18-La Preciosísima Sangre llena el alma de dulzura y de paz

Oración de Santa María Magdalena de Pazzi y Acto de Contrición

Padre Eterno, cubre mis labios con la Preciosísima Sangre de tu amado Hijo, de manera que mis oraciones sean purificadas antes de ascender a tu divino altar.

Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todos mis pecados y los aborrezco, porque al pecar, no sólo merezco las penas establecidas por ti justamente, sino principalmente porque te ofendí, a ti sumo Bien y digno de amor por encima de todas las cosas. Por eso propongo firmemente, con ayuda de tu gracia, no pecar más en adelante y huir de toda ocasión de pecado.

Amén

Reflexión sobre la obra redentora del Señor

El Profeta Isaías había predicho con mucha antelación que, en la plenitud de los tiempos, las almas recogerían en la alegría de su corazón las aguas suaves y dulces que manan de las fuentes del Salvador. ¿Y cuáles son esas aguas suaves y dulces sino las celestiales consolaciones que se reciben por los méritos de la Sangre Preciosísima del Redentor que se derrama por tantas fuentes cuantas son las llagas sagradas? ¡Oh! delicia anticipada del Paraíso que experimentan todos los días las almas que profesan una verdadera y sincera devoción a la Preciosísima Sangre. El alma devota de esta Sangre adorable se consuela por lo que ya posee y por lo que espera; lo que posee, ésto es, el tesoro inapreciable de la gracia santificante adquirida mediante la efusión de esta Sangre de valor infinito en la participación de los Santos Sacramentos. Y aquí no hay palabras para describir la tranquilidad del alma y la dulzura de espíritu que el Señor derrama sobre el devoto de esta Sangre divina; sólo puede decirlo aquel que la ha gustado; es un perpetuo banquete. Los Ángeles y la Reina de los Ángeles, la Santísima Virgen, y la Santísima Trinidad, miran a esta alma con ojos de amor. ¡Oh! ¡Qué paz! qué serenidad de conciencia. Ya se figura gustar sobre la tierra las delicias del Paraíso: «la buena conciencia, dice el Crisóstomo, no sólo sirve para consuelo sino también para premio.» Si algunas veces Dios prueba todavía a esta alma en el crisol de la tribulación, si suspende sus delicias, es para hacerla adquirir más méritos y ella está en paz aun en medio mismo de la amargura y de la desolación resignándose en la voluntad de Dios. Y todo ésto es efecto de su Sangre Preciosa.
II. Pero el alma halla su consuelo en esta Sangre, no solamente por lo que posee, sino más bien por lo que espera; en Ella lo espera todo en sus oraciones. Tal es su efecto, su eficacia, que todo puede obtenerse en su nombre, y nuestras oraciones nada podrían alcanzar si ellas no fuesen acompañadas de esa Sangre de propiciación y de gracia. El bienaventurado Simón de Cascia nos dice que el sudor de Sangre vertido por Jesús en el Huerto es lo que para con Dios da eficacia a nuestras oraciones. Si el alma es tentada sale victoriosa del combate, porque cubierta y armada de esta Sangre, pone en fuga a los demonios; si se halla en aflicción, espera el consuelo; si en las fatigas, el descanso; si en los peligros, la salvación; si en el momento de la muerte, la gloria; conoce bien el tesoro que posee ve en él la prenda y las arras del Paraíso. ¡Oh! ¡Y qué estimables son estas riquezas! Al alma devota de esta Sangre puede decirse lo que San Jerónimo a la virgen Eustaquia, auro incedis onusta: eres un oro sin precio. Y, en efecto, San Ambrosio da este nombre a la Sangre de Cristo. ¿Quién, pues, no querrá enriquecerse con él? ¿No sería el colmo de la locura que hallándose uno junto a una mina de oro, de donde pudiese sacar libremente cuanto quisiese, prefiriese gemir en su pobreza? Pero ¡ah! ¿No es una locura mil veces mayor al de un alma que desprecia semejante devoción y se priva de las delicias celestiales que derrama en el fondo del corazón este baño saludable?

Rosario a las Santas Llagas/Rosario de la Preciosísima Sangre (A elección)

(Se usa un rosario normal, se presentan en paralelo)

Al inicio:

Oh Jesús, divino redentor, sé misericordioso con nosotros y con el mundo entero. Amén

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Amén

¡Perdón! ¡Misericordia, Jesús mío!; durante los peligros presentes, cúbrenos con tu preciosa sangre. Amén

Padre Eterno, ten Piedad y Misericordia por la Sangre de Jesucristo, Tu Único Hijo. Ten Misericordia de nosotros, Te suplicamos.

Amén. Amén. Amén.

Cuentas grandes:

Bendita sea la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, que con ella nos redimió.

/

Padre Eterno, te ofrezco las Santas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, para sanar las llagas de nuestras almas.

Cuentas pequeñas:

Preciosísima Sangre de Cristo, lávanos. Preciosísima Sangre de Cristo, defiéndenos.

/

Jesús mío, perdón y misericordia, por los méritos de tus Santas Llagas.

Cadena:

Jesucristo, aplaca tu ira, tu justicia y tu rigor. Líbranos de esta epidemia, misericordia Señor.

/

María, madre llena de aflicción, las llagas de tu Hijo graba en mi corazón.

Al finalizar:

Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

/

Padre Eterno, te ofrezco las Santas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, para sanar las llagas de nuestras almas (3 veces).

Gozos (Opcional)

Pues morís, Padre y Señor,

En una Cruz afrentosa,

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Esposo de sangre hermoso,

Que en vuestra Circuncisión,

Con ternura y compasión

La derramáis cariñoso:

Y aunque tierno y amoroso

Lloráis por el pecador:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Entre el huerto de las penas,

Entre angustias y agonías,

Dais amante por mil vías

La Sangre de vuestras venas:

Y pues con dulces cadenas

Rendís nuestro desamor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Ríos de Sangre corrieron

De vuestro Cuerpo sagrado,

Cuando a golpes maltratado

Con tanto azote le hirieron:

Todo una llaga os hicieron,

Siendo el hombre el ofensor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Vos de espinas coronado

Tanta Sangre derramáis,

Que casi, mi bien, cegáis,

Todo el rostro ensangrentado:

Y pues tierno y lastimado

Pagáis por vuestro deudor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Al llegar desfallecido

Y sin aliento al Calvario,

Un aleve y temerario

Os arrebata el vestido:

Piel y Sangre, mal herido,

Nos dais en este rigor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Clavos son nuestros delitos,

Que en una Cruz os fijaron,

Y pies y manos rasgaron

Con dolores exquisitos:

La sangre de Abel da gritos

En favor de su agresor:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Difunta vuestra hermosura,

Un ciego, el más atrevido,

El dulce pecho os ha herido,

Derramando con ternura

Raudales de gran dulzura

La Fuente del Salvador:

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.


Pues morís, Padre y Señor,

En una Cruz afrentosa,

Por vuestra Sangre preciosa,

Dadnos Jesús, vuestro amor.

 

℣. Nos redimiste, Señor, con tu Sangre.

℟. Y nos hiciste un reino para tu Padre y Dios nuestro.


ORACIÓN: Omnipotente y Eterno Dios, que por la Preciosa Sangre de tu Hijo quisiste aplacarte y redimirnos, concédenos te suplicamos, recordarte el precio de nuestra Redención, para que merezcamos alcanzar en esta vida el perdón, y la gloria en la eterna. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Coloquio

Comprendo ahora, Jesús mío, lo que causa mis angustias y mis miserias. Hasta aquí he apreciado poco vuestra Sangre, he vivido en la tibieza y he manifestado poca solicitud por aprovecharme de Ella. ¡Ah! ¿Qué no habría yo obtenido si con una fe viva y una caridad ardiente la hubiese ofrecido muchas veces al pie de vuestro trono; si con un profundo sentimiento de piedad y de respeto le hubiese adorado; si con las disposiciones convenientes me hubiese acercado a recibir los Santos Sacramentos que son las fuentes de donde la sacamos? Más no será así en adelante; desde hoy quiero profesar la más ferviente devoción a esa Sangre de vida eterna; Ella hará las delicias de mi corazón, el objeto de todos mis deseos y afectos, y después de haber hallado en vuestra Sangre mi consolación, mi paz y mi tranquilidad durante esta vida, espero hallar por ella una gloria eterna en el Cielo.

Ejemplo de la vida de un santo

Se refiere de Santa Teresa que, teniendo un día el Santísimo Sacramento en sus labios, le pareció que su rostro y toda su persona estaba inundada de sangre tan caliente como si acabase de salir de las venas que la contenían; en el mismo instante la Santa experimentó una deliciosa consolación, y el Señor la dijo: «Quiero que mi Sangre te haga feliz y confía en mi misericordia que jamás te faltará; yo la he derramado con dolor y tú la posees con delicias.» Y en efecto, a mi Redentor le ha costado el precio inmenso de una dolorosa efusión; y a mí se me da sin trabajo, y antes bien me proporciona la alegría y las delicias del corazón.

Jaculatoria

Padre Eterno, te ofrezco la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo en expiación por nuestros pecados y por las necesidades de la Santa Iglesia.

(Rezar la cantidad de veces que se quiera)

Letanías

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo óyenos.

Cristo escúchanos.

Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.

Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.

Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.

Santa Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.

Sangre de Cristo, hijo único del Padre Eterno, sálvanos

Sangre de Cristo, Verbo encarnado,

Sangre de Cristo, Nuevo y Antiguo Testamento,

Sangre de Cristo, derramada sobre la tierra durante su agonía,

Sangre de Cristo, vertida en la flagelación.

Sangre de Cristo, que emanó de la corona de espinas,

Sangre de Cristo, derramada sobre la Cruz,

Sangre de Cristo, precio de nuestra salvación,

Sangre de Cristo, sin la cual no puede haber remisión,

Sangre de Cristo, alimento eucarístico y purificación de las almas,

Sangre de Cristo, manantial de misericordia,

Sangre de Cristo, victoria sobre los demonios,

Sangre de Cristo, fuerza de los mártires,

Sangre de Cristo, virtud de los confesores,

Sangre de Cristo, fuente de virginidad,

Sangre de Cristo sostén de los que están en peligro.

Sangre de Cristo, alivio de los que sufren,

Sangre de Cristo, consolación en las penas,

Sangre de Cristo, espíritu de los penitentes,

Sangre de Cristo, auxilio de los moribundos,

Sangre de Cristo, paz y dulzura de los corazones,

Sangre de Cristo, prenda de la vida eterna,

Sangre de Cristo que libera a las almas del Purgatorio,

Sangre de Cristo, digna de todo honor y de toda gloria,


Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, escúchanos Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.


V.- Nos rescataste, Señor, por tu Sangre.

R.- E hiciste nuestro el reino de los cielos.


Oremos: Dios Eterno y Todopoderoso que constituiste a tu hijo único Redentor del mundo, y que quisiste ser apaciguado por su sangre, haz que venerando el precio de nuestra salvación y estando protegidos por él sobre la tierra contra los males de esta vida, recojamos la recompensa eterna en el Cielo.

Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

Je prends un instant pour méditer toutes ces choses dans mon cœur (cf Luc 2,19)

Que vos paroles soient toujours bienveillantes, qu’elles ne manquent pas de sel, vous saurez ainsi répondre à chacun comme il faut. Col 4 : 6

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Mes a la Preciosísima Sangre de Jesús