11-La Preciosísima Sangre nos alimenta en el Sacramento de la Eucaristía

Oración de Santa María Magdalena de Pazzi y Acto de Contrición

Padre Eterno, cubre mis labios con la Preciosísima Sangre de tu amado Hijo, de manera que mis oraciones sean purificadas antes de ascender a tu divino altar.

Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todos mis pecados y los aborrezco, porque al pecar, no sólo merezco las penas establecidas por ti justamente, sino principalmente porque te ofendí, a ti sumo Bien y digno de amor por encima de todas las cosas. Por eso propongo firmemente, con ayuda de tu gracia, no pecar más en adelante y huir de toda ocasión de pecado.

Amén

Reflexión sobre la obra redentora del Señor

Cuando hubo llegado la hora de partir de este mundo y de volver a su Eterno Padre, el tierno Corazón de Jesucristo no podía determinarse a dejar a sus discípulos huérfanos y abandonados; por esta razón después de haber celebrado la Pascua según el rito de la ley de Moisés, instituyó el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, en el cual nos alimenta con su propia Carne y con su Preciosísima Sangre convidándonos a todos a participar de ella: Venite inebriamini, carissimi.
Y en este Sacramento es en el que se distribuye de una manera más particular a los fieles bien dispuestos la Sangre del Redentor; cuando comulgamos, podemos decir: «hemos bebido la Sangre del Señor y aplicado nuestra lengua a las llagas mismas de nuestro Redentor.» Qué dulce fuente aquella que de lo elevado del Altar sagrado brota incesantemente las bendiciones celestiales, y que hace la llame San Juan Crisóstomo, fuente de dones celestiales, al pie de la cual está sentado Jesucristo, que se dirige no ya a una Samaritana, sino a la Iglesia universal; aquí no se sirve un simple vaso de agua, sino una Sangre viva que, tomada por nosotros en testimonio de la muerte del Señor, es para nosotros una fuente de vida.
Parece que no se satisfacía su inmenso amor con haber derramado toda su Sangre sobre la Cruz, si además no se quedaba con nosotros hasta la consumación de los siglos para alimentarnos y abrevarnos de esta Preciosísima Sangre en la Santa Comunión; y con la voz irresistible de su Sangre nos llama, según San Ambrosio, nos convida y desea vivamente que participemos de ella. Habet enim sanguis vocem canoram. Y ¿qué dice?: ábreme tu corazón, ensánchale y le colmaré de gracias.
El abad Ruperto demuestra muy bien el amor inefable que Jesús nos testifica dándose Él mismo todo entero a las almas en la Santa Comunión y abrevándonos con su Sangre preciosísima que no solamente nos purifica de nuestras manchas cotidianas sino que nos preserva también de las más graves; y esto quiso manifestar el Redentor cuando lavó los pies a sus Apóstoles. Se levantó Jesús de la mesa, esto es, dejó el banquete de la gloria paternal y revistiéndose de nuestra carne, como de un lienzo, vertió su Sangre como se echa el agua sobre un librillo y desde entonces lava cada día nuestros pies, cuando le recibimos en remisión de los pecados. ¡Oh refinamiento del amor del dulce Corazón de Jesús! ¿Con qué ansia no deberían las almas venir a saciarse de esta fuente inagotable de bondad y de amor?
¡Ah! Y cuántas veces debería frecuentarse un Sacramento en el que, según las palabras del Concilio de Trento, ha derramado Jesús las riquezas de su amor: In quo divitias veluti sui amoris effudit. Con tales sentimientos y con estas disposiciones debería recibirse la Preciosísima Sangre de Jesús, que se da aquí con su Carne inmaculada, con su Alma santísima y con su misma Divinidad.
¡Qué viva fe, qué profundo respeto, qué santo temor, qué temblor santo, qué ardiente caridad deberían acompañar a las almas que se acercan a esta mesa! Acercaos, os diré con la voz de la Santa Iglesia, acercaos con fe, con temblor, con ternura. Más ¡ay! ¡Qué frialdad, qué insensibilidad en tantas almas que se acercan tan lánguidas a esta fuente de amor!

Rosario a las Santas Llagas/Rosario de la Preciosísima Sangre (A elección)

(Se usa un rosario normal, se presentan en paralelo)

Al inicio:

Oh Jesús, divino redentor, sé misericordioso con nosotros y con el mundo entero. Amén

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Amén

¡Perdón! ¡Misericordia, Jesús mío!; durante los peligros presentes, cúbrenos con tu preciosa sangre. Amén

Padre Eterno, ten Piedad y Misericordia por la Sangre de Jesucristo, Tu Único Hijo. Ten Misericordia de nosotros, Te suplicamos.

Amén. Amén. Amén.

Cuentas grandes:

Bendita sea la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, que con ella nos redimió.

/

Padre Eterno, te ofrezco las Santas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, para sanar las llagas de nuestras almas.

Cuentas pequeñas:

Preciosísima Sangre de Cristo, lávanos. Preciosísima Sangre de Cristo, defiéndenos.

/

Jesús mío, perdón y misericordia, por los méritos de tus Santas Llagas.

Cadena:

Jesucristo, aplaca tu ira, tu justicia y tu rigor. Líbranos de esta epidemia, misericordia Señor.

/

María, madre llena de aflicción, las llagas de tu Hijo graba en mi corazón.

Al finalizar:

Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

/

Padre Eterno, te ofrezco las Santas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, para sanar las llagas de nuestras almas (3 veces).

Gozos (Opcional)

Pues morís, Padre y Señor,

En una Cruz afrentosa,

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Esposo de sangre hermoso,

Que en vuestra Circuncisión,

Con ternura y compasión

La derramáis cariñoso:

Y aunque tierno y amoroso

Lloráis por el pecador:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Entre el huerto de las penas,

Entre angustias y agonías,

Dais amante por mil vías

La Sangre de vuestras venas:

Y pues con dulces cadenas

Rendís nuestro desamor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Ríos de Sangre corrieron

De vuestro Cuerpo sagrado,

Cuando a golpes maltratado

Con tanto azote le hirieron:

Todo una llaga os hicieron,

Siendo el hombre el ofensor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Vos de espinas coronado

Tanta Sangre derramáis,

Que casi, mi bien, cegáis,

Todo el rostro ensangrentado:

Y pues tierno y lastimado

Pagáis por vuestro deudor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Al llegar desfallecido

Y sin aliento al Calvario,

Un aleve y temerario

Os arrebata el vestido:

Piel y Sangre, mal herido,

Nos dais en este rigor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Clavos son nuestros delitos,

Que en una Cruz os fijaron,

Y pies y manos rasgaron

Con dolores exquisitos:

La sangre de Abel da gritos

En favor de su agresor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Difunta vuestra hermosura,

Un ciego, el más atrevido,

El dulce pecho os ha herido,

Derramando con ternura

Raudales de gran dulzura

La Fuente del Salvador:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Pues morís, Padre y Señor,

En una Cruz afrentosa,

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.

 

℣. Nos redimiste, Señor, con tu Sangre.

℟. Y nos hiciste un reino para tu Padre y Dios nuestro.


ORACIÓN: Omnipotente y Eterno Dios, que por la Preciosa Sangre de tu Hijo quisiste aplacarte y redimirnos, concédenos te suplicamos, recordarte el precio de nuestra Redención, para que merezcamos alcanzar en esta vida el perdón, y la gloria en la eterna. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Coloquio

Vos sois, oh Jesús mío, aquel Padre amantísimo, aquel buen Pastor que después de haber dado su Sangre y su vida por nosotros en la Cruz, nos alimentáis en la Santísima Eucaristía con vuestra Carne y nos dais de beber con vuestra Sangre. ¿Qué más podría hacer vuestro Corazón para probarnos la caridad ardiente de que estáis animados hacia nosotros? Ahora comprendo toda la fuerza de aquellas palabras de San Juan, vuestro discípulo amado, cuando dice que en este Sacramento nos habéis amado hasta el exceso. Ahora entiendo lo que dice en el Concilio de Trento la Iglesia, vuestra Esposa, a saber: que vos ¡oh Señor! dándonos el Sacramento adorable de la Eucaristía, habéis agotado en lo más profundo de vuestro Corazón las riquezas de vuestro amor infinito. ¡Oh! y ¿cómo no se deshace mi corazón por Vos que todo lo habéis hecho por mí? ¿Quién puede resistir a tan dulce enajenamiento a presencia de tales pruebas de amor, de esa caridad sin límites? ¡Ah! ¡Cuáles serán era adelante mis delicias recibiéndoos en la Santa Comunión y embriagándome de vuestra Sangre de amor, adorándoos en el Santo Tabernáculo y contemplando la inefable caridad que se manifiesta en este Sacramento!

Ejemplo de la vida de un santo

San Felipe de Neri tuvo una devoción particular a la Sangre Preciosísima de Jesucristo. Tenía la costumbre de poner para la consagración una grande cantidad de vino en el cáliz a fin de prolongar la duración de las especies. Se observó también que después de la Consagración el mismo Cáliz estaba lleno de Sangre pura. Al sumirla, sus labios la absorbían con tanto ardor, que concluyó por consumir no solamente el dorado, sino hasta la plata misma del cáliz; y esta Sangre divina le comunicaba tal devoción que la palidez cubría su rostro hasta parecer más bien muerto que vivo. Semejante espectáculo hizo verter muchas veces lágrimas de compunción a los asistentes. Pedía en seguida al Señor que pues no había podido verter su sangre en el martirio, como él hubiera querido, le concediese a lo menos derramarla en abundancia por boca y narices para que de esta manera pudiese volverle sangre por Sangre. Oyó el Señor su súplica, pues en una ocasión derramó tanta sangre que perdió el movimiento y el uso de la vista.

Jaculatoria

Padre Eterno, te ofrezco la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo en expiación por nuestros pecados y por las necesidades de la Santa Iglesia.

(Rezar la cantidad de veces que se quiera)

Letanías

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo óyenos.

Cristo escúchanos.

Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.

Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.

Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.

Santa Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.

Sangre de Cristo, hijo único del Padre Eterno, sálvanos

Sangre de Cristo, Verbo encarnado,

Sangre de Cristo, Nuevo y Antiguo Testamento,

Sangre de Cristo, derramada sobre la tierra durante su agonía,

Sangre de Cristo, vertida en la flagelación.

Sangre de Cristo, que emanó de la corona de espinas,

Sangre de Cristo, derramada sobre la Cruz,

Sangre de Cristo, precio de nuestra salvación,

Sangre de Cristo, sin la cual no puede haber remisión,

Sangre de Cristo, alimento eucarístico y purificación de las almas,

Sangre de Cristo, manantial de misericordia,

Sangre de Cristo, victoria sobre los demonios,

Sangre de Cristo, fuerza de los mártires,

Sangre de Cristo, virtud de los confesores,

Sangre de Cristo, fuente de virginidad,

Sangre de Cristo sostén de los que están en peligro.

Sangre de Cristo, alivio de los que sufren,

Sangre de Cristo, consolación en las penas,

Sangre de Cristo, espíritu de los penitentes,

Sangre de Cristo, auxilio de los moribundos,

Sangre de Cristo, paz y dulzura de los corazones,

Sangre de Cristo, prenda de la vida eterna,

Sangre de Cristo que libera a las almas del Purgatorio,

Sangre de Cristo, digna de todo honor y de toda gloria,


Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, escúchanos Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.


V.- Nos rescataste, Señor, por tu Sangre.

R.- E hiciste nuestro el reino de los cielos.


Oremos: Dios Eterno y Todopoderoso que constituiste a tu hijo único Redentor del mundo, y que quisiste ser apaciguado por su sangre, haz que venerando el precio de nuestra salvación y estando protegidos por él sobre la tierra contra los males de esta vida, recojamos la recompensa eterna en el Cielo.

Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

Tomo un minuto para meditar todas estas cosas en mi corazón (Lucas, 2:19)

"Que sus conversaciones sean siempre agradables y oportunas, a fin de que sepan responder a cada uno como es debido". Colosenses 4:6

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Mes a la Preciosísima Sangre de Jesús