24-La efusión de la Preciosísima Sangre de Jesucristo en el Huerto de Getsemaní

Oración de Santa María Magdalena de Pazzi y Acto de Contrición

Padre Eterno, cubre mis labios con la Preciosísima Sangre de tu amado Hijo, de manera que mis oraciones sean purificadas antes de ascender a tu divino altar.

Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todos mis pecados y los aborrezco, porque al pecar, no sólo merezco las penas establecidas por ti justamente, sino principalmente porque te ofendí, a ti sumo Bien y digno de amor por encima de todas las cosas. Por eso propongo firmemente, con ayuda de tu gracia, no pecar más en adelante y huir de toda ocasión de pecado.

Amén

Reflexión sobre la obra redentora del Señor

Se iba acercando la hora decretada desde la eternidad en que el Hijo de Dios debía sacrificarse por nosotros, pecadores, en medio de los más crueles tormentos; por este motivo, después de haber celebrado la Pascua con sus discípulos y haber dejado la prenda más sincera de su caridad en la institución del Santísimo Sacramento, salió del Cenáculo y se encaminó a Getsemaní a donde acostumbraba retirarse para orar. Más ¡ay! que en esta oración se turbó, se entristeció y sufrió la agonía de la muerte: cœpit pavere, et tædere; cœpit contristari et mæstus esse. Dos verdugos se encarnizaron contra Él y desgarraron su tierno corazón; de una parte la vista de los pecados del mundo, y de otra los tormentos que le preparaba la pérfida Sinagoga. ¡Ay! ¡Qué tempestad de tristezas y de dolores se levanta en su corazón afligido! Entonces fue cuando la Sangre de Jesús, no hallando ya su curso acostumbrado, brotó de su frente, y corrió por su rostro y por sus vestidos, y por último regó la tierra. Jesús cayó entonces como herido de muerte, y bañado en su propia Sangre. Aquí, oh alma mía, ¿cómo puedes sufrir la vista de Jesús en tan penoso estado? Y ¿quiénes son los que os han reducido a él, oh Jesús mío, y han hecho salir de vuestro cuerpo toda esa Sangre? Me parece estar oyendo la respuesta que dio a Santa Catalina de Sena: «el odio y el amor: el odio al pecado, el amor a los hombres.» ¡Oh! ¿Cómo mi corazón no se derrite de dolor y de amor?
Sintiendo Jesús la flaqueza de su humanidad, se volvió hacia su Eterno Padre y le dirigió esta oración: «Padre mío, si es posible alejad de mí este cáliz.» Más viendo que la voluntad de su Padre era que sufriese la muerte; viendo que la divina justicia quería satisfacción por los pecados de los hombres, añadió al punto: Verumtamen non sicut ego volo, sed sicut tu; “pero hágase tu voluntad y no la mía;” hágase la Voluntad divina y no la voluntad humana; e intrépido y con paso firme, salió al encuentro del juez y de los soldados que venían a prenderle. ¡Oh! ¡Qué grande instrucción nos da Jesús bañado en su Sangre en el Huerto! ¡Qué perfecta lección de resignación a la voluntad divina en todas nuestras adversidades! “Hágase vuestra voluntad,” decía en medio de sus dolores, Y ¿son estas nuestras palabras, son estos nuestros sentimientos en nuestras angustias y aflicciones? ¿Nos resignamos enteramente a esta voluntad divina, que no busca más que nuestra santificación, o antes bien, en nuestra obstinación y dureza? ¿no tratamos de satisfacer nuestra voluntad más bien que la de Dios? Si las cosas suceden según nuestros deseos y el amor desarreglado de nosotros mismos que nos predomina, nos es fácil repetir: «Hágase vuestra voluntad;» pero si están en oposición a nuestros deseos, entonces al momento nos resentimos de ello, y si entonces nuestros labios repiten dichas palabras, nuestras acciones las contradicen.

Rosario a las Santas Llagas/Rosario de la Preciosísima Sangre (A elección)

(Se usa un rosario normal, se presentan en paralelo)

Al inicio:

Oh Jesús, divino redentor, sé misericordioso con nosotros y con el mundo entero. Amén

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Amén

¡Perdón! ¡Misericordia, Jesús mío!; durante los peligros presentes, cúbrenos con tu preciosa sangre. Amén

Padre Eterno, ten Piedad y Misericordia por la Sangre de Jesucristo, Tu Único Hijo. Ten Misericordia de nosotros, Te suplicamos.

Amén. Amén. Amén.

Cuentas grandes:

Bendita sea la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, que con ella nos redimió.

/

Padre Eterno, te ofrezco las Santas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, para sanar las llagas de nuestras almas.

Cuentas pequeñas:

Preciosísima Sangre de Cristo, lávanos. Preciosísima Sangre de Cristo, defiéndenos.

/

Jesús mío, perdón y misericordia, por los méritos de tus Santas Llagas.

Cadena:

Jesucristo, aplaca tu ira, tu justicia y tu rigor. Líbranos de esta epidemia, misericordia Señor.

/

María, madre llena de aflicción, las llagas de tu Hijo graba en mi corazón.

Al finalizar:

Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

/

Padre Eterno, te ofrezco las Santas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, para sanar las llagas de nuestras almas (3 veces).

Gozos (Opcional)

Pues morís, Padre y Señor,

En una Cruz afrentosa,

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Esposo de sangre hermoso,

Que en vuestra Circuncisión,

Con ternura y compasión

La derramáis cariñoso:

Y aunque tierno y amoroso

Lloráis por el pecador:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Entre el huerto de las penas,

Entre angustias y agonías,

Dais amante por mil vías

La Sangre de vuestras venas:

Y pues con dulces cadenas

Rendís nuestro desamor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Ríos de Sangre corrieron

De vuestro Cuerpo sagrado,

Cuando a golpes maltratado

Con tanto azote le hirieron:

Todo una llaga os hicieron,

Siendo el hombre el ofensor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Vos de espinas coronado

Tanta Sangre derramáis,

Que casi, mi bien, cegáis,

Todo el rostro ensangrentado:

Y pues tierno y lastimado

Pagáis por vuestro deudor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Al llegar desfallecido

Y sin aliento al Calvario,

Un aleve y temerario

Os arrebata el vestido:

Piel y Sangre, mal herido,

Nos dais en este rigor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Clavos son nuestros delitos,

Que en una Cruz os fijaron,

Y pies y manos rasgaron

Con dolores exquisitos:

La sangre de Abel da gritos

En favor de su agresor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Difunta vuestra hermosura,

Un ciego, el más atrevido,

El dulce pecho os ha herido,

Derramando con ternura

Raudales de gran dulzura

La Fuente del Salvador:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Pues morís, Padre y Señor,

En una Cruz afrentosa,

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.

 

℣. Nos redimiste, Señor, con tu Sangre.

℟. Y nos hiciste un reino para tu Padre y Dios nuestro.


ORACIÓN: Omnipotente y Eterno Dios, que por la Preciosa Sangre de tu Hijo quisiste aplacarte y redimirnos, concédenos te suplicamos, recordarte el precio de nuestra Redención, para que merezcamos alcanzar en esta vida el perdón, y la gloria en la eterna. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Coloquio

¡Ah Jesús mío, cubierto de Sangre en el huerto de vuestras aflicciones! ¡Cuánto me instruís hoy y me confundís al mismo tiempo! Vos en medio de tantas penas estáis dispuesto a hacer la voluntad divina hasta sufrir la muerte, y yo al más ligero contratiempo, abandono esta perfecta resignación que por todos títulos debo a vuestra amabilísima voluntad; vos me empeñáis a someter mi voluntad a vuestro Eterno Padre, enseñándome en la oración dominical a repetir de corazón «Hágase vuestra voluntad;» y yo ¡cuántas veces me he rebelado contra esta voluntad abandonándome a las pérfidas instigaciones de mi amor propio! Hoy, pues, que reconozco mi error, quiero ponerle remedio. Y esta Preciosísima Sangre derramada por vosotros será la que me valga para obtener esta perfecta resignación. Sí, por esta Sangre de misericordia espero y confío que me daréis vuestra gracia, la fortaleza de repetir en todas las desgracias y en todos los padecimientos, en las enfermedades y tribulaciones: «Hágase, hágase vuestra voluntad.»

Ejemplo de la vida de un santo

San Carlos Borromeo era sumamente devoto de la Sangre adorable de Jesucristo y antes de morir quiso ir al monte de Váralo para meditar en las piadosas capillas de este santuario la efusión de esta Sangre preciosa. Llegado, pues, cerca del último término de su vida, hizo colocar cerca de su cama una imagen de Jesús agonizando y orando en el Huerto con el fin de endulzar el paso a la eternidad y dijo al P. Francisco Panigarola, que fue a visitarle, estas palabras: «Recibo un gran alivio y consuelo en mis enfermedades por la contemplación de los misterios de la Pasión de Nuestro Señor y particularmente en la de su Agonía en el Huerto y de su Sepultura, principio y fin de su Pasión.»

Jaculatoria

Padre Eterno, te ofrezco la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo en expiación por nuestros pecados y por las necesidades de la Santa Iglesia.

(Rezar la cantidad de veces que se quiera)

Letanías

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo óyenos.

Cristo escúchanos.

Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.

Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.

Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.

Santa Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.

Sangre de Cristo, hijo único del Padre Eterno, sálvanos

Sangre de Cristo, Verbo encarnado,

Sangre de Cristo, Nuevo y Antiguo Testamento,

Sangre de Cristo, derramada sobre la tierra durante su agonía,

Sangre de Cristo, vertida en la flagelación.

Sangre de Cristo, que emanó de la corona de espinas,

Sangre de Cristo, derramada sobre la Cruz,

Sangre de Cristo, precio de nuestra salvación,

Sangre de Cristo, sin la cual no puede haber remisión,

Sangre de Cristo, alimento eucarístico y purificación de las almas,

Sangre de Cristo, manantial de misericordia,

Sangre de Cristo, victoria sobre los demonios,

Sangre de Cristo, fuerza de los mártires,

Sangre de Cristo, virtud de los confesores,

Sangre de Cristo, fuente de virginidad,

Sangre de Cristo sostén de los que están en peligro.

Sangre de Cristo, alivio de los que sufren,

Sangre de Cristo, consolación en las penas,

Sangre de Cristo, espíritu de los penitentes,

Sangre de Cristo, auxilio de los moribundos,

Sangre de Cristo, paz y dulzura de los corazones,

Sangre de Cristo, prenda de la vida eterna,

Sangre de Cristo que libera a las almas del Purgatorio,

Sangre de Cristo, digna de todo honor y de toda gloria,


Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, escúchanos Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.


V.- Nos rescataste, Señor, por tu Sangre.

R.- E hiciste nuestro el reino de los cielos.


Oremos: Dios Eterno y Todopoderoso que constituiste a tu hijo único Redentor del mundo, y que quisiste ser apaciguado por su sangre, haz que venerando el precio de nuestra salvación y estando protegidos por él sobre la tierra contra los males de esta vida, recojamos la recompensa eterna en el Cielo.

Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

Je prends un instant pour méditer toutes ces choses dans mon cœur (cf Luc 2,19)

Que vos paroles soient toujours bienveillantes, qu’elles ne manquent pas de sel, vous saurez ainsi répondre à chacun comme il faut. Col 4 : 6

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