Tema 02: EL CONOCIMIENTO DE TU PAREJA. - Hozana

Tema 02: EL CONOCIMIENTO DE TU PAREJA.

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*Texto Complementario al tema 02: DE LA TEOLOGIA DEL CUERPO DE SAN JUAN PABLO II*

Catequesis 9. Comunión interpersonal e imagen de Dios (14-XI-79/18-XI-79)

 

     1. Siguiendo la narraci√≥n del libro del G√©nesis, hemos constatado que la creaci√≥n ¬ędefinitiva¬Ľ del hombre consiste en la creaci√≥n de la unidad de dos seres. Su unidad denota sobre todo la identidad de la naturaleza humana; en cambio, la dualidad manifiesta lo que, a base de tal identidad, constituye la masculinidad y la feminidad del hombre creado. Esta dimensi√≥n ontol√≥gica de la unidad y de la dualidad tiene, al mismo tiempo, un significado axiol√≥gico. Del texto del G√©nesis 2, 23 y de todo el contexto se deduce claramente que el hombre ha sido creado como un don especial ante Dios (¬ęY vio Dios ser muy bueno cuanto hab√≠a hecho¬Ľ: G√©n 1, 31), pero tambi√©n como un valor especial para el mismo hombre: primero, porque es ¬ęhombre¬Ľ; segundo, porque la ¬ęmujer¬Ľ es para el hombre, y viceversa, el hombre es para la mujer. Mientras el cap√≠tulo primero del G√©nesis expresa este valor de forma puramente teol√≥gica (e indirectamente metaf√≠sica), el cap√≠tulo segundo, en cambio, revela, por decirlo as√≠, el primer c√≠rculo de la experiencia vivida por el hombre como valor. Esta experiencia est√° ya inscrita en el significado de la soledad originaria, y luego en todo el relato de la creaci√≥n del hombre como var√≥n y mujer. El conciso texto del G√©n 2, 23, que contiene las palabras del primer hombre a la vista de la mujer creada, ¬ętomada de √©l¬Ľ, puede ser considerado el prototipo b√≠blico del Cantar de los Cantares. Y si es posible leer impresiones y emociones a trav√©s de palabras tan remotas, podr√≠amos aventurarnos tambi√©n a decir que la profundidad y la fuerza de esta primera y ¬ęoriginaria¬Ľ emoci√≥n del hombre-var√≥n ante la humanidad de la mujer, y al mismo tiempo ante la feminidad del otro ser humano, parece algo √ļnico e irrepetible.

 

     2. De este modo, el significado de la unidad originaria del hombre, a trav√©s de la masculinidad y feminidad, se expresa como superaci√≥n del l√≠mite de la soledad, y al mismo tiempo como afirmaci√≥n -respecto a los dos seres humanos- de todo lo que en la soledad es constitutivo del ¬ęhombre¬Ľ. En el relato b√≠blico, la soledad es camino que lleva a esa unidad, que siguiendo al Vaticano II, podemos definir Communio personarum (1). Como ya hemos constatado anteriormente, el hombre en su soledad originaria, adquiere una conciencia personal en el proceso de ¬ędistinci√≥n¬Ľ de todos los seres vivientes (animalia) y al mismo tiempo, en esta soledad se abre hacia un ser af√≠n a √©l y que el G√©nesis (2, 18 y 20) define como ¬ęayuda semejante a √©l¬Ľ. Esta apertura decide del hombre-persona no menos, al contrario, acaso m√°s a√ļn, que la misma ¬ędistinci√≥n¬Ľ. La soledad del hombre, en el relato yahvista, se nos presenta no s√≥lo como el primer descubrimiento de la trascendencia caracter√≠stica propia de la persona, sino tambi√©n como descubrimiento de una relaci√≥n adecuada ¬ęa la¬Ľ persona; y por lo tanto como apertura y espera de una ¬ęcomuni√≥n de personas¬Ľ.

 

     Aqu√≠ se podr√≠a emplear incluso el t√©rmino ¬ęcomunidad¬Ľ, si no fuese gen√©rico y no tuviese tantos significados. ¬ęComuni√≥n¬Ľ dice m√°s y con mayor precisi√≥n, porque indica precisamente esa ¬ęayuda¬Ľ que, en cierto sentido, se deriva del hecho mismo de existir como persona ¬ęjunto¬Ľ a una persona. En el relato b√≠blico este hecho se convierte eo ipso -de por s√≠- en la existencia de la persona ¬ępara¬Ľ la persona, dado que el hombre en su soledad originaria, en cierto modo, estaba ya en esta relaci√≥n. Esto se confirma, en sentido negativo, precisamente por su soledad. Adem√°s, la comuni√≥n de las personas pod√≠a formarse s√≥lo a base de una ¬ędoble soledad¬Ľ del hombre y de la mujer, o sea, como encuentro en su ¬ędistinci√≥n¬Ľ del mundo de los seres vivientes (animalia), que daba a ambos la posibilidad de ser y existir en una reciprocidad particular. El concepto de ¬ęayuda¬Ľ expresa tambi√©n esta reciprocidad en la existencia, que ning√ļn otro ser viviente habr√≠a podido asegurar. Para esta reciprocidad era indispensable todo lo que de constitutivo fundaba la soledad de cada uno de ellos, y por tanto tambi√©n la autoconciencia y la autodeterminaci√≥n, o sea, la subjetividad y el conocimiento del significado propio del cuerpo.

 

     3. El relato de la creaci√≥n del hombre, en el cap√≠tulo primero, afirma desde el principio y directamente que el hombre ha sido creado a imagen de Dios en cuanto var√≥n y mujer. El relato del cap√≠tulo segundo, en cambio, no habla de la ¬ęimagen de Dios¬Ľ; pero revela, a su manera caracter√≠stica, que la creaci√≥n completa y definitiva del ¬ęhombre¬Ľ (sometido primeramente a la experiencia de la soledad originaria) se expresa en el dar vida a esa ¬ęcommunio personarum¬Ľ que forman el hombre y la mujer. De este modo, el relato yahvista concuerda con el contenido del primer relato. Si, por el contrario, queremos sacar tambi√©n del relato del texto yahvista el concepto de ¬ęimagen de Dios¬Ľ, entonces podemos deducir que el hombre se ha convertido en ¬ęimagen y semejanza¬Ľ de Dios no s√≥lo a trav√©s de la propia humanidad, sino tambi√©n a trav√©s de la comuni√≥n de las personas, que el hombre y la mujer forman desde el comienzo. La funci√≥n de la imagen es la de reflejar a quien es el modelo, reproducir el prototipo propio. El hombre se convierte en imagen de Dios no tanto en el momento de la soledad, cuanto en el momento de la comuni√≥n. Efectivamente, √©l es ¬ędesde el principio¬Ľ no s√≥lo imagen en la que se refleja la soledad de una Persona que rige al mundo, sino tambi√©n y esencialmente, imagen de una inescrutable comuni√≥n divina de Personas.

 

     De este modo el segundo relato podr√≠a tambi√©n preparar a comprender el concepto trinitario de la ¬ęimagen de Dios¬Ľ, aun cuando √©sta aparece s√≥lo en el primer relato. Obviamente esto no carece de significado incluso para la teolog√≠a del cuerpo, m√°s a√ļn, quiz√° constituye incluso el aspecto teol√≥gico m√°s profundo de todo lo que se puede decir acerca del hombre. En el misterio de la creaci√≥n -en base a la originaria y constitutiva ¬ęsoledad¬Ľ de su ser- el hombre ha sido dotado de una profunda unidad entre lo que √©l es masculino humanamente y mediante el cuerpo, y lo que de la misma manera es en √©l femenino humanamente y mediante el cuerpo. Sobre todo esto, desde el comienzo, descendi√≥ la bendici√≥n de la fecundidad, unida con la procreaci√≥n humana (cf. G√©n 1, 28).

 

     4. De este modo, nos encontramos casi en el meollo mismo de la realidad antropol√≥gica que se llama ¬ęcuerpo¬Ľ. Las palabras del G√©nesis 2, 23 hablan de √©l directamente y por vez primera en los t√©rminos siguientes: ¬ęcarne de mi carne y hueso de mis huesos¬Ľ. El hombre-var√≥n pronuncia estas palabras, como si s√≥lo a la vista de la mujer pudiese identificar y llamar por su nombre a lo que en el mundo visible los hace semejantes el uno al otro, y a la vez aquello en que se manifiesta la humanidad. A la luz del an√°lisis precedente de todos los ¬ęcuerpos¬Ľ, con los que se ha puesto en contacto el hombre y a los que ha definido conceptualmente poni√©ndoles nombre (¬ęanimalia¬Ľ), la expresi√≥n ¬ęcarne de mi carne¬Ľ adquiere precisamente este significado: el cuerpo revela al hombre. Esta f√≥rmula concisa contiene ya todo lo que sobre la estructura del cuerpo como organismo, sobre su vitalidad, sobre su particular fisiolog√≠a sexual, etc., podr√° decir acaso la ciencia humana. En esta expresi√≥n primera del hombre-var√≥n ¬ęcarne de mi carne¬Ľ se encierra tambi√©n una referencia a aquello por lo que el cuerpo es aut√©nticamente humano, y por lo tanto a lo que determina al hombre como persona, es decir, como ser que incluso en toda su corporeidad es ¬ęsemejante¬Ľ a Dios (2).

 

     5. Nos encontramos, pues, casi en el meollo mismo de la realidad antropol√≥gica, cuyo nombre es ¬ęcuerpo¬Ľ, cuerpo humano. Sin embargo, como es f√°cil observar, este meollo no es s√≥lo antropol√≥gico, sino tambi√©n esencialmente teol√≥gico. La teolog√≠a del cuerpo, que desde el principio est√° unida a la creaci√≥n del hombre a imagen de Dios, se convierte, en cierto modo, tambi√©n en teolog√≠a del sexo, o mejor, teolog√≠a de la masculinidad y de la feminidad, que aqu√≠, en el libro del G√©nesis, tiene su punto de partida. El significado originario de la unidad, testimoniada por las palabras del G√©nesis 2, 24, tendr√° amplia y lejana perspectiva en la revelaci√≥n de Dios. Esta unidad a trav√©s del cuerpo (¬ęy los dos ser√°n una sola carne¬Ľ) tiene una √©tica, como se confirma en la respuesta de Cristo a los fariseos en Mt 19 (Mc 10), y tambi√©n una dimensi√≥n sacramental, estrictamente teol√≥gica, como se comprueba por las palabras de San Pablo a los Efesios (3), que hacen referencia adem√°s a la tradici√≥n de los Profetas (Oseas, Isa√≠as, Ezequiel).

 

     Y es as√≠, porque esa unidad que se realiza a trav√©s del cuerpo indica, desde el principio, no s√≥lo el ¬ęcuerpo¬Ľ, sino tambi√©n la comuni√≥n ¬ęencarnada¬Ľ de las personas -communio personarum- y exige esta comuni√≥n desde el principio. La masculinidad y la feminidad expresan el doble aspecto de la constituci√≥n som√°tica del hombre (¬ęesto s√≠ que es carne de mi carne y hueso de mis huesos¬Ľ), e indican, adem√°s, a trav√©s de las mismas palabras del G√©nesis 2, 23, la nueva conciencia del sentido del propio cuerpo: sentido, que se puede decir consiste en un enriquecimiento rec√≠proco. Precisamente esta conciencia, a trav√©s de la cual la humanidad se forma de nuevo como comuni√≥n de personas, parece constituir el estrato que en el relato de la creaci√≥n del hombre (y en la revelaci√≥n del cuerpo contenida en √©l) es m√°s profundo que la misma estructura som√°tica como var√≥n y mujer. En todo caso, esta estructura se presenta desde el principio con una conciencia profunda de la corporeidad y sexualidad humana, y esto establece una norma inalienable para la comprensi√≥n del hombre en el plano teol√≥gico.

Tomo un minuto para meditar todas estas cosas en mi corazón (Lucas, 2:19)

Comentarios

"Que sus conversaciones sean siempre agradables y oportunas, a fin de que sepan responder a cada uno como es debido". Colosenses 4:6

Ana Lilia Lira
¬†hace 1 a√Īo
Oremos por el fin del aborto , de la eutanasia y la ideología de género.