No temas la lucha ni la tentación

Queridos amigos:

Qué fácil es decir a otra persona “No temas” ¿verdad? Es fácil mientras uno mismo no tema decirle a otro que no tema. Pero cuando uno es el que está padeciendo ese miedo, a veces irracional y que paraliza, tiene que agarrarse a la palabra de alguien muy fuerte, el más fuerte, Dios, Jesús.

Jesús en innumerables ocasiones nos dice que no temamos. Nos lo dice no como un consejo fácil sino como una verdad en la que nos podemos apoyar, a la que nos podemos agarrar. Y nos lo dice porque El sabe que muchas veces en nuestra vida vamos a tener que afrontar miedos, luchas, tentaciones, dificultades de todo tipo, interiores y exteriores.  

Y hay ocasiones en las que nuestros sentidos, nuestras emociones activarán la alarma del miedo. También el demonio utiliza el miedo para separarnos de Dios. Por eso habrá veces en las que aunque todo nos grite ¡¡¡miedo!!!, nosotros solo escucharemos el “No temas” de Jesús. Y esto nos costará dolor y cruz, pero fortalecerá nuestra fe y saldremos victoriosos de la batalla. Porque es una batalla en la que Jesús lucha junto a nosotros.   

En relación con esto os traigo una carta de Santa Isabel de la Trinidad escrita dos meses antes de su muerte a su entrañable amiga Francisca Sourdon. La he extraído de las Obras Completas editadas por Conrad de Meester. O.C.D. Dice así:

A la señorita Francisca Sourdon:

(Carmelo de Dijon, hacia el 9 de septiembre de 1906)

“Vive según Jesucristo, arraigada en Él, cimentada en Él, firme en la fe, creciendo en Él y rebosando agradecimiento”. Si, hijita de mi alma y de mi corazón, vive según Jesucristo. Tú necesitas este camino ancho, ¡no estás hecha para andar por las trochas angostas de la tierra! Vive arraigada en Él. Y para ello, desarraigada de ti misma o actuando como si lo estuvieras, es decir, negándote a ti misma cada vez que se te presente la ocasión. Vive cimentada en Él, muy por encima de lo que es pasajero, allá donde todo es puro y luminoso.

Vive firme en la fe, es decir obra siempre a la gran luz de Dios, nunca siguiendo tus emociones o tu imaginación. Convéncete de que Él te ama y quiere ayudarte en las luchas que has de sostener. Cree en su amor, en su inmenso amor como dice San Pablo (Ef 2,4). Alimenta tu alma con las grandes verdades de la fe, que le revelan su inmensa riqueza y el fin para el que Dios la ha creado. Si vives esas realidades, tu piedad no será una exaltación neurótica como temes, sino que será auténtica. ¡Qué hermosa es la verdad, la verdad del amor! “Me amó y se entregó por mí´ (Ga 2,20). ¡Ahí tienes, hijita, en qué consiste ser veraz!    

Y finalmente rebosa agradecimiento. Ésta es la última palabra del programa, y no es sino una consecuencia de este. Si vives arraigada en Jesucristo y firme en tu fe, vivirás dando gracias. ¡El amor de los hijos de Dios! Yo me pregunto cómo un alma que ha sondeado el amor que Dios siente por ella en su corazón no vive siempre alegre, aun en medio de cualquier sufrimiento y de cualquier dolor. Acuérdate de que “Él te eligió antes de la creación para que seas inmaculada y pura en su presencia por el amor” (Ef 1,4). Es también San Pablo quien lo dice. Por consiguiente, no temas la lucha ni la tentación. “Cuando soy débil- exclama san Pablo-, entonces soy fuerte, porque así habita en mí la fuerza de Cristo” (2Cor 12,10.9).

Me pregunto qué va a pensar nuestra Reverenda Madre si ve este diario. Ya no me deja escribir porque mi debilidad es extrema. Me siento desfallecer a cada momento. Esta carta tal vez sea la última de tu Sabel. Me ha llevado muchos días escribirla, lo cual te explicará su incoherencia. Y esta noche no puedo decidirme a dejarte. Estoy sola. Son las siete y media de la tarde, la comunidad está en la recreación…y yo creo estar ya un poco en el cielo en mi celdita, a solas con El solo, llevando mi Cruz con mi Maestro.

Francisca, mi felicidad crece en proporción a mis sufrimientos. ¡Si supieras que deleite se encuentra en el fondo del cáliz que nos ha preparado el Padre del cielo…!

Adiós, Francisca de mi corazón, ya no puedo continuar. En el silencio de nuestros encuentros tú adivinarás, tú comprenderás lo que no te digo con palabras.

Te mando un abrazo. Te quiero como una madre a su hijito. Adiós pequeñita mía…” Que a la sombra de sus alas Él te guarde de todo mal”.

Sor M. Is. de la Trinidad,

Laudem gloriae (Este será mi nombre nuevo en el cielo)

Maravillosa carta de una gran profundidad ¿verdad?

Y para terminar una oración a Jesús que podréis encontrar en mi blog, pulsa aquí.

Y un vídeo muy interesante sobre el miedo, espero que os guste:

¡Hasta la próxima semana!

Je prends un instant pour méditer toutes ces choses dans mon cœur (cf Luc 2,19)

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Que vos paroles soient toujours bienveillantes, qu’elles ne manquent pas de sel, vous saurez ainsi répondre à chacun comme il faut. Col 4 : 6

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