21-La Preciosísima Sangre de Jesucristo enciende en las almas la caridad

Oración de Santa María Magdalena de Pazzi y Acto de Contrición

Padre Eterno, cubre mis labios con la Preciosísima Sangre de tu amado Hijo, de manera que mis oraciones sean purificadas antes de ascender a tu divino altar.

Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todos mis pecados y los aborrezco, porque al pecar, no sólo merezco las penas establecidas por ti justamente, sino principalmente porque te ofendí, a ti sumo Bien y digno de amor por encima de todas las cosas. Por eso propongo firmemente, con ayuda de tu gracia, no pecar más en adelante y huir de toda ocasión de pecado.

Amén

Reflexión sobre la obra redentora del Señor

¡Qué ardiente era en el Santísimo Corazón de Jesús el deseo de derramar su Sangre por la redención del mundo! Baptismo autem habeo baptizari, et quomodo coarctor usque dum perficiatur: tales son sus propias palabras. Yo tengo que derramar con mi Sangre las riquezas de mi amor; y ¡cuánto deseo y suspiro por hacerlo! Así expresa su ardiente deseo de formar para las almas este baño saludable. Si se considera la generosidad con que la ha derramado y el precio incomparable de esta Sangre divina, nuestro corazón no podrá menos de inflamarse en amor y nos veremos precisados a repetir con el Apóstol: “la caridad de Jesucristo nos estrecha.” Sería necesario tener un corazón más duro que la piedra para no sentirse abrasar de amor hacia Aquel que tanto nos ama. Y ¿quién, Jesús mío, quién no se sentirá todo inflamado de amor para con Vos? Y sin embargo, ¡oh monstruosa ingratitud de los hombres!, Jesús se ve precisado a exclamar dolorosamente: “He sido entregado al olvido como si estuviese muerto para todos los corazones.” Parece que es tratado como un muerto a quien todo afecto le abandona, Él que ha sacrificado por nosotros su Sangre y su vida. Pero todavía hay más; esta Sangre adorable no tiene valor a los ojos de tantos pecadores ingratos; Ella es pisada, profanada, y algunas veces blasfemada. ¡Ah! vosotras al menos, almas que amáis a Jesús, que sois devotas de esa Sangre Preciosa, honradla, adoradla y ofrecedla cada día ante el trono de Dios con los sentimientos de la más ardiente caridad.
II. Para inflamar más y más en nuestros corazones tan felices llamas de amor, consideremos además por quién Jesucristo ha derramado su Sangre. ¡Ah! vosotros lo sabéis; ha sido por nosotros, pecadores, y la ofrece toda por nuestra salvación. El Corazón amante de Jesús es, según el profeta Joel, un manantial perenne de donde corre hasta la consumación de los siglos esta fuente de amor. El tesoro de la Cruz con que Jesucristo ha pagado la deuda contraída por toda la posteridad de Adán para con la soberana justicia, nunca nos ha sido cerrado ni jamás lo será, sino que está siempre abierto en la herida del costado de nuestro Salvador. «El madero de la Cruz exhala un bálsamo inagotable de perfumes espirituales», en expresión de San Bernardo. La multitud de los que acuden a aprovecharse de este tesoro jamás le agotará, porque él procede de ese corazón de quien se ha dicho que «es rico en misericordia», y cuanto más se tome de él para remedio de nuestras necesidades, tanto más abundante es. Aunque Jesucristo haya subido glorioso a la diestra de su Eterno Padre, no por eso ha querido privar a la Iglesia de este rico tesoro de su Sangre y de sus méritos infinitos; ha querido que las almas fuesen siempre libres en valerse de ellos para reconciliarse por sus méritos con su Divina Majestad y participar de las riquezas inmensas de su amor. Aquí es, Jesús mío, donde podemos admirablemente juzgar de toda la grandeza de vuestra excesiva caridad, tan grande, tan profunda, tan incomprensible. ¡Dios mío, que se inflame al fin en vuestro amor nuestro corazón! Amemos, pues, a Jesús que nos ha amado así con todas sus entrañas y por esta Sangre adorable nos ha unido a su tan manso y amable corazón; repitamos una y mil veces: “¿Quién nos separara de la caridad de Jesucristo?” 

Rosario a las Santas Llagas/Rosario de la Preciosísima Sangre (A elección)

(Se usa un rosario normal, se presentan en paralelo)

Al inicio:

Oh Jesús, divino redentor, sé misericordioso con nosotros y con el mundo entero. Amén

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Amén

¡Perdón! ¡Misericordia, Jesús mío!; durante los peligros presentes, cúbrenos con tu preciosa sangre. Amén

Padre Eterno, ten Piedad y Misericordia por la Sangre de Jesucristo, Tu Único Hijo. Ten Misericordia de nosotros, Te suplicamos.

Amén. Amén. Amén.

Cuentas grandes:

Bendita sea la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, que con ella nos redimió.

/

Padre Eterno, te ofrezco las Santas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, para sanar las llagas de nuestras almas.

Cuentas pequeñas:

Preciosísima Sangre de Cristo, lávanos. Preciosísima Sangre de Cristo, defiéndenos.

/

Jesús mío, perdón y misericordia, por los méritos de tus Santas Llagas.

Cadena:

Jesucristo, aplaca tu ira, tu justicia y tu rigor. Líbranos de esta epidemia, misericordia Señor.

/

María, madre llena de aflicción, las llagas de tu Hijo graba en mi corazón.

Al finalizar:

Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

/

Padre Eterno, te ofrezco las Santas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, para sanar las llagas de nuestras almas (3 veces).

Gozos (Opcional)

Pues morís, Padre y Señor,

En una Cruz afrentosa,

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Esposo de sangre hermoso,

Que en vuestra Circuncisión,

Con ternura y compasión

La derramáis cariñoso:

Y aunque tierno y amoroso

Lloráis por el pecador:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Entre el huerto de las penas,

Entre angustias y agonías,

Dais amante por mil vías

La Sangre de vuestras venas:

Y pues con dulces cadenas

Rendís nuestro desamor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Ríos de Sangre corrieron

De vuestro Cuerpo sagrado,

Cuando a golpes maltratado

Con tanto azote le hirieron:

Todo una llaga os hicieron,

Siendo el hombre el ofensor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Vos de espinas coronado

Tanta Sangre derramáis,

Que casi, mi bien, cegáis,

Todo el rostro ensangrentado:

Y pues tierno y lastimado

Pagáis por vuestro deudor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Al llegar desfallecido

Y sin aliento al Calvario,

Un aleve y temerario

Os arrebata el vestido:

Piel y Sangre, mal herido,

Nos dais en este rigor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Clavos son nuestros delitos,

Que en una Cruz os fijaron,

Y pies y manos rasgaron

Con dolores exquisitos:

La sangre de Abel da gritos

En favor de su agresor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Difunta vuestra hermosura,

Un ciego, el más atrevido,

El dulce pecho os ha herido,

Derramando con ternura

Raudales de gran dulzura

La Fuente del Salvador:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Pues morís, Padre y Señor,

En una Cruz afrentosa,

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.

 

℣. Nos redimiste, Señor, con tu Sangre.

℟. Y nos hiciste un reino para tu Padre y Dios nuestro.


ORACIÓN: Omnipotente y Eterno Dios, que por la Preciosa Sangre de tu Hijo quisiste aplacarte y redimirnos, concédenos te suplicamos, recordarte el precio de nuestra Redención, para que merezcamos alcanzar en esta vida el perdón, y la gloria en la eterna. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Coloquio

¡Amable Redentor mío, de cuyo corazón abierto salen rayos de amor tan numerosos como las gotas de vuestra Preciosa Sangre para penetrar nuestros corazones tan fríos y tan insensibles a vuestro amor, muera en nosotros todo afecto terreno y ocupe todos los corazones ese fuego de caridad que habéis venido a traer al mundo; que todos os amen con todo su corazón, con toda su alma, con todas sus fuerzas y sobre todas las cosas; que ese amor se inflame más y más hasta que consigamos amaros en el Cielo! Sí, Jesús mío, os pedimos vuestro amor, por esa Sangre que habéis vertido por nosotros con tanto amor. Vuestro amor, y seremos bastantemente ricos. «Dadnos vuestro amor», diremos con San Ignacio, y moriremos contentos, si por vuestro amor morimos: Amorem tuum mihi dona, et dives sum satis. ¡Ay! ¡Ojalá pudiéramos dar por vuestro amor toda la sangre de nuestras venas, como por amor nos habéis dado Vos toda vuestra Sangre!

Ejemplo de la vida de un santo

Entre las almas más abrasadas en el amor de Jesucristo resplandece el gran mártir San Ignacio que era muy devoto de la Sangre preciosísima del Redentor y que, en sus cartas a los habitantes de Smirna, de Éfeso y de la Magnesia, hizo muchas veces mención de la Sangre de Jesús y de su Pasión. Ardiendo en deseos de derramar su sangre por Jesucristo hubiera excitado a las fieras para devorarle, si hubiesen rehusado despedazar su cuerpo, y suspirando después de los más crueles tormentos por imitar a su Redentor que había derramado su Sangre sobre una Cruz, decía frecuentemente: «Fuego, cruz, fieras, quebrantamiento de huesos, separación de miembros, molimiento de todo mi cuerpo, los tormentos todos del demonio, caigan sobre mí con tal de que yo pueda poseer a Jesucristo.» Y cuando condenado ya a muerte, oía los rugidos de los leones dispuestos para devorarle, repetía en los trasportes de su alegría: «Soy trigo de Jesucristo, muélanme las fieras entre sus dientes para que venga a ser un pan puro.» Y con una voz de alegría, dio voluntariamente su sangre y su vida por el Señor.

Jaculatoria

Padre Eterno, te ofrezco la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo en expiación por nuestros pecados y por las necesidades de la Santa Iglesia.

(Rezar la cantidad de veces que se quiera)

Letanías

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo óyenos.

Cristo escúchanos.

Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.

Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.

Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.

Santa Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.

Sangre de Cristo, hijo único del Padre Eterno, sálvanos

Sangre de Cristo, Verbo encarnado,

Sangre de Cristo, Nuevo y Antiguo Testamento,

Sangre de Cristo, derramada sobre la tierra durante su agonía,

Sangre de Cristo, vertida en la flagelación.

Sangre de Cristo, que emanó de la corona de espinas,

Sangre de Cristo, derramada sobre la Cruz,

Sangre de Cristo, precio de nuestra salvación,

Sangre de Cristo, sin la cual no puede haber remisión,

Sangre de Cristo, alimento eucarístico y purificación de las almas,

Sangre de Cristo, manantial de misericordia,

Sangre de Cristo, victoria sobre los demonios,

Sangre de Cristo, fuerza de los mártires,

Sangre de Cristo, virtud de los confesores,

Sangre de Cristo, fuente de virginidad,

Sangre de Cristo sostén de los que están en peligro.

Sangre de Cristo, alivio de los que sufren,

Sangre de Cristo, consolación en las penas,

Sangre de Cristo, espíritu de los penitentes,

Sangre de Cristo, auxilio de los moribundos,

Sangre de Cristo, paz y dulzura de los corazones,

Sangre de Cristo, prenda de la vida eterna,

Sangre de Cristo que libera a las almas del Purgatorio,

Sangre de Cristo, digna de todo honor y de toda gloria,


Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, escúchanos Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.


V.- Nos rescataste, Señor, por tu Sangre.

R.- E hiciste nuestro el reino de los cielos.


Oremos: Dios Eterno y Todopoderoso que constituiste a tu hijo único Redentor del mundo, y que quisiste ser apaciguado por su sangre, haz que venerando el precio de nuestra salvación y estando protegidos por él sobre la tierra contra los males de esta vida, recojamos la recompensa eterna en el Cielo.

Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

Je prends un instant pour méditer toutes ces choses dans mon cœur (cf Luc 2,19)

Que vos paroles soient toujours bienveillantes, qu’elles ne manquent pas de sel, vous saurez ainsi répondre à chacun comme il faut. Col 4 : 6

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Mes a la Preciosísima Sangre de Jesús