Parábola del hijo pródigo

Para conocer las palabras de Jesús durante sus años de ministerio en la tierra, es imprescindible acudir a los Evangelios. Si bien es cierto que sus discípulos dieron a conocer algunas de sus enseñanzas y milagros, Juan también dijo que “Jesús hizo muchas otras cosas. Si se las relata detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían.” (Juan 21:25). De hecho, la parábola del hijo pródigo es uno de los discursos de Jesús que se narra en el Evangelio de Lucas. Descubramos esta parábola y el mensaje de misericordia divina que contiene.

 El regreso del hijo pródigo en el Evangelio de Lucas

“11 Jesús dijo también: «Un hombre tenía dos hijos.
12 El menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte de herencia que me corresponde". Y el padre les repartió sus bienes.
13 Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.
14 Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones.
15 Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos.
16 El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.
17 Entonces recapacitó y dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!".
18 Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: "Padre, pequé contra el Cielo y contra ti;
19 ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros".
20 Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente, corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.
21 El joven le dijo: "Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo".
22 Pero el padre dijo a sus servidores: "Traigan enseguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies.
23 Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos,
24 porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado". Y comenzó la fiesta.
25 El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza.
26 Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó que significaba eso.
27 El le respondió: "Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero y engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo.
28 El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara,
29 pero él le respondió: "Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos.
30 ¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!.
31 Pero el padre le dijo: "Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo.
32 Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado»”.

El hijo pródigo

Luego de ver toda la riqueza que su padre le acababa de dar, el hijo pródigo decidió independizarse e irse a vivir una vida de completo libertinaje. Por cierto, en ocasiones podemos ser como ese hijo que se aleja de su padre porque al considerar que la herencia recibida es suficiente para ser feliz. Tengamos presente que, aunque Dios es un Padre bueno que nos da sus gracias en abundancia (bienes, salud, sabiduría, inteligencia, familia,...), esto no debe alejarnos de Él. Al respecto, en la Biblia podemos leer lo siguiente: “Pero ten cuidado: no olvides al Señor, tu Dios, ni dejes de observar sus mandamientos, sus leyes y sus preceptos, que yo te prescribo hoy. Y cuando comas hasta saciarte, cuando construyas casas confortables y vivas en ellas.” (Deuteronomio 8:11-12). El deseo de nuestro Padre es que nuestro corazón permanezca unido a Él, de modo que podamos decir: "(...) Dios es mi herencia para siempre y la Roca de mi corazón. (Salmo 72:26)

la Divina Misericordia

La historia del hijo pródigo también revela el carácter misericordioso de nuestro Padre que la Biblia describe como Aquel que nunca se cansa de perdonar: Él no solo nos perdona en su misericordia, sino que también nos devuelve el lugar que habíamos perdido. De hecho, cuando el hijo se arrepintió de sus actos, su padre no lo quiso como siervo, sino que le devolvió su posición de hijo amado y organizó una gran fiesta en su honor. Por eso, no tengamos miedo de volver a Dios, porque sus brazos paternales siempre estarán abiertos para nosotros.

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Recordemos que Dios nos abre sus brazos como el padre que acoge a su Hijo sin reproches, lleno de amor e inmensa alegría. El amor del Padre es incondicional y tan grande que está dispuesto a aceptarnos, incluso a  pesar de nuestras malas andanzas, dudas, huidas y temores. Hozana conoce los beneficios del amor de Dios y te ofrece estas propuestas espirituales para que te acerques a su presencia: 

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