

Francisco había visto la luz fantástica de Dios arrojada a través del Inmaculado Corazón a la tierra. 

Esta luz, había venido de dos maneras. Una con Nuestra Madre y Lucía irradiando hacia abajo, con su trabajo en la tierra. E irradiando hacia arriba, con él y su hermana Jacinta, porque, como ambos hermanos sabían, luego serían llevados al cielo.


La famosa visión del infierno – relacionada con el primer secreto de Fátima – no afectó a Francisco tanto como a Jacinta y lucía. Pero fue fuertemente afectado por la aparición de un demonio después de las apariciones.

La proximidad de su propia muerte también lo dejó impávido. Sin embargo, lo que lo impresionó más fuertemente y que lo absorbió por completo, escribió Lucía, era Dios, la Santísima Trinidad, “percibía en ello esa luz que penetraba íntimo de nuestras almas…”


Después de las apariciones, Francisco conociendo que no habría de vivir mucho en la tierra, mostraba poco interés en ir a la escuela, frecuentemente les decía a Lucía y a Jacinta al momento de aproximarse al colegio: 

Sigan, que yo voy a ir a la iglesia a hacerle compañía al Jesús escondido (Santo Sacramento) ¿Qué provecho me hará aprender a leer si pronto estaré en el Cielo?


Dicho esto, Francisco se iba tan cerca como era posible del Tabernáculo.


Las palabras del Ángel en su tercera aparición: “Consolad a vuestro Dios”, hicieron profunda impresión en el alma del pequeño pastorcito. Él deseaba consolar a Nuestro Señor y a la Virgen, que le había parecido estaban tan tristes.

Francisco decía  que todos tenemos que hacer todo lo posible para consolar el corazón de Dios. A Francisco se le oía con frecuencia llorar en medio de la noche. Y cuando le preguntaban el por qué estaba llorando. Francisco decía:

“Estoy pensando en Dios que está tan triste. Si tan sólo pudiera hacerlo feliz”.

A veces, no dormía en toda la noche, solo se limitaba a orar.

Lo que le dolió más a Francisco fue cuando la gripe le impidió asistir a la iglesia y no poder pasar tiempo con el “Jesús escondido” en el Santísimo Sacramento.

Sin embargo, ofrecía el sufrimiento con gusto como una forma de consolar a la Virgen, que le había parecido estar tan triste.


La misión de Francisco era la reparación de las ofensas a Dios, pero sobre todo estaba preocupado y entristecido por las ofensas a Dios.

Francisco se horrorizó cuando se dio cuenta de lo mucho que nuestros pecados entristecen el corazón de Dios. – Sor Ángela de Fátima

En su enfermedad, Francisco confió a su prima:

¿Nuestro Señor aún estará triste? Tengo tanta pena de que Él este así. Le ofrezco cuanto sacrificio yo puedo.


Hacia finales de febrero de 1919, Francisco desmejoró visiblemente y no volvió a levantarse del lecho donde estaba postrado. Sufrió con íntima alegría su enfermedad y sus intensos dolores, como sacrificio para Dios. Cuando Lucía le preguntaba si estaba sufriendo, Francisco respondía:

“Bastante, pero no me importa, sufro todo por el amor de Nuestro Señor y Nuestra Señora, y en breve iré al cielo.”

Francisco no había hecho todavía la Primera Comunión y temía no poder recibir al Señor antes de morir.  El  2 de abril, su estado de salud decayó y se consideró conveniente llamar al párroco. Habiéndose confesado en la tarde, quiso guardar ayuno hasta recibir la comunión.

El 3 de abril, la víspera de su muerte Francisco se confesó y recibió la comunión muy piadosamente, y apenas hubo salido el sacerdote cuando preguntó a su madre si no podía recibir al Señor nuevamente. Después de esto, pidió perdón a todos por cualquier disgusto que les hubiese ocasionado.

A Lucia y Jacinta les añadió:
“Yo me voy al Paraíso; pero desde allí pediré mucho a Jesús y a la Virgen para que os lleve también pronto allá arriba.”

El 4 de abril de 1919, después de 5 meses de mucho sufrimiento, con una sonrisa angelical, sin agonía, y sin un gemido murió santamente "el consolador de Jesús."

Lucía escribió en su libro "Memorias... " al narrar la muerte de su primo: "Voló al Cielo en los brazos de Nuestra Madre Celestial."


Francisco un niño cuya madurez espiritual lo llevó más allá de las frivolidades de este mundo y pasó al reino sin ser visto por algunos en la historia. La luz derramada por María sobre Francisco le había dado una gran comprensión de la eternidad, que era lo que importaba.– Sor Ángela de Fátima


Jacinta Marto

Jacinta era de clara inteligencia; ligera y alegre, siempre estaba corriendo, saltando o bailando.

 Jacinta, tan ferviente en su amor a Dios, a través de la gracia que había recibido fue consumida por una sed insaciable de salvar a las pobres almas en peligro del infierno. Vivía apasionada por el ideal de convertir pecadores, a fin de arrebatarlos del suplicio del infierno, cuya pavorosa visión tanto le impresionó.

Una vez exclamó: 

¡Qué pena tengo de los pecadores! !Si yo pudiera mostrarles el infierno!


"... Jacinta tomó este asunto de hacer sacrificios por la conversión de los pecadores con tanta pasión que nunca dejó escapar una sola ocasión. Cuando llegaba la hora del almuerzo, daba su alimento a las ovejasCada vez que se encontraba a niños más pobres que ellos, les daba toda su comidaCuando buscaban una merienda de bellotas, decidía comer las amargas. Desesperada por deshidratación en un día caluroso, con el sol ardiendo, en el pedregoso terreno de la ladera de una colina, Jacinta decidió no tomar agua cuando finalmente la encontró, como otro sacrificio por pobres pecadores. La sed de Jacinta para hacer sacrificios parecía insaciable..."


Para Jacinta, la gloria de Dios, la salvación de las almas, el respeto al Papa y a los sacerdotes, y el amor por los sacramentos eran elementos demasiado importantes.

Jacinta tenía una devoción muy profunda que la dirigía a estar muy cerca del Corazón Inmaculado de María y  al Sagrado Corazón de Jesús.

Jacinta asistía a la Santa Misa diariamente y tenía un gran deseo de recibir a Jesús en la Santa Comunión en reparación por los pobres pecadores y por el Santo Padre, pues a Jacinta se le concedió el ver en una visión los sufrimientos tan duros del Sumo Pontífice.

Yo lo he visto en una casa muy grande, arrodillado, con el rostro entre las manos, y lloraba. Afuera había mucha gente; algunos tiraban piedras, otros decían imprecaciones y palabrotas.


Jacinta sufrió mucho por la muerte de su hermano. Cuando Francisco se estaba muriendo, Jacinta le dijo: 

"Dale todo mi amor a Nuestro Señor y a Nuestra Señora, y diles que sufriré tanto como quieran, por la conversión de los pecadores y en reparación al Corazón Inmaculado de María."


Poco después de esto, como resultado de la bronconeumonía, se le declaró una pleuresía purulenta, acompañada por otras complicaciones.

Antes de morir, Nuestra Señora se  le apareció varias veces y le reveló muchos detalles sobre los pecados, sobre las guerras y sobre las virtudes cristianas.

Un día le declara a Lucia:
“La Virgen ha venido a verme y me preguntó si quería seguir convirtiendo pecadores.
Respondí que sí y Ella añadió: ".. que iré pronto a un hospital y que sufriré mucho, pero que lo padezca todo por la conversión de los pecadores, en reparación de las ofensas cometidas contra Su Corazón y por amor a Jesús." "... que mamá me acompañará, pero que luego me quedaré sola.” 

 Y así fue. 

En el verano de 1919, por orden del médico Jacinta fue internada en el hospital de San Agustín de Vila Nova, donde fue sometida a un tratamiento por dos meses. Regresó a su casa sin mejoría alguna, incluso con una gran llaga en el pecho que necesitaba cuidados médicos diarios. Pero, por falta de higiene la llaga se infecto tanto que para Jacinta se le convirtió en un verdadero tormento.


Durante su enfermedad le dijo a Lucía:

“Sufro mucho; pero ofrezco todo por la conversión de los pecadores y para desagraviar al Corazón Inmaculado de María”.


Al despedirse de Lucía le hizo estas recomendaciones:

“Ya falta poco para irme al cielo. Tú quedas aquí para contar que Dios quiere establecer en el mundo la devoción al Inmaculado Corazón de María. Cuando vayas a decirlo, no te escondas. Dile a toda la gente que Dios nos concede muchas gracias por medio del Inmaculado Corazón de María. Que se las pidan a Ella, que el Corazón de Jesús quiere que a su lado se venere el Inmaculado Corazón de María, que pidan por la paz al Inmaculado Corazón, que Dios se la confió a Ella.

¡Si yo pudiese meter en el corazón de toda la gente la luz que tengo aquí dentro en el pecho, que me está abrazando y me hace gustar tanto del Corazón de Jesús y del Corazón de María!


El 2 de febrero de 1920 ingresó en el hospital de Doña Estefanía en Lisboa.

Y el 10 de febrero le realizaron una operación en la cual le quitaron dos costillas sin anestesia.


Tres días antes de morir le dijo a la enfermera,

“la Santísima Virgen se me ha aparecido asegurándome que pronto vendra a buscarme, y desde aquel momento se me quitaran los dolores”


El 20 de febrero de 1920, Jacinta estando en un hospital de Lisboa sola y lejos de sus padre, fallece, después de haberse confesado y haber hecho solicitado los últimos Sacramentos, incluyendo la Extremaunción. Desafortunadamente, el sacerdote no vio la urgencia y prometió llevársela al día siguiente. Pero Jacinta murió un rato después. 

Su cuerpo reposa junto con al de Francisco, en el Santuario de Fátima.


Lucía de Jesús Rosa dos Santos

Lucía es considerada la principal protagonista de las apariciones de Fátima, sin embargo, desde la primera aparición de la Virgen Lucía tuvo que soportar muchos sufrimientos, sobretodo porque en el pueblo y la escuela era criticada y se dudaba de ella y sus relatos de las apariciones. Incluso los sacerdotes de la parroquia de Fátima insinuaron que ella podría ser un "pequeño instrumento del demonio". Fueron tantas las torturas y agresiones verbales que tuvieron que experimentar ella y sus primos Jacinta y Francisco que Lucía sentía mucho temor para volver al lugar de las apariciones; sin embargo, ante la constante insistencia de sus primos, venció los temmores y regresó a la Cova de Iría, como la Santísima Virgen se lo había solicitado. 

Uno de sus mayores tristezas fue cuando la Virgen le expresó "... que Jacinta y Francisco pronto irían al cielo pero que Lucia debía quedar en la tierra para propagar sus mensajes y  para difundir la devoción al Corazón Inmaculado de María."

Así ocurrió.

Nuestra Señora instruyó a Lucía para aprender a leer y a escribir para cumplir su misión terrenal. Lucía escribió cuatro memorias, y dejó una voluminosa correspondencia documentando detalladamente el acontecimiento de Fátima con todas sus implicaciones, incluyendo el conocido "Tercer Secreto de Fátima".

En 1921, cuando Lucía tenía apenas 14 años fue enviada al convento de las Hermanas Doroteas de Villar en Oporto, por decisión del Obispo de Leiria. En 1924, cuando Lucía era aún postulante, la Santísima Virgen María se le manifestó y le reveló la promesa de los Cinco Primeros Sábados.

En 1928, hizo sus votos religiosos temporales yen 1934 los votos perpetuos.

Luego ingresó al convento de las Hermanas Carmelitas de Coimbra, Portugal, tomando el nombre de María Lucía del Inmaculado Corazón, pero fue más conocida como la Hermana Lucía. En 1949 hizo sus votos solemnes.
En Junio del 1929, en Tuy, España, Lucía tuvo la Visión de la Santísima Trinidad, y Nuestra Señora le hizo la petición de la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María. Y recayó en Lucía la responsabilidad de hablar con los Papas de turno al respecto.

En 1946 regresó Portugal y, en 1948, entró en el Carmelo de Santa Teresa en Coimbra, donde profesó sus votos como carmelita en 1949.


Sor Lucía regresó a Fátima varias veces: el 22 de Mayo de 1946; el 13 de Mayo de 1967; en 1981, para dirigir en el Carmelo un trabajo pictórico sobre las Apariciones; el 13 de Febrero de 1982, el 13 de Mayo de 1991 y el 13 de Mayo de 2000, fecha de la Beatificación de sus primos Jacinta y Francisco, por el Papa Juan Pablo II.


A los 97 años, el 13 de febrero del 2005, durante el rezo de la novena a los beatos Jacinta y Francisco, Lucía falleció en el Convento del Carmelo, Coimbra, Portugal, donde aún era visitada por la Virgen y donde el Papa Juan Pablo II también la visitó.

El 19 de febrero de 2006, sus restos mortales fueron trasladados a la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, en Cova da Iria, siendo colocados al lado de los de su prima Jacinta Marto.


Es por Lucía por quien sabemos que la batalla final entre el Señor y el reino de satanás será sobre el Matrimonio y la Familia.



Tomo un minuto para meditar todas estas cosas en mi corazón (Lucas, 2:19)

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"Que sus conversaciones sean siempre agradables y oportunas, a fin de que sepan responder a cada uno como es debido". Colosenses 4:6

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