Día 3: Experiencia espiritual y conversión / correspondencia - Hozana

Día 3: Experiencia espiritual y conversión / correspondencia

Experiencia espiritual y conversión / correspondencia

Experiencia espiritual y conversión

Durante sus estudios en Göttingen y después en Fribourg en Brisgau para seguir a  Husserl,  nutrir su tesis y convertirse en su ayudante en 1916, Edith Stein está preparada para recibir la fe cristiana. Tanto sus encuentros como sus lecturas son muy importantes .

Primero en Göttingen conoce a Max Scheler y Adolf Reinach, dos de sus profesores que continuaran dándole apoyo tanto intelectual como espiritualmente.

Será también fundamental el encuentro con Anne Reinach, después de la muerte de su esposo en combate en 1917, cuando percibe con mucha claridad que la fuerza que emana de la Cruz de Cristo es la que permite vivir el duelo por la muerte de su amado esposo a su amiga.

Las lecturas serán también muy importantes. En los años previos a su bautismo lee a San Agustín y los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola.

En 1918 escribe a su amigo y filósofo Roman Ingarden que ha llegado a un “cristianismo positivo”. Sus escritos filosóficos de esta época reflejan, aunque modestamente, su apertura religiosa y cristiana. Pero el acontecimiento decisivo llegará en el verano de 1921 cuando en casa de sus amigos Hedwige y Théodore Conrad-Martius en Bergzabern donde se aloja, lee la Vida de Santa Teresa de Ávila en donde Teresa explica cómo ha encontrado en Jesucristo la Verdad de su vida. Edith se siente perturbada, también como Teresa está sedienta de verdad.

Lo que esperaba encontrar en su obra filosófica lo encontró en Aquel quien ya antes la había encontrado: Jesús, el Cristo, la Verdad en persona. Edith decide solicitar ser bautizada por la Iglesia Católica y recibe el bautismo en Bergzabern el 1 de enero de 1922.

 

Correspondencia I

Esta carta fue escrita en febrero de 1928 a la hermana dominica Callista Kopf de la misma escuela donde Edith Stein enseñaba en Espira. Edith especialmente cercana a las jóvenes hermanas dominicas, evoca como concibe su trabajo intelectual y su vida espiritual como resultado de su conversión.

“Que sea posible dedicarse a la ciencia como servicio divino lo he descubierto claramente en Santo Tomás, y sólo siendo así me he podido decidir a reemprender de nuevo el trabajo científico”.

 “Durante el tiempo que precedió a mi conversión e incluso un buen tiempo después, tenía la convicción de que llevar una vida religiosa significaba el abandono de todo lo terrestre para vivir sólo en el pensamiento de las cosas divinas. Progresivamente aprendí a reconocer que algo más se nos pide en este mundo y que incluso en la vida contemplativa, el legamen con el mundo no se debe romper. Creo incluso, que cuanto más profunda es la atracción que nos conduce a Dios, mayor es el deber de “salir de sí mismo”, en este sentido también, es decir en dirección al mundo para llevar allí la vida divina.

 Importa mucho, en efecto, procurarse primeramente un rincón tranquilo, en el que de tal manera una pueda relacionarse con Dios, como si nada existiera, y esto a diario: el tiempo más oportuno me parece por la mañana pronto, antes de comenzar el trabajo; es entonces cuando una recibe una misión especial para cada día, sin elegir nada por sí misma; en este momento, finalmente, una se contempla a sí misma como mero instrumento.”

Oración:

Señor, Dios de nuestros padres,  Tú condujiste a Santa Edith Stein a la plenitud de la ciencia de la Cruz al momento de su martirio.  Llénanos con el mismo conocimiento;  y, por su intercesión,  permítenos siempre seguir en búsqueda de ti, que eres la suprema Verdad,  y permanecer fieles hasta la muerte a la alianza de amor ratificada por la sangre de tu Hijo  por la salvación de todos los hombres y mujeres.  Te lo pedimos por nuestro Señor,    ¡Amén!

Tomo un minuto para meditar todas estas cosas en mi corazón (Lucas, 2:19)

Comentarios

"Que sus conversaciones sean siempre agradables y oportunas, a fin de que sepan responder a cada uno como es debido". Colosenses 4:6

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