10-La Preciosísima Sangre nos purifica en el Sacramento de la Penitencia

Oración de Santa María Magdalena de Pazzi y Acto de Contrición

Padre Eterno, cubre mis labios con la Preciosísima Sangre de tu amado Hijo, de manera que mis oraciones sean purificadas antes de ascender a tu divino altar.

Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todos mis pecados y los aborrezco, porque al pecar, no sólo merezco las penas establecidas por ti justamente, sino principalmente porque te ofendí, a ti sumo Bien y digno de amor por encima de todas las cosas. Por eso propongo firmemente, con ayuda de tu gracia, no pecar más en adelante y huir de toda ocasión de pecado.

Amén

Reflexión sobre la obra redentora del Señor

Había en Jerusalén una piscina llamada Probática que estaba rodeada de cinco pórticos, donde acudían enfermos de toda especie, esperando la venida del Ángel del Señor que ponía en movimiento las aguas, y el primero que entraba en ellas quedaba sano. Esta piscina dicen los SS. PP era una figura del Sacramento de la Penitencia formado con la Sangre de la Redención.
La Iglesia abre a las almas un baño saludable más milagroso que el de Betsaida, como le llamaban los hebreos; de él mana una fuente continua, formada no de sangre de animales y de víctimas expiatorias, sino de la Sangre Santísima del Cordero inmaculado, inmolado y ofrecido en sacrificio por la redención del género humano; pero con la notable diferencia, de que en el de los hebreos solo un enfermo sanaba al contacto de las aguas maravillosas puestas en movimiento por el Ángel del Señor, al paso que en la Piscina saludable de la Sangre de Jesucristo en el mismo instante, no solamente un cristiano, sino todos los cristianos pueden hallar la curación de su mortal enfermedad.
Y ¿qué es necesario para obtenerla? Nada más que quererla eficazmente. ¿Quieres sanar? dice el Señor al enfermo de la Piscina Probática y lo repite a cada pecador. Y ¿qué responde el pecador? ¡Ah! ¡Cuántos hay de entre nosotros que quieren más bien gemir en sus inmundicias que purificarse en este baño saludable!
II. Convendría repetir a muchos de los cristianos lo que aquel siervo fiel dijo a Naamán, el leproso Siro, cuando el Profeta Elías le mandó fuese a lavarse a las aguas del Jordán para curarse de la lepra y lo rehusaba: “Si el Profeta te hubiera mandado una cosa difícil, debieras haberlo hecho; pues ¡con cuánta más razón debes obedecerle cuando te dice que te laves para ponerte bueno!”
Del mismo modo, si el Señor nos hubiese mandado recobrar la salud de nuestra alma a costa de nuestra sangre, deberíamos hacerlo; luego con mucha más razón debemos obedecerle, cuando solamente nos manda lavarnos en la Sangre de Jesucristo por la penitencia sacramental. Esta es nuestro Jordán, en Ella debemos lavarnos para purificarnos de la lepra abominable del pecado; no habiendo nadie libre de mancha, la fuente que corre de las sagradas llagas del Señor es necesaria a todos, dice San Bernardo.
Desde el momento que el pecado se confiesa al sacerdote con un verdadero arrepentimiento y que las palabras sacramentales se han pronunciado, el alma está ya purificada. ¡Oh inmensa liberalidad de mi Redentor! ¡A qué punto ha llegado vuestro amor! ¡Lavarnos con vuestra propia Sangre! ¿Y quién no correrá a sumergir sus faltas en este mar inagotable de vuestra Preciosísima Sangre que hará desaparecer todas sus enfermedades?

Rosario a las Santas Llagas/Rosario de la Preciosísima Sangre (A elección)

(Se usa un rosario normal, se presentan en paralelo)

Al inicio:

Oh Jesús, divino redentor, sé misericordioso con nosotros y con el mundo entero. Amén

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Amén

¡Perdón! ¡Misericordia, Jesús mío!; durante los peligros presentes, cúbrenos con tu preciosa sangre. Amén

Padre Eterno, ten Piedad y Misericordia por la Sangre de Jesucristo, Tu Único Hijo. Ten Misericordia de nosotros, Te suplicamos.

Amén. Amén. Amén.

Cuentas grandes:

Bendita sea la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, que con ella nos redimió.

/

Padre Eterno, te ofrezco las Santas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, para sanar las llagas de nuestras almas.

Cuentas pequeñas:

Preciosísima Sangre de Cristo, lávanos. Preciosísima Sangre de Cristo, defiéndenos.

/

Jesús mío, perdón y misericordia, por los méritos de tus Santas Llagas.

Cadena:

Jesucristo, aplaca tu ira, tu justicia y tu rigor. Líbranos de esta epidemia, misericordia Señor.

/

María, madre llena de aflicción, las llagas de tu Hijo graba en mi corazón.

Al finalizar:

Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

/

Padre Eterno, te ofrezco las Santas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, para sanar las llagas de nuestras almas (3 veces).

Gozos (Opcional)

Pues morís, Padre y Señor,

En una Cruz afrentosa,

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Esposo de sangre hermoso,

Que en vuestra Circuncisión,

Con ternura y compasión

La derramáis cariñoso:

Y aunque tierno y amoroso

Lloráis por el pecador:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Entre el huerto de las penas,

Entre angustias y agonías,

Dais amante por mil vías

La Sangre de vuestras venas:

Y pues con dulces cadenas

Rendís nuestro desamor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Ríos de Sangre corrieron

De vuestro Cuerpo sagrado,

Cuando a golpes maltratado

Con tanto azote le hirieron:

Todo una llaga os hicieron,

Siendo el hombre el ofensor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Vos de espinas coronado

Tanta Sangre derramáis,

Que casi, mi bien, cegáis,

Todo el rostro ensangrentado:

Y pues tierno y lastimado

Pagáis por vuestro deudor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Al llegar desfallecido

Y sin aliento al Calvario,

Un aleve y temerario

Os arrebata el vestido:

Piel y Sangre, mal herido,

Nos dais en este rigor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Clavos son nuestros delitos,

Que en una Cruz os fijaron,

Y pies y manos rasgaron

Con dolores exquisitos:

La sangre de Abel da gritos

En favor de su agresor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Difunta vuestra hermosura,

Un ciego, el más atrevido,

El dulce pecho os ha herido,

Derramando con ternura

Raudales de gran dulzura

La Fuente del Salvador:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Pues morís, Padre y Señor,

En una Cruz afrentosa,

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.

 

℣. Nos redimiste, Señor, con tu Sangre.

℟. Y nos hiciste un reino para tu Padre y Dios nuestro.


ORACIÓN: Omnipotente y Eterno Dios, que por la Preciosa Sangre de tu Hijo quisiste aplacarte y redimirnos, concédenos te suplicamos, recordarte el precio de nuestra Redención, para que merezcamos alcanzar en esta vida el perdón, y la gloria en la eterna. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Coloquio

Jesús mío, voy sin tardanza a esta benéfica fuente; y aunque me veo manchado con tantas faltas, no obstante, arrojándome en este mar inagotable de misericordia, confío que mi alma saldrá de él purificada, pues que tal es la seguridad que de ello me habéis dado por vuestro Profeta. Y del mismo modo que algunas gotas de agua en un vasto mar al momento son absorbidas por las hondas, así sucederá con mis faltas arrojadas en el mar inmenso de vuestra Santísima Sangre, y al momento serán borradas, y el alma sumergida en estas aguas de misericordia saldrá de ellas limpia y purificada.
Dadme, pues, oh Jesús mío, un vivo dolor y un sincero arrepentimiento, a fin de que yo una mi dolor a vuestra Sangre, y con un corazón contrito y humillado, que no despreciáis, pueda recibir el perdón de mis iniquidades; haced que vuestra Sangre purifique las heridas de mi pobre alma para que se verifique en mí la verdad de estas palabras: “la Sangre de Cristo nos purifica de toda iniquidad”. Sanguis Christie emundat nos ab omni iniquitate.

Ejemplo de la vida de un santo

Para consuelo de las almas que temen no tener en la confesión sacramental un dolor suficiente de sus pecados, será útil recordar lo que por inspiración divina dice Santa María Magdalena de Pazzi para merecer que la Sangre de Jesucristo supla también este dolor. Meditando la Santa acerca del sudor de Sangre que cubría al Salvador cuando agonizaba en el huerto de las Olivas, decía: “¿Quién puede penetrar, oh Señor, los abismos de agonías y de dolor que experimentáis a fin de satisfacer por tantas almas y obtener su contrición? Por esto en vuestro Sacramento nuestra atrición se cambia en contrición y somos purificados sin hacer acto de contrición perfecta, porque tomáis sobre Vos la contrición que nosotros deberíamos tener; por ese dolor interno que nos falta, satisfacéis Vos con esa agonía, ese dolor y contrición que habéis sentido por nosotros en vuestro afligido corazón.” Así se expresa la Santa.

Jaculatoria

Padre Eterno, te ofrezco la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo en expiación por nuestros pecados y por las necesidades de la Santa Iglesia.

(Rezar la cantidad de veces que se quiera)

Letanías

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo óyenos.

Cristo escúchanos.

Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.

Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.

Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.

Santa Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.

Sangre de Cristo, hijo único del Padre Eterno, sálvanos

Sangre de Cristo, Verbo encarnado,

Sangre de Cristo, Nuevo y Antiguo Testamento,

Sangre de Cristo, derramada sobre la tierra durante su agonía,

Sangre de Cristo, vertida en la flagelación.

Sangre de Cristo, que emanó de la corona de espinas,

Sangre de Cristo, derramada sobre la Cruz,

Sangre de Cristo, precio de nuestra salvación,

Sangre de Cristo, sin la cual no puede haber remisión,

Sangre de Cristo, alimento eucarístico y purificación de las almas,

Sangre de Cristo, manantial de misericordia,

Sangre de Cristo, victoria sobre los demonios,

Sangre de Cristo, fuerza de los mártires,

Sangre de Cristo, virtud de los confesores,

Sangre de Cristo, fuente de virginidad,

Sangre de Cristo sostén de los que están en peligro.

Sangre de Cristo, alivio de los que sufren,

Sangre de Cristo, consolación en las penas,

Sangre de Cristo, espíritu de los penitentes,

Sangre de Cristo, auxilio de los moribundos,

Sangre de Cristo, paz y dulzura de los corazones,

Sangre de Cristo, prenda de la vida eterna,

Sangre de Cristo que libera a las almas del Purgatorio,

Sangre de Cristo, digna de todo honor y de toda gloria,


Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, escúchanos Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.


V.- Nos rescataste, Señor, por tu Sangre.

R.- E hiciste nuestro el reino de los cielos.


Oremos: Dios Eterno y Todopoderoso que constituiste a tu hijo único Redentor del mundo, y que quisiste ser apaciguado por su sangre, haz que venerando el precio de nuestra salvación y estando protegidos por él sobre la tierra contra los males de esta vida, recojamos la recompensa eterna en el Cielo.

Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

Tomo un minuto para meditar todas estas cosas en mi corazón (Lucas, 2:19)

"Que sus conversaciones sean siempre agradables y oportunas, a fin de que sepan responder a cada uno como es debido". Colosenses 4:6

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