Primer día: Santa Lucía, poderosa intercedora. - Hozana

Primer día: Santa Lucía, poderosa intercedora.

Oración a Santa Lucía para todos los días

Gloriosa Virgen y Mártir Santa Lucía, a quien previno el Señor desde la tierna infancia con las bendiciones de su gracia, eligiéndoos el Eterno Padre por digna hija suya, el Hijo soberano por esposa amada, y el Espíritu divino por su agradable habitación, suplícoos Santa mía me alcancéis de la beatísima Trinidad un fervor devoto, para celebrar esta novena en honor vuestro, y que así como vuestra dichosa alma empezó a servir a Dios, inflamada de los ardores de su amor, no desistiendo de tan noble empeño, hasta llegar a poseerle laureada de las dos coronas de virgen y mártir, así consiga yo, mediante vuestra intercesión poderosa, un verdadero amor suyo para que amándole y sirviéndole en esta vida, logre después verle y gozarle en la eterna bienaventuranza.

¡Amén!

 

Gloriosa Santa Lucía, Virgen y Mártir de Jesucristo; si es para gloria de su Majestad divina, y para honra tuya, que yo consiga lo que deseo y pido en esta Novena, alcanzame esta gracia del Señor; y si no endereza mi petición, y pide para mí a Dios aquello que más me conviene para mayor gloria suya, vida, salud y provecho de mi alma.

 

3 Padres Nuestros

3 Ave María

Gloria

 

Reflexión del Primer Día

¡Oh, piadosa Virgen y Mártir Santa Lucía! cuya vida inocentísima fue toda una hostia ofrecida en sacrificio al verdadero Dios, padeciendo por su amor divino los más crueles tormentos que inventó la rabia de los tiranos, hasta dar el último aliento a los filos de una espada; permiteme, Santa Lucía que imitando tu piedad, yo sepa ofrecer al Señor como reparación de mis culpas cualquier trabajo, contratiempo y persecución que padezca. Asimismo espero conseguir me concedas la gracia que pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, honra tuya y bien espiritual de mi alma. ¡Amén!

 

Letanías en honor a Santa Lucía, virgen y mártir

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.

Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.

Dios Hijo Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.

Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.

Santísima Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros.

Santa María, Virgen de Vírgenes, ruega por nosotros.

Santa Lucía, Virgen y Mártir, ruega por nosotros.

Santa Lucía, Lirio de Pureza, ruega por nosotros.

Santa Lucía, dotada con sobresaliente belleza y sabiduría, ruega por nosotros.

Santa Lucía, un ejemplo de obediencia, ruega por nosotros.

Santa Lucía, ornamento de la ciudad de Siracusa, ruega por nosotros.

Santa Lucía, nacida de padres nobles, ruega por nosotros.

Santa Lucía, quien curó a su propia Madre, ruega por nosotros.

Santa Lucía, quien consacró su virginidad a Dios, ruega por nosotros.

Santa Lucía, quien despreció los honores del mundo, ruega por nosotros.

Santa Lucía, quien se negó a sacrificarse a los dioses falsos, ruega por nosotros.

Santa Lucía, quien adoró el verdadero Dios, ruega por nosotros.

Santa Lucía, heroica en su sacrifício, ruega por nosotros.

Santa Lucía, quien distribuyó su riqueza a los pobres, ruega por nosotros.

Santa Lucía, valiente en su respuesta al juez pagáno, ruega por nosotros.

Santa Lucía, fortalecida por la gracia de Dios, ruega por nosotros.

Santa Lucía, cuyas manos y pies fueron atados con sogas, ruega por nosotros.

Santa Lucía, quien fue tirada en un horno ardiente, ruega por nosotros.

Santa Lucía, cuyo pezqueso fue cortada por el verdugo, ruega por nosotros.

Santa Lucía, quien profetizó la derrocha de los crueles tiranos, ruega por nosotros.

Santa Lucía, quien ofreció su vida para Dios, ruega por nosotros.

Santa Lucía, martiriada por su fe en Cristo, ruega por nosotros.

Santa Lucía, quien restaura la vista a los ciegos, ruega por nosotros.

Santa Lucía, quien logra muchos milagros, ruega por nosotros.

Santa Lucía, quien ganó la Corona del Martírio, ruega por nosotros.

Cordero de Dios,  que quitas el pecado del mundo, perdónanos Señor.

Cordero de Dios,  que quitas el pecado del mundo, escúchanos Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Ruega por nosotros, Santa Lucía, para que podamos ser dignos de las promesas de Jesucristo.

 

Oración a Nuestro Señor Jesucristo para todos los días.

Señor mío Jesucristo, verdadero Dios y hombre, que portu infinito amor descendiste del cielo a la tierra, y te revestiste de la naturaleza humana en el purísimo vientre de María Santísima, Madre y Señora nuestra, y compadecido de que el enemigo común, hubiese atacado a mi pobre alma, padeciste crueles tormentos hasta morir terriblemente clavado en una cruz, resucitando glorioso al tercer día, triunfando de la muerte y del demonio. No permitas, Señor que por mi fragilidad yo vuelva a ser esclavo de tan odioso enemigo, antes bien auxiliame con tu Gracia para lograr un acto de verdadera contricción, y que me pese verdaderamente el haberte ofendido, sólo por ser Tú quien eres, con propósito firme de no ofenderte nunca jamás: y concédeme la petición que hago en esta novena, y el perseverar en tu santo servicio hasta el fin de mi vida, para que mi alma logre verte y gozarte por eternidades en la gloria, donde vives y reinas en unidad del Padre y del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. 

 ¡Amén!

 

Oración Final

Omnipotente y Eterno Dios, quien protegió a tu sirviente Santa Lucía en la tierra y le obsequió la corona del martírio en el Cielo, dános a nosotros tambien Tu protección aquí, y dános la corona de la gloria en el Cielo. Te pedimos esto a través de nuestro Señor Jesucrusto, Tu Hijo, quien vive y reina contigo y el Espíritu Santo, Un Dios, por los siglos de los siglos. 

 ¡Amén!

 

Historia de Santa Lucía de Siracusa

Santa Lucía nació en el siglo III en Siracusa, Sicilia, Italia que era una importante ciudad griega a donde había llegado el cristianismo a través del obispo Marciano, enviado por San Pedro. Además San Pablo, Apóstol estuvo allí tres días de paso hacia Roma, Italia. 

Cuando nació Lucía, la comunidad cristiana era numerosa y había en el lugar templos y catacumbas. Los cristianos del lugar peregrinaban todos los años a la ciudad de Catania, Italia, para venerar los restos de Santa Agueda, quien murió durante una persecución religiosa. Agueda era venerada por los cristianos, pero sobretodo era muy conocida por sus numerosos milagros. En el año 301, Lucía y su madre Eutiquia, peregrinaron hasta Catania para rogar por la curación de Eutiquia que sufría de hemorragias desde hacía muchos años. 

En el templo Lucía se durmió y en sueños se le apareció Agueda diciéndole: "Lucía, ¿por qué me pides lo que tú misma puedes conceder? Tu fe ha alcanzado gracia y tu madre está curada". Al despertarse, Lucía le contó a su madre el sueño y Eutiquia se dió cuenta que estaba completamente curada.

Lucía decidió consagrar su vida al Señor; y Eutiquia, llena de gratitud por su curación, le dió permiso y le anticipó que le iba dejar en sus manos su cuantiosa fortuna.

A su regreso a Siracusa, Lucía vendió sus bienes y empezó a repartirlo el dinero entre los pobres. Un joven de la ciudad, enamorado de Lucía, desilusionado porque Lucía se había consagrado a Jesús, la denunció ante las autoridades romanas como seguidora de Cristo, ya que el Emperador había emitido un edicto que dictaba graves castigos a los cristianos. Lucía fue arrestada y condenada a hacer sacrificios paganos para que renunciara a ser cristiana. Lucía se opuso rotundamente. Ella respondía: "Es inútil que insista. Jamás podrá apartarme del amor a mi Señor Jesucristo".

Y cuando sus jueces y acusadores le preguntaban: "Y si la sometemos a torturas, ¿será capaz de resistir?".

Lucía respondía: "Sí, porque los que creemos en Cristo y tratamos de llevar una vida pura tenemos al Espíritu Santo que vive en nosotros y nos da fuerza, inteligencia y valor".

Entonces la amenazaron con llevarla a un prostíbulo para someterla por fuerza a la degradación. Lucía respondía: "El cuerpo queda contaminado solamente si el alma es consciente".

No pudieron llevar a cabo la sentencia pues Dios impidió que los guardias pudiesen mover a Lucía del sitio en que se hallaba. Trataron también de atarle de pies y manos, pero por más que se esforzaban no podían.  Las autoridades al enterarse de lo sucedido condenaron a Lucía por brujería y entonces fue llevada a la hoguera, pero el fuego no le afectaba nada. Al ver ésto, se ordenó que le sacaran los ojos, pero a pesar de estar ciega Lucía seguía viendo. Entonces, Lucía fue condenada a ser decapitada. Ella se arrodilló preparada para su golpe mortal, fue decapitada, pero aún con la garganta cortada, Lucía seguía exhortando a los fieles para que antepusieran los deberes con Dios a los de las criaturas, hasta cuando los compañeros de fe, que estaban a su alrededor, sellaron su conmovedor testimonio con la palabra "Amén".

Antes de la ejecución, Lucía preanunció la muerte del Emperador Diocleziano, que ocurriría pocos años después, al final de la persecución cristiana.

Lucía falleció el 13 de diciembre del 304 y fue sepultada en el mismo lugar donde pocos años después fue construido un Santuario en su honor. Su cuerpo fue transladado muchas veces a traves de los años hasta finalmente reposan en la iglesia dedicada a ella en Venecia, Italia. En 1955, el rostro de Lucía fue cubierto con una máscara de plata por deseo expreso del Patriarca Cardenal Roncalli (futuro Juan XXIII).

Debido a que, cuando Lucía estaba en el tribunal, ya sin ojos, seguía viendo, se considera como la patrona del sentido de la vista, la patrona de todos los invidentes y de todos los oficios que requieren tener una visión aguda y detallada. 

Santa Lucía de Siracusa, es representada con sus ojos en una bandeja y una palma; en ocasiones tiene una espada que le atraviesa el cuello, un libro, o una lámpara de aceite.


Tomo un minuto para meditar todas estas cosas en mi corazón (Lucas, 2:19)

"Que sus conversaciones sean siempre agradables y oportunas, a fin de que sepan responder a cada uno como es debido". Colosenses 4:6