19 de diciembre - Cuarto día - Hozana

19 de diciembre - Cuarto día

19 de diciembre - Cuarto día

Cuarto día (19 de diciembre)

En este cuarto día de la Novena de Aguinaldos renovemos nuestro corazón cantando un Villancico muy popular, que nos llenará de alegría y memorias familiares.

 

Antón Tiruriru Riru, Antón Tiruriru Rá

Antón tiruriru riru, antón tiruriru rá,
Jesús al pesebre vamos a adorar,
Jesús al pesebre vamos a adorar.

Duérmete niño chiquito, que la noche viene ya,
cierra pronto tus ojitos, que el viento te arrullará.

Antón tiruriru riru, antón tiruriru rá,
Jesús al pesebre vamos a adorar,
Jesús al pesebre vamos a adorar.

Duérmete niño chiquito, que tu madre velará,
cierra pronto tus ojitos, porque la entristecerás

Antón tiruriru riru, antón tiruriru ra,
Jesús al pesebre vamos a adorar,
Jesús al pesebre vamos a adorar.

 

 

Oración para todos los días

Oración a Dios Padre

Benignísimo Dios de infinita caridad,

que tanto amasteis a los hombres,

que les disteis en vuestro hijo la prenda de vuestro amor

para que hecho hombre en las entrañas de una Virgen

naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio;

yo, en nombre de todos los mortales,

os doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.

En retorno de él os ofrezco la pobreza, humildad y

demás virtudes de vuestro hijo humanado,

suplicándoos por sus divinos méritos,

por las incomodidades en que nació y

por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre,

que dispongáis nuestros corazones con humildad profunda,

con amor encendido, con tal desprecio de todo lo terreno,

para que Jesús recién nacido

tenga en ellos su cuna y more eternamente.

¡Amén!

Se reza 3 veces Gloria al Padre... 

 

 

Consideración para el cuarto día

Versión original

Desde el seno de su madre el Niño Jesús empieza a dar su entera sumisión a Dios, que continuó sin la menor interrupción durante toda su vida. Adoraba a su Eterno Padre, le amaba, se sometía a su voluntad, aceptaba con resignación el estado en que se hallaba conociendo toda su debilidad, toda su humillación, todas sus incomodidades.

¿Quién de nosotros quisiera retroceder a un estado semejante con el pleno goce de la razón y de la reflexión?, ¿quién pudiera sostener a sabiendas un martirio tan prolongado, tan penoso de todas maneras?

Por ahí entró el Divino Niño en su dolorosa y humillante carrera; así empezó a anonadarse delante de su Padre, a enseñarnos lo que Dios merece por parte de su criatura y a purgar nuestro orgullo, origen de todos nuestros pecados, y hacernos sentir toda la criminalidad y el desorden de este orgullo.

Si deseamos orar verdaderamente; empecemos por hacernos una exacta idea de lo que es la oración contemplando al Niño en el seno de su madre; el Divino Niño ora y ora del modo más excelente: No habla, no medita ni se deshace en tiernos afectos. Su mismo estado, con la intención de honrar a Dios es su oración y ese estado expresa totalmente todo lo que Dios merece, y de qué modo quiere ser adorado por nosotros.

Unámonos a las adoraciones del Niño Dios en el seno de María; unámonos a su profundo abatimiento, y sea este el primer efecto de nuestro sacrificio a Dios, no para ser algo, como lo pretende continuamente nuestra vanidad, sino para no ser nada; para quedar eternamente consumidos y anonadados, para renunciar a la estimulación de nosotros mismos, a todo cuidado de nuestra grandeza, aunque sea espiritual, a todo movimiento de vanagloria. Desaparezcamos a nuestros propios ojos y que Dios sea todo para nosotros.

¡Amén!

 

 

Reflexión

El contenido de la oración, como hemos escuchado, es que seamos santos e irreprensibles en el momento de la venida del Señor. La palabra central de esta época es venida. Debemos preguntarnos qué significa la venida del Señor. En griego es parusía, en latín adventus, adviento, venida. ¿Qué es esta venida? ¿Nos concierne o no? 

Podemos imaginar la conmoción de la Virgen María, que con un gran acto de fe y de obediencia, pronuncio «, he aquí la esclava del Señor». Así se convirtió en "morada" del Señor, en verdadero "templo" en el mundo y en "puerta" por la que el Señor entró en la tierra.

En cierto sentido, el Señor desea venir siempre a través de nosotros, y llama a la puerta de nuestro corazón: ¿estás dispuesto a darme tu carne, tu tiempo, tu vida? Esta es la voz del Señor, que quiere entrar también en nuestro tiempo, quiere entrar en la historia humana a través de nosotros. El Señor también una morada viva, nuestra vida personal. Esta es la venida del Señor.

Esto es lo que queremos aprender de nuevo en el tiempo del Adviento: que el Señor pueda venir a través de nosotros. Dios nos llama a la comunión consigo, que se realizará plenamente cuando vuelva Cristo, y Él mismo se compromete a hacer que lleguemos preparados a ese encuentro final y decisivo. El futuro, por decirlo así, está contenido en el presente o, mejor aún, en la presencia de Dios mismo, de su amor indefectible, que no nos deja solos, que no nos abandona ni siquiera un instante, como un padre y una madre jamás dejan de acompañar a sus hijos en su camino de crecimiento. 

Quien reza no desperdicia su tiempo, aunque todo haga pensar en una situación de emergencia y parezca impulsar sólo a la acción. – Deus caritas est, n. 36

Dejarse absorber por las actividades entraña el riesgo de quitar de la plegaria su especificad cristiana y su verdadera eficacia.  

María quiere decirles también que nadie es indiferente para Dios. Él los mira con amor a cada uno de ustedes y los llama a una vida dichosa y llena de sentido. No dejen que las dificultades los descorazonen. María se turbó cuando el ángel le anunció que sería la Madre del Salvador. Ella conocía cuánta era su debilidad ante la omnipotencia de Dios. Sin embargo, dijo “sí” sin vacilar. Y gracias a su sí, la salvación entró en el mundo, cambiando así la historia de la humanidad. Queridos jóvenes, por su parte, no tengan miedo de decir sí a las llamadas del Señor, cuando Él los invite a seguirlo. Respondan generosamente al Señor. Sólo Él puede colmar los anhelos más profundos de su corazón. [...]. El servicio a los hermanos y a las hermanas ensancha el corazón y lo hace disponible. En el silencio de la oración,  [...] ayude a los llamados al matrimonio a descubrir la belleza de un amor auténtico y profundo, vivido como don recíproco y fiel. A aquellos, entre ustedes, que Él llama a seguirlo en la vocación sacerdotal o religiosa, quisiera hablarles de la felicidad que existe en entregar la propia vida al servicio de Dios y de los hombres.[...] En su camino espiritual están llamados a desarrollar la gracia de su bautismo, a alimentarse de la Eucaristía y a sacar fuerza de la oración para dar testimonio en la solidaridad con todos sus hermanos en la humanidad. –Papa Benedicto XVI – Carta Encíclica "Spe Salvi" & Homilía en Lourdes, Francia - Sept. 14, 2008.

En ocasiones nos cuesta trabajo reconocer la manifestación de Dios en nuestra propia vida. Las palabras con que inicia el Evangelio de San Juan nos presentan a Jesús como la presencia plena de Dios; Él se manifiesta plenamente en el acontecimiento de la Encarnación: "La palabra se hizo carne y habitó entre nosotros."

La Palabra de Dios, por quien han sido creadas todas las cosas, la misma Palabra que resuena en la experiencia personal, nos revela de manera clara y pura el llamado de Dios a cada uno de nosotros. Dios se ha encarnado en nuestra vida, en nuestra realidad. ¿Cómo se manifiesta Dios en nuestra propia vida y en la de los demás? ¿Qué es lo que la manifestación de Dios busca de nosotros?

 

Oración a la Santísima Virgen

Soberana María,

que por vuestras grandes virtudes y

especialmente por vuestra humildad

merecisteis que todo un Dios

os escogiese por madre suya,

os suplico que vos misma preparéis y dispongáis mi alma

y la de todos los que en este tiempo hiciesen esta novena

para el nacimiento espiritual de vuestro adorado hijo.

¡Oh, dulcísima madre!

comunicadme algo del profundo recogimiento y

divina ternura con que lo aguardasteis vos,

para que nos hagáis menos indignos de

verle, amarle y adorarle por toda la eternidad.

¡Amén!

Se reza 9 veces Dios te Salve María... 

Gloria al Padre...

 

 

Oración a San José

¡Oh, Santísimo José, esposo de María y

padre putativo de Jesús!

infinitas gracias doy a Dios porque os escogió

para tan soberanos misterios y

os adornó con todos los dones

proporcionados a tan excelente grandeza.

Os ruego, por el amor que tuvisteis al Divino Niño,

me abracéis en fervorosos deseos

de verle y recibirle sacramentalmente,

mientras en su divina esencia

le veo y le gozo en el cielo.

¡Amén!

Padre Nuestro...

Dios te Salve María... 

Gloria al Padre... 

 

 

Gozos para todos los días

Aspiraciones para la llegada del Niño Dios.

 

Dulce Jesús mío,
mi niño adorado,
¡ven a nuestras almas!
¡ven no tardes tanto!

 

¡Oh, Sapiencia suma
del Dios soberano,
que al nivel de un niño
te hallas rebajado!
¡Oh, Divino infante,
ven para enseñarnos
la prudencia que hace
verdaderos sabios!

Dulce Jesús mío,
mi niño adorado,
¡ven a nuestras almas!
¡ven no tardes tanto!

 

¡Oh, Adonaí potente
que, a Moisés hablando,
de Israel al pueblo
diste los mandatos!
¡Ah, ven prontamente
para rescatarnos,
y que un niño débil
muestre fuerte brazo!

Dulce Jesús mío,
mi niño adorado,
¡ven a nuestras almas!
¡ven no tardes tanto!

 

¡Oh, raíz sagrada
de José que en lo alto,
presentas al orbe
tu fragante nardo!
¡Dulcísimo Niño
que has sido llamado
lirio de los valles,
bella flor del campo!

Dulce Jesús mío,
mi niño adorado,
¡ven a nuestras almas!
¡ven no tardes tanto!

 

¡Llave de David
que abre al desterrado,
las cerradas puertas
del regio palacio!
¡Sácanos, oh Niño,
con tu blanca mano,
de la cárcel triste,
que labró el pecado.

Dulce Jesús mío,
mi niño adorado,
¡ven a nuestras almas!
¡ven no tardes tanto!

 

¡Espejo sin mancha
Santo de los santos,
sin igual imagen
del Dios soberano!
¡Borra nuestras culpas,
salva al desterrado
y, en forma de Niño,
da al mísero amparo!

Dulce Jesús mío,
mi niño adorado,
¡ven a nuestras almas!
¡ven no tardes tanto!

 

¡Rey de las naciones,
Emmanuel preclaro,
de Israel anhelo
pastor del rebaño!
¡Niño que apacientas
con suave cayado
ya la oveja arisca,
ya el cordero manso!

Dulce Jesús mío,
mi niño adorado,
¡ven a nuestras almas!
¡ven no tardes tanto!

 

¡Ábranse los cielos
y llueva de lo alto
bienhechor rocío,
como riego santo!
¡Ven hermoso Niño,
Ven Dios humanado!
¡Luce Dios estrella,
brota, flor del campo!

Dulce Jesús mío,
mi niño adorado,
¡ven a nuestras almas!
¡ven no tardes tanto!

 

¡Ven, que ya María
previene sus brazos,
do su niño vean
en tiempo cercano!
¡Ven, que ya José,
con anhelo sacro,
se dispone a hacerse
de tu amor sagrario!

Dulce Jesús mío,
mi niño adorado,
¡ven a nuestras almas!
¡ven no tardes tanto!

 

¡Del débil auxilio,
del doliente amparo,
consuelo del triste,
luz del desterrado!
¡Vida de mi vida,
mi dueño adorado,
mi constante amigo,
mi divino hermano!

Dulce Jesús mío,
mi niño adorado,
¡ven a nuestras almas!
¡ven no tardes tanto!

 

¡Ven ante mis ojos
de Ti enamorados!
Bese ya tus plantas,
bese ya tus manos!
¡Prosternado en tierra
te tiendo mis brazos
y aún más que mis frases
te dice mi llanto!

Dulce Jesús mío,
mi niño adorado,
¡ven a nuestras almas!
¡ven no tardes tanto!

 

¡Ven, Salvador nuestro,
por quien suspiramos!

Dulce Jesús mío,
mi niño adorado,
¡ven a nuestras almas!
¡ven no tardes tanto!


Oración al Niño Jesús

Acuérdate, ¡oh, dulcísimo Niño Jesús!

que dijiste a la venerable Margarita del Santísimo Sacramento

y en persona suya, a todos tus devotos,

estas palabras tan consoladoras

para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente:

"Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado".

Llenos de confianza en Ti, ¡oh, Jesús!

que eres la misma verdad,

venimos a presentarte toda nuestra miseria.

Ayúdanos a llevar una vida santa

para conseguir una eternidad bienaventurada.

Concédenos, por los méritos infinitos

de tu Encarnación y de tu Infancia,

la gracia de la cual necesitamos tanto.

Nos entregamos a Ti, ¡oh Niño Omnipotente!

seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza y

de que en virtud de tu Divina Promesa,

acogerás y responderás favorablemente nuestra súplica.

¡Amén!

 

 

Acción concreta:

Transmitamos a las comunidades católicas de nuestro entorno un mensaje de esperanza, animémoslos a tener confianza en los instrumentos de la gracia que el Señor pone a nuestra disposición en cada situación. Practiquemos un estilo sencillo de oración familiar, dirijámonos espontáneamente al Niño Dios. Esta es la "levadura" que hace crecer a la humanidad, la luz que brilla en el mundo.

 

 

¡Villancicos, golosinas y alegría a doquier!

Nuestro Dios es un Dios personal que se da a conocer, que se revela a través de sus obras y de la misma vida de cada uno de nosotros. Dios se ha venido manifestando en la intimidad de cada ser humano como luz, como fuente de vida, como un llamado a estar junto a Él. – Presbítero Tadeo Albarracín, Bogotá, Colombia, 2014


 

 

Tomo un minuto para meditar todas estas cosas en mi corazón (Lucas, 2:19)

Comentarios

"Que sus conversaciones sean siempre agradables y oportunas, a fin de que sepan responder a cada uno como es debido". Colosenses 4:6

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