25-El derramamiento de la Preciosísima Sangre de Jesucristo en su Flagelación

Oración de Santa María Magdalena de Pazzi y Acto de Contrición

Padre Eterno, cubre mis labios con la Preciosísima Sangre de tu amado Hijo, de manera que mis oraciones sean purificadas antes de ascender a tu divino altar.

Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todos mis pecados y los aborrezco, porque al pecar, no sólo merezco las penas establecidas por ti justamente, sino principalmente porque te ofendí, a ti sumo Bien y digno de amor por encima de todas las cosas. Por eso propongo firmemente, con ayuda de tu gracia, no pecar más en adelante y huir de toda ocasión de pecado.

Amén

Reflexión sobre la obra redentora del Señor

Entre los numerosos tormentos que Nuestro Señor sufrió en su Pasión, uno de los más crueles fue seguramente la flagelación que sufrió en el pretorio de Pilatos. Fue despojado de sus vestidos y atado desnudo a una dura columna: se aprestan los cordeles, los azotes de hierro y los manojos de espinas, y con estos crueles instrumentos desgarran el cuerpo del Redentor. Brota la sangre y ninguna parte de Él deja de estar ensangrentada, todo su cuerpo es una llaga. La profecía de Isaías se realiza; no hay en Él ni hermosura ni esplendor, esta despreciado, es el último de los hombres y el varón de dolores. Su cara esta como cubierta de un velo, no puede reconocérsele y parece un leproso castigado por Dios y humillado. Penetrados de compasión por el modo tan lastimoso en que representáis al varón de dolores, ¿quién de nosotros, oh Jesús mío, no debería aplicar a sí mismo las palabras del Profeta: “ha sido cubierto de llagas a causa de mis iniquidades y castigado por mis crímenes:” vulneratus est propter iniquitates nostras, attritus est propter scelera nostra; “lleva el castigo de mis faltas; por sus heridas y golpes he sido sanado; por esa Sagrada Sangre que ha derramado he hecho la paz con Dios:” disciplina pacis nostrae super eum, livore ejus sanati sumus. Jesus est pax mostra pacificans per sanguinem crucis. ¡Oh dureza de corazón, cuán detestable eres!
Más ¿cuál fue la falta que castigó más cruelmente a Jesús en la bárbara flagelación que sufrió y le hizo verter tanta sangre? ¡Ah! me parece estar oyendo al Padre Eterno: propter scelus populi mei percussi eum: “Por un crimen, que reina aún en medio de mi pueblo, he permitido que fuese de esta manera azotado mi divino Hijo.” ¿Y cuál es ese crimen? ¡Ah! demasiado sabido es; ese crimen es el vicio abominable de la impureza: «Dios, enviando a su Hijo revestido de la carne que le daba la semejanza del pecado, castigó en su carne las manchas de esta carne de pecado.» Cuando la carne había corrompido todos sus caminos, quiso Dios purificar de tantas manchas al mundo con un diluvio de agua; pues del mismo modo una lluvia abundante de la Sangre de Jesucristo, su Hijo muy amado, tan cruelmente azotado y atormentado, nos muestra, al mismo tiempo que la enormidad del pecado, el remedio pronto y soberanamente eficaz. Almas impuras, mirad cuánto han costado a Jesús vuestras delicias sensuales; mirad esas carnes inocentes y ese cuerpo virginal hecho una sola llaga: Atritus est propter scelera nostra. Tanta Sangre ¿no es bastante para haceros entrar dentro de vosotros mismos y atraeros al arrepentimiento? Almas penitentes, que en algún tiempo caísteis en semejantes abominaciones, pero que en seguida os arrepentisteis, mirad cuánta Sangre ha costado a Jesús vuestro error y vuestro pecado; tened siempre presente en vuestro corazón esta vista para impediros el que le flageléis de nuevo. Almas castas, almas puras, ved cuánta Sangre ha derramado Jesucristo para mereceros la gracia de que conservéis vuestra pureza. Esa Sangre, sacada por los pecadores de las venas de Jesús en medio de su cruel Pasión, prepara el remedio saludable para curar las heridas que semejantes golpes han ocasionado al alma: basta aplicarla en la mortificación, en la guarda de los sentidos y mucho más en la confesión sacramental, y entonces será para nosotros vuestra salvación, oh pecadores; pero si la despreciáis, esta Sangre será vuestra condenación y vuestra eterna ruina: Si secundum carnen vixeritis, moriemini.

Rosario a las Santas Llagas/Rosario de la Preciosísima Sangre (A elección)

(Se usa un rosario normal, se presentan en paralelo)

Al inicio:

Oh Jesús, divino redentor, sé misericordioso con nosotros y con el mundo entero. Amén

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Amén

¡Perdón! ¡Misericordia, Jesús mío!; durante los peligros presentes, cúbrenos con tu preciosa sangre. Amén

Padre Eterno, ten Piedad y Misericordia por la Sangre de Jesucristo, Tu Único Hijo. Ten Misericordia de nosotros, Te suplicamos.

Amén. Amén. Amén.

Cuentas grandes:

Bendita sea la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, que con ella nos redimió.

/

Padre Eterno, te ofrezco las Santas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, para sanar las llagas de nuestras almas.

Cuentas pequeñas:

Preciosísima Sangre de Cristo, lávanos. Preciosísima Sangre de Cristo, defiéndenos.

/

Jesús mío, perdón y misericordia, por los méritos de tus Santas Llagas.

Cadena:

Jesucristo, aplaca tu ira, tu justicia y tu rigor. Líbranos de esta epidemia, misericordia Señor.

/

María, madre llena de aflicción, las llagas de tu Hijo graba en mi corazón.

Al finalizar:

Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

/

Padre Eterno, te ofrezco las Santas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, para sanar las llagas de nuestras almas (3 veces).

Gozos (Opcional)

Pues morís, Padre y Señor,

En una Cruz afrentosa,

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Esposo de sangre hermoso,

Que en vuestra Circuncisión,

Con ternura y compasión

La derramáis cariñoso:

Y aunque tierno y amoroso

Lloráis por el pecador:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Entre el huerto de las penas,

Entre angustias y agonías,

Dais amante por mil vías

La Sangre de vuestras venas:

Y pues con dulces cadenas

Rendís nuestro desamor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Ríos de Sangre corrieron

De vuestro Cuerpo sagrado,

Cuando a golpes maltratado

Con tanto azote le hirieron:

Todo una llaga os hicieron,

Siendo el hombre el ofensor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Vos de espinas coronado

Tanta Sangre derramáis,

Que casi, mi bien, cegáis,

Todo el rostro ensangrentado:

Y pues tierno y lastimado

Pagáis por vuestro deudor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Al llegar desfallecido

Y sin aliento al Calvario,

Un aleve y temerario

Os arrebata el vestido:

Piel y Sangre, mal herido,

Nos dais en este rigor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Clavos son nuestros delitos,

Que en una Cruz os fijaron,

Y pies y manos rasgaron

Con dolores exquisitos:

La sangre de Abel da gritos

En favor de su agresor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Difunta vuestra hermosura,

Un ciego, el más atrevido,

El dulce pecho os ha herido,

Derramando con ternura

Raudales de gran dulzura

La Fuente del Salvador:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Pues morís, Padre y Señor,

En una Cruz afrentosa,

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.

 

℣. Nos redimiste, Señor, con tu Sangre.

℟. Y nos hiciste un reino para tu Padre y Dios nuestro.


ORACIÓN: Omnipotente y Eterno Dios, que por la Preciosa Sangre de tu Hijo quisiste aplacarte y redimirnos, concédenos te suplicamos, recordarte el precio de nuestra Redención, para que merezcamos alcanzar en esta vida el perdón, y la gloria en la eterna. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Coloquio

¡Oh Jesús mío azotado! ¡qué reconvención es para mí esa Sangre inocente que derramáis! puesto que Ella me recuerda todos mis crímenes, y me reconozco culpable de haberme unido tantas veces a vuestros perseguidores y de haberos azotado con tantas varas como pecados graves he cometido. Y sin embargo, la voz de esa Sangre no grita venganza, sino misericordia; esa Sangre es el bálsamo saludable que quiero aplicar a mis profundas heridas; quiero en esa Sangre sumergirme y purificar esta pobre alma, manchada e impura; una sola gota es bastante para purificarme; por los méritos de esa Sangre inocentísima dadme el dolor de mis culpas, excitad en mí horror y odio al pecado, y haced que esa Sangre preserve mi corazón de toda mancha y de toda impureza a fin de ser admitido a la dicha de veros en el Cielo, en donde no entrarán las almas impuras, sino las almas castas.

Ejemplo de la vida de un santo

Santa Teresa, devotísima de la Sangre Preciosísima de Jesucristo, se sintió toda conmovida a la vista de una imagen de Cristo azotado, cuya Sangre parecía brotar a los golpes; para enseñar el modo de orar deseaba que se pensase en los azotes que sufrió Jesucristo: «Pensemos, decía, en la Pasión de Jesucristo Señor Nuestro cuando estaba atado a la columna; pese nuestra inteligencia todas sus circunstancias, y juzgue de la grandeza de su dolor y de sus penas cuando se encontraba así solo y abandonado de sus amigos.» La devoción y afecto que profesaba a Jesús azotado la mereció escuchar un día de boca del mismo Jesús estas palabras: «Aunque tú nada tengas que darme, yo te doy toda mi Sangre a fin de que sea ofrecida por ti al Padre Eterno, segura de obtener por semejante medio todos los favores, aun los más señalados.»

Jaculatoria

Padre Eterno, te ofrezco la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo en expiación por nuestros pecados y por las necesidades de la Santa Iglesia.

(Rezar la cantidad de veces que se quiera)

Letanías

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo óyenos.

Cristo escúchanos.

Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.

Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.

Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.

Santa Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.

Sangre de Cristo, hijo único del Padre Eterno, sálvanos

Sangre de Cristo, Verbo encarnado,

Sangre de Cristo, Nuevo y Antiguo Testamento,

Sangre de Cristo, derramada sobre la tierra durante su agonía,

Sangre de Cristo, vertida en la flagelación.

Sangre de Cristo, que emanó de la corona de espinas,

Sangre de Cristo, derramada sobre la Cruz,

Sangre de Cristo, precio de nuestra salvación,

Sangre de Cristo, sin la cual no puede haber remisión,

Sangre de Cristo, alimento eucarístico y purificación de las almas,

Sangre de Cristo, manantial de misericordia,

Sangre de Cristo, victoria sobre los demonios,

Sangre de Cristo, fuerza de los mártires,

Sangre de Cristo, virtud de los confesores,

Sangre de Cristo, fuente de virginidad,

Sangre de Cristo sostén de los que están en peligro.

Sangre de Cristo, alivio de los que sufren,

Sangre de Cristo, consolación en las penas,

Sangre de Cristo, espíritu de los penitentes,

Sangre de Cristo, auxilio de los moribundos,

Sangre de Cristo, paz y dulzura de los corazones,

Sangre de Cristo, prenda de la vida eterna,

Sangre de Cristo que libera a las almas del Purgatorio,

Sangre de Cristo, digna de todo honor y de toda gloria,


Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, escúchanos Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.


V.- Nos rescataste, Señor, por tu Sangre.

R.- E hiciste nuestro el reino de los cielos.


Oremos: Dios Eterno y Todopoderoso que constituiste a tu hijo único Redentor del mundo, y que quisiste ser apaciguado por su sangre, haz que venerando el precio de nuestra salvación y estando protegidos por él sobre la tierra contra los males de esta vida, recojamos la recompensa eterna en el Cielo.

Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

Je prends un instant pour méditer toutes ces choses dans mon cœur (cf Luc 2,19)

Que vos paroles soient toujours bienveillantes, qu’elles ne manquent pas de sel, vous saurez ainsi répondre à chacun comme il faut. Col 4 : 6

loader

Mes a la Preciosísima Sangre de Jesús