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María Jesús

María Jesús en Retiro con Santa Teresa de Jesús, una mística muy humana

Publicación #1Publicada inicialmente el 7 de octubre de 2019

Santa Teresa niña, sus afectos, la pérdida de su madre

Queridos amigos:

Bienvenidos a este retiro de preparación a la fiesta de Santa Teresa de Jesús. Los santos nos llevan a Dios. No nos quedamos solamente en nuestra devoción a ellos sino que nos ayudan a poner los ojos en la meta, en nuestro amor absoluto que es Dios. Y gracias a sus vidas y sus escritos obtenemos una guía para caminar por esta senda, a veces bastante desconcertante, que es la vida.

Santa Teresa no tuvo ningún reparo en hablarnos de sus dificultades y de su humanidad débil, lo cual es una gran ayuda para nosotros. Cuando vemos que todos pasamos por lo mismo, que todos somos pobres y tenemos tentaciones, luchas y dificultades ya no nos sentimos tan solos e incomprendidos ¿verdad? Sobre todo, cuando vemos que los santos fueron seres como nosotros, comprendemos que es verdad, que todos estamos llamados a la santidad y que solo el cumplimiento de la voluntad de Dios en nuestra vida no hace felices, a pesar de los sufrimientos que todos tenemos.

A Santa Teresa desde luego no le faltaron contrariedades y penas ya desde niña. Desde siempre fue una niña muy afectiva. Según ella era la favorita de su madre y tenía con esta una gran complicidad. La santa describe así a su madre en el Libro de su Vida:

"Esto, con el cuidado que mi madre tenía de hacernos rezar y ponernos en ser devotos de nuestra Señora y de algunos santos, comenzó a despertarme de edad, a mi parecer, de seis o siete años. Ayudábame no ver en mis padres favor sino para la virtud. Tenían muchas” Capítulo 1 punto 1.

Mi madre también tenía muchas virtudes y pasó la vida con grandes enfermedades. Grandísima honestidad. Con ser de harta hermosura, jamás se entendió que diese ocasión a que ella hacía caso de ella, porque con morir de treinta y tres años, ya su traje era como de persona de mucha edad. Muy apacible y de harto entendimiento. Fueron grandes los trabajos que pasaron el tiempo que vivió. Murió muy cristianamente” Capítulo 1 punto 2

Tenía Santa Teresa doce años cuando murió su madre. Podemos imaginar lo que sería en una persona tan afectiva como Teresa perder a su madre en plena adolescencia. Ella describe en un pequeño párrafo como pudo sanar de la herida de la pérdida de su madre.

Acuérdome que cuando murió mi madre quedé yo de edad de doce años, poco menos. Como yo comencé a entender lo que había perdido, afligida fuime a una imagen de nuestra Señora y supliquéla fuese mi madre, con muchas lágrimas. Paréceme que, aunque se hizo con simpleza, que me ha valido; porque conocidamente he hallado a esta Virgen soberana en cuanto me he encomendado a ella y, en fin, me ha tornado a sí” Capítulo 1 punto 7

Hallamos una gran similitud en la experiencia de sanación de la pérdida de su madre de Santa Teresa de Jesús con otra gran santa de la que también hemos celebrado su fiesta recientemente, Santa Teresita del Niño Jesús, la cual perdió a su madre con cuatro años, y llevó un proceso largo de sanación que culminó así como ella dice en Historia de un alma:

13 de mayo de 1883, fiesta de Pentecostés. Sobre la cama, puse mi mirada hacia la imagen de Nuestra Señora y …de pronto la Santísima Virgen me ha parecido bella, tan bella que nunca vi algo semejante, su rostro exhalaba una bondad y una ternura inefables, pero lo que caló hondo en mi alma fue la “sonrisa encantadora de la Santísima Virgen”.

Si os parece podemos hacer hoy una oración de sanación de nuestras heridas afectivas y de las pérdidas que hemos tenido a lo largo de nuestra vida:

Retírate a un lugar tranquilo. Adopta una postura cómoda e intenta relajar tu cuerpo con una respiración profunda y calmada. Abandona todas tus preocupaciones en tu Padre Dios. Jesús y la Virgen están contigo. Visualízalos si puedes y si no quédate tranquilo. Si sientes un dolor presente o del pasado por alguna perdida afectiva que hayas tenido en tu vida, imagina que tu corazón está siendo tocado por Jesús o por María, elige aquel con el que te sientas más cómodo. Si quieres llorar hazlo. Pídele a Dios que te consuele. Siéntete abrazado, querido. Quédate un rato así con fe en que Jesús o la Virgen te están tocando, aunque no lo sientas. Diles que pones tu corazón en sus manos para que sea sanado. Quédate así tranquilo dejándote amar.

¡Hasta mañana!

Tomo un minuto para meditar todas estas cosas en mi corazón (Lucas, 2:19)

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"Que sus conversaciones sean siempre agradables y oportunas, a fin de que sepan responder a cada uno como es debido". Colosenses 4:6

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